Mi viaje a Israel

Daniel Guzik


Cuando mi mamá me hablo de este viaje, fue algo que me emocionó mucho. Un viaje a Israel con la YMJA (Young Messianic Jewish Alliance), donde se iba a hacer trabajo ministerial, de servicio y también turismo. Sonaba realmente bien la idea de ir a Israel, el problema es que no era tan sencillo. Se necesitaba dinero que en ese momento no teníamos el lujo de gastar, pero dimos un paso de fe y decidimos empezar a abonar lo requerido. Cuando era momento de pagar el precio completo de éste, D-os, de manera milagrosa ya nos había provisto con el dinero necesario. Entonces me di cuenta que sí fue D-os el que nos proveyó el dinero, era su propósito que fuera yo a ese viaje. Volé el 29 de Mayo a Atlanta, donde los jóvenes que íbamos a ir a Israel nos quedamos unos días antes de partir a Tel Aviv y nos hospedamos en las instalaciones de la sinagoga Bet Halel. En esa semana estuvimos orando por el viaje. Oramos por dirección, para que D-os nos mostrara lo que El quisiera revelarnos en este viaje, y también oramos para que D-os obrara a través de nosotros en lo ministerial. También en esa semana recibimos pláticas sobre distintos temas relacionados al viaje y a nuestra vida espiritual, e incluso nos dieron una clase de Historia sobre Israel, desde su fundación hace mas de 3 mil años hasta el día de hoy.

Entonces el de 2 de Junio viajamos a Israel. Llegamos al Aeropuerto David Ben Gurion en Tel Aviv. El hecho de haber aterrizado en Israel provocó en todos nosotros una emoción muy grande. Algunos nos sentíamos confundidos y pensábamos, como hace unas horas estaba en América y ahora estamos en Tel Aviv rodeados de Israelíes con todos los letreros en hebreo. Nos instalamos las primeras tres noches en el Hotel Gilgal de Tel Aviv. Fuimos a diferentes congregaciones mesiánicas, a servirles con nuestra ayuda, donde pintamos, limpiamos y ordenamos todo lo necesario. Siempre al terminar el servicio, nos agradecían mucho y nos decían que éramos una gran bendición. Después de ayudar en las congregaciones, nos invitaban a cenar y convivir. Cada día en Israel era diferente y siempre muy agotador. Había días que servíamos en las congregaciones, otros que hacíamos trabajo ministerial y otros que aunque solo era turismo incluso ahí nos alimentábamos espiritualmente. El tiempo pasaba y cada día era mejor, el grupo se unía cada vez más y fuertes lazos de amistad se iban formando. Al final de cada día, nos reuníamos a compartir lo que D-os había estado haciendo en nosotros y como nos habíamos sentido en diversas experiencias.

Visitamos una gran variedad de lugares, desde sinagogas y museos hasta reservas naturales y lugares con importante significado histórico. Nuestro recorrido empezó en Tel Aviv, después tuvimos muchos destinos donde nos quedamos alrededor de tres días: Haifa, Galilea, el mar muerto, Enguedi, fueron algunas de las ciudades y lugares que visitamos. Nuestro último destino y el que habíamos todos estado esperando con ansias fue Jerusalén, donde estuvimos una semana. Aun recuerdo y no creo que lo olvide nunca, cuando íbamos entrando a la cuidad. Vimos el paisaje que tantas veces habíamos visto en postales, fotos, vídeos y películas y ahora estaba frente a nosotros. El estar en Jerusalén es diferente que cualquier otra parte del mundo, el hecho de ser testigo y presenciar la ciudad de D-os es algo que todos sabíamos que no íbamos a olvidar nunca. Nuestros antepasados, añoraban la tierra de Israel, soñaban con algún día emigrar a Tierra Santa, aun cuando no se había constituido oficialmente como un Estado Judío, el pueblo siempre se había identificado con la tierra. Y ahí estábamos nosotros siendo testigos de la profecía del profeta Isaías cumplida: "Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen dolores, dio a luz hijo. ¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos”. Isaías 66:7-8

Ir a Israel, fue una experiencia que cambio mi visión en muchos aspectos, entre ellos, hacia el movimiento judío mesiánico, mi identidad como judío y mi relación con D-os. Ver judíos creyentes, congregaciones que adoran al Mesías de Israel y ver como D-os está obrando en su pueblo fue ser testigo de cómo la profecía se empieza a cumplir: "Y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad" Romanos 11:26.

Estando nosotros en Israel nos enteramos de que habían estado lanzando cohetes cerca de la frontera con Gaza. Después pasamos cerca de Ashkelon, una de las zonas más atacadas en Israel, fue entonces que nos dimos cuenta que para sobrevivir en Israel se necesita de D-os, no solo saber que existe, pero confiar en que El cuida de su pueblo, de otra manera Israel nunca hubiese sido restaurada. Israel está en lucha constante con los pueblos de alrededor que lo quieren destruir, y es una batalla que sin la ayuda de D-os, está totalmente perdida.

El tiempo es muy relativo cuando se trata de una experiencia intensa de tres semanas en Israel, ya que ese tiempo puede significar una rutina de la vida diaria, donde todo permanece igual, o bien, experiencias diarias que cambian la vida del que las vive.

En este viaje, entendí que D-os tiene un plan Divino para su pueblo, y que este ya está en proceso. También comprendí como al remanente de Israel nos ha llamado a servir entre su pueblo, ya que somos muchos los llamados, pero pocos los elegidos. Es nuestra la decisión si responder a su llamado y obedecer, o seguir nuestro propio camino y hacer nuestra voluntad. Cuando D-os se convierte en el primer lugar de nuestra vida y deseamos obedecerle, su voluntad se convierte en la nuestra. Por lo tanto debemos de escuchar su voz y ser pacientes, ya que El tiene un plan, y nosotros como sus siervos un llamado. Oremos por Israel y por la paz de Jerusalén, la ciudad del Gran Rey.

Daniel Guzik tiene 18 años. Es estudiante de Preparatoria y miembro de la AJMM.