MUJERES JUDIAS
¡SEÑOR, LIMPIA MI CORAZÓN!

Rebbetzin Celia C. de Hernández


Año con año una querida hermana de la sinagoga nos regala un calendario que al reverso de cada día trae mensajes de sabios filósofos, profetas, literatos, ateos, artistas, incluso algún pensamiento de las Escrituras. Estando en mi cocina y viendo que el miércoles 16 de enero (2013) ya había pasado, corté la hoja pues hoy ya es jueves 17, y debo decir que me estremeció la frase que traía. Se trata de un pensamiento de Pitágoras de Samos:

“Purifica tu corazón antes de permitir que el amor se asiente en él, ya que la miel mas dulce se agria en un vaso sucio”.

Muy cierto, el amor no puede conservarse en vasos con residuos de odio, de rencores, de amarguras, de maldad, primero hay que limpiarlo ante D-os y por Dios. Por eso es que nuestro amado Señor y Salvador nos dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mat 5:8). Un corazón emponzoñado por el pecado no puede ver a D-os en las formas que se ha revelado (en la Escritura y en la Creación), antes requiere de arrepentirse y reconciliarse con el Señor para disfrutar de su presencia ahora y, al final de su peregrinaje terrenal.
La limpieza de nuestro corazón nos permite mejorar la visión espiritual, cambia nuestra situación al punto de poder entender la Biblia. Yeshua les dijo a sus discípulos una vez que son purificados por Él: “Vosotros ya estáis limpios por la palabra que les he hablado” (Juan 15:3).

 

¿QUÉ SIGNIFICA LA LIMPIEZA DE CORAZÓN?

Sin duda que el salmista nos ha dejado una visión clara para que podamos entender esto: “ Quién subirá al monte del Señor? ¿Quién permanecerá en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón, que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni ha jurado con engaño” (Sal 24:3-4). Del texto se desprende que el salmista había entendido los deseos divinos, lo que sin duda le movió a buscar la gracia del Señor para poder entrar limpio en Su presencia.
Esta decisión (de mantener limpio nuestro corazón) no es tan solo el deseo de algunas mujeres como nosotras, es el llamado de D-os para todo creyente.

EL PECADO NOS OBLIGA A SER LIMPIADOS

La Escritura nos advierte que “por cuanto todos pecamos, todos estamos destituidos de la gloria divina” (Rom 3:23). Así que todos requerimos de limpiar nuestro corazón de pecado. En la condición indigna de pecadores que somos no podemos entrar en la presencia de nuestro D-os, requerimos ser limpiados y justo para eso vino el Mesías. En la antigüedad los sacerdotes sacrificaban en el Templo de Jerusalén corderos sin mancha para perdón de los pecados de la persona y del pueblo. Las condiciones han cambiado, el principio no.
La persona que realmente es temerosa de D-os cuando siente el fardo de sus faltas, no puede seguir adelante. Trata de eliminar esa carga que oprime su corazón. El rey David una vez que acepta este fardo (su adulterio con Betsabé y muerte de Urías) busca limpiar su corazón y acepta en la presencia de D-os:

“Mientras callé se envejecieron mis huesos, mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Lávame y seré blanco que la nieve” (Sal 51:10?)

Sintiendo en su espíritu el perdón y limpieza desde el trono Divino, clama al Señor por una renovación total: “ Crea en mi, oh Dios un corazón limpio!”. Como vemos mis amadas hermanas, D-os siempre escucha la oración del pecador realmente arrepentido (no del que tiene simple remordimiento) y movido por su amor y misericordia nos limpia de nuestras maldades.
Nos es necesario entender que no podemos limpiarnos a nosotras mismas. Es la obra del Ruach ha Kodesh (E.S.) que nos hace entender nuestros pecados , la justicia de D-os que hemos ofendido y el juicio al que estábamos sujetas de no arrepentirnos. Pero como dice el rabino Shaul y cómo creerán si no hay quien les predique? (Rom 10:14) Cómo entenderá la persona arrepentida delante de D-os todas estas cosas si no hay quien se las explique bíblicamente?..
Otra cosa que tenemos que entender es que cuando nos acercamos a D-os lo hagamos sinceramente. Nada de doblez, engaño o hipocresía. Un corazón contrito y humillado en la presencia Divina es el sacrificio más hermoso.
Muchos piensan que obtendrán la salvación con sus buenas obras. De ser esto cierto los pobres no tendrían la posibilidad de salvarse. La Biblia sin embargo nos enseña “que no es por obras para que nadie se gloríe” (Efe 2:8-9), y mientras el creyente no entienda que la salvación de la humanidad fue pagada por el Mesías en la cruz a precio de su misma sangre inocente, seguirá tropezando en la fe y su corazón continuara sucio a causa del pecado. Las buenas obras entonces deben ser el resultado de un corazón que ha respondido al amor de D-os, que ha abierto su corazón para que el Mesías Yeshua venga a reinar en él.

