MEDITANDO EN LA SINAGOGA
EL ISLAM Y SU LUCHA CONTRA OCCIDENTE

Rabino Manuel Hernández G.


No cabe duda que el hombre sin D-os o el rebelde a su Palabra repite una y otra vez sus yerros y necedades. Pueden pasar siglos y sus pecaminosos empeños vuelven de manera cíclica, de ahí que advierta la Escritura: “como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad” (Prov 26:11).

     Cuando los árabes son expulsados de Granada en enero de 1492, Europa se creyó libre para siempre de esa opresión que le asfixiaba. Consideró que esa religión violenta, fanática y opresora se había ido para siempre. No ha sido así.

 

Hamás dispara sus cohetes desde áreas pobladas y luego se esconde entre niños y mujeres

     Concluida la Segunda Guerra Mundial varios países europeos abrieron las puertas de par en par a los seguidores de Mahoma y los resultados están a la vista. Según datos elaborados por una organización islámica (Musulmanes de Occidente), en Alemania existen 2,600 mezquitas, en Holanda más de 600, en Francia 2,100, en Inglaterra cerca de 1,500, en España 1,177 y en Italia 764, que sumadas conceden un total de más de 10 mil en Europa; entre tanto la población islámica crece proporcionalmente con mayor rapidez que la propia en cada país (además de las oleadas de nuevos inmigrantes islámicos).

    El alejamiento de la fe judeocristiana en los países europeos es y ha sido causa y efecto de este fenómeno. Todo vacío se ocupa y el islam ha estado penetrando en las sociedades europeas que han renegado de D-os, más allá incluso de lo que los países anfitriones lo consideran. Promotores ciegos de los derechos humanos, han confundido el racismo y desatendido la protección de sus países (al permitir la entrada casi sin control de grupos que además de estar causando diversos problemas, han quedado expuestos a otros de mayor gravedad no contemplados).

     Más de algún lector dirá que qué tiene que ver en esto la religión, y la respuesta es tajante ¡más de lo que la mayoría se imagina! Conocido periódico español publicaba hace poco más de un año una nota que además de mostrar sarcasmo y cinismo, refleja la miserable condición espiritual de la mayoría de los germanos: “Alemania vende sus iglesias al mejor postor” (El País, 29/mar/2013).

     El problema se ve con mayor claridad cuando nos enteramos que el vocero de la iglesia evangélica alemana, el señor Reinhardt Maiwck declaró que entre los años 1990 y 2010 clausuraron 340 templos, mientras que entre 120 mil y 150 mil personas abandonan la iglesia anualmente; en tanto que del lado católico se considera que en los siguientes años serán cerradas al culto unos 700 templos, al tiempo que 126,488 personas han dejado ya de congregarse ¿si esto no es apostasía como le podemos nombrar?

      Yeshua profetizó acerca de un cuadro generalizado de apostasía: “Cuándo venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe sobre la tierra? (Luc 18:8). A partir del siglo XIX muchos europeos dominados por la soberbia intelectual, abandonaron la fe y promovieron su descreimiento a manera de moda, encontrando en universidades y seminarios controlados por teólogos liberales cátedra y púlpito para su siembra de muerte espiritual. Según ellos creer en Dios era cosa de ignorancia y fanatismo, cuando es justo al contrario (los teólogos europeos de la escuela liberal no creen en D-os).

     Al carecer de fe, de una cosmovisión eterna sustentada en las Sagradas Escrituras, paulatinamente fueron doblegando en las distintas sociedades europeas las mentes débiles y los corazones dominados por el pecado y la incredulidad. El británico C. S. Lewis les critica con dureza en una de sus novelas a través de sus personajes que se lamenta justo por haberse desviado en vida del camino de la fe: “Hay prejuicios obstinados y fraudes intelectuales… Seamos francos. Nosotros no formamos nuestras opiniones honestamente; sencillamente nos hallábamos en contacto con cierta corriente de opinión y nos sumergimos en ella porque parecía algo moderno y auguraba grandes éxitos” (El Gran Divorcio, pág. 55).