EL MESIAS NOS LIMPIA DE MANERA TOTAL

Pero sobre todo debemos entender es que el día que entregamos nuestra vida al Mesías Yeshua nuestro corazón es limpiado totalmente de todo pecado, sin embargo, continuamos haciendo cosas que desagradan a D-os y que en lo personal nos incomodan. Esta situación debe ser corregida por la obra del Espíritu del Señor en nosotros, lo cual hace por medio de la Palabra (Biblia) que nos va ordenando nuestra mente hacia las cosas correctas y en la dirección correcta, limpiando nuestro corazón continuamente (proceso que en teología se llama santificación).
El otro día escuchaba en la radio decir a una socióloga que la maldad estaba ligada a las personas ignorantes y sin educación, opinión a la que no estoy de acuerdo pues la educación por si sola no cambia a nadie en una persona buena y de bien. Todos conocemos a muchos intelectuales que aunque son muy inteligentes, moralmente son perversos y sus pensamientos torcidos. El problema entonces no es la educación, es el corazón del hombre. En este sitio se anida el ateísmo, la rebelión, los deseos impuros y malos pensamientos, en síntesis la maldad!

NUESTRO CORAZÓN ES ENGAÑOSO

Dice la Escritura que “engañoso es el corazón del hombre, más que todas las cosas, y perverso”(Jer 17:9). El mundo nos ha enseñado a ser indulgentes con nosotros mismos, todo lo minimizamos y solo pretendemos ver el mal en los otros. Esto no es así. Somos parte de la humanidad caída y nuestro corazón nos puede hacer pasar malas jugadas haciéndonos creer lo que realmente no somos en la presencia de D-os. Por eso es que requerimos ser limpiados. Primero de una manera total, y luego, por el resto de nuestra vida, de manera continua para no empañar nuestra relación con el Señor.
Yeshua dijo que nada de lo que entra puede manchar a la persona, sino lo que sale del corazón es lo que mancha (Mar 7:15). Por tanto, pureza o impureza se originan en el corazón y no se determinan por reglas rituales muchas veces no entendidas o sacadas del contexto bíblico (me refiero a las reglas kosher).
En realidad D-os nos quiere limpios del corazón y puros de la mente. A D-os en nada le honra que alguien observe las reglas kosher y sea malvado con su prójimo o indiferente ante su dolor o necesidad. El Señor espera de sus hijos vidas santas, de testimonio, no religiosos impíos. En su sencilla visión de la vida mi abuelo paterno decía “de buenos sentimientos”.
Cuando mi abuelo hablaba de sentimientos no se refería al lloriqueo ni a la emotividad cursi o pasajera. El se refería a personas nobles que sabían vivir y expresar el amor y la bondad al prójimo.

NECESITAMOS OTROS PROFETAS COMO NATÁN

Tengo casi cuatro décadas de creyentes. Durante estos años he visto a muchas personas que nunca limpian su corazón, se contentan con asistir a la sinagoga o a la iglesia (dependiendo si es judía o cristiana) calentando una banca o un asiento, pero ajenas a todo cambio. Necesitamos que muchos profetas como Natán se levanten de parte de D-os y les digan tú eres esa persona David . Que se den cuenta que han permanecido sucios en la presencia del Señor a causa de sus pecados, para que arrepentidos y limpiados puedan decir como el rey “ Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mí Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos y los pecadores se convertirán a ti!” (Sal 51:10,13).


El profeta Natán amonesta al rey David

Para poder ver el mal en otros, tenemos antes que ser limpiados. No para juzgar al prójimo, sino para honrar a D-os y ayudarles a encontrar el camino de la vida. Queremos ser vasos limpios en los que el amor de D-os fluya sin agriarse a causa de la impureza de las malas acciones? Arrepintámonos de nuestros pecados, pidamos a Yeshua que nos perdone y limpie de todo lo malo que hemos hechos, te lo aseguro que una vez limpiados por Él, podremos recibir y compartir el amor de D-os, que entre otras bendiciones traerá paz, para nosotros y para los que nos rodean,
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La rebbetzin Celia C. de Hernández, es consejera espiritual de la AJMM
E-mail: celiah51@hotmail.com