     Ya hemos dicho en anteriores reflexiones, al sentirse el hombre señor y amo del mundo, capaz de superarse por sí mismo y crear mejores sociedades sin la ayuda de D-os, las dos grandes guerras le abofetearon para despertarlo a la realidad, mostrándole ante el espejo su lamentable condición moral y espiritual, su manifiesto fracaso.

     Ante un  mañana incierto y marcada por la ausencia de D-os (posteísmo, califica el sociólogo Gilles Lipovetsky a la era presente), la población europea comenzó a declinar después de la guerra, sin embargo, incapaces de reconocer su grave yerro, de haber dado la espalda a Dios (no todos por supuesto, D-os siempre ha tenido un remanente fiel entre judíos y cristianos); en lugar de arrepentirse, abrieron las puertas al islam y a otras religiones paganas  (como lo Israel hizo durante la época bíblica, lo cual le costó el cautiverio en Asiria al reino del norte, y el cautiverio Babilónico al reino del sur).

    Su apostasía y rebelión espiritual han traído aparejadas consecuencias terribles de las que apenas asoma la cabeza del iceberg. Un mar de sangre y fuego les espera si no se arrepienten, si no reconocen su soberbia intelectual.

     En tanto pues que el continente se ha llenado de población musulmana, la mayoría de los europeos siguen considerando que el Islam se deriva del judeocristianismo. Nadie les ha dicho o no han querido saber que judaísmo y cristianismo (que teológicamente son la misma religión, aunque entendida y vivida desde culturas diversas) son una religión revelada,mientras que el Islam es una religión inventada por Mahoma. Yahwéh, el D-os de judíos y cristianos, no tiene nada que ver con Alá.

     El D-os que se revela en la Biblia es Padre de amor y de bondad, creador de todo cuanto existe, él muestra en esas páginas un plan de rescate para el hombre caído en Gan-Edén (Paraíso) por medio del Mesías Yeshua. Patriarcas y profetas son parte de ese bendito plan eterno, siendo instrumentos de la gracia para ir mostrando el cómo, cuándo y por medio de quién, el Señor indica su camino de restauración para unirnos con él desde ahora y para siempre, pues la fe judía es una fe de esperanza cierta y eterna.

     En cambio Mahoma es un hombre que se levanta a sí mismo a principios del siglo VII d.C. y no tiene relación alguna con el judeocristianismo. Su libro el Corán es ajeno y contrario a la Biblia, decenas de citas son una incitación abierta contra judíos y cristianos, incluso para que se nos mate (y pensar que millones de europeos ni siquiera están enterados). Ni qué decir de su testimonio personal, la última esposa de Mahoma (Aischa) era apenas una niña de nueve años (Diccionario de Religiones, Fondo de Cultura Económico, México, pág. 294).

     D-os no puede decir en la Biblia que nos ama y en el Corán que nos odia y considera infieles y malvados. Se trata pues de credos y deidades distintas. Judíos y cristianos no tenemos nada en común con el islam ¡Nada!

 Los medios al servicio de Hamás

       Occidente no ha querido enterarse que la guerra del Islam es contra todo el mundo no islámico. Dominado por la herencia de Caín, ha permitido que el antisemitismo se desarrolle de nueva cuenta en Europa con mayor fuerza que en los años veinte y treinta del siglo pasado, contagiando de paso al continente americano (que se había mantenido un tanto al margen de semejante pecado). Las distintas denominaciones protestantes y la católica habían ayudado en la mayoría de los casos y pueblos a mantener alejado el fenómeno satánico del antisemitismo en el nuevo continente.

     Agredir de palabra u obra al pueblo judío exhibe –en el caso de algunos cristianos- el desconocimiento de la fe que aseguran profesar. Las palabras que Yeshua dijo a la samaritana en el pozo de Jacob en primer término establecen que el judaísmo es el maestro del cristianismo y en segundo, que judaísmo y cristianismo son desde el punto de vista divino una sola y misma cosa: “…ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos porque la salvación viene de los judíos” (Yohanán-Juan 4:22).

     Ningún cristiano: católico, protestante, ortodoxo griego o ruso, etcétera, que lea la Biblia puede ser antisemita. La misma Escritura lo condenaría al instante. De manera pues que siendo desde el punto de vista divino un solo pueblo, judíos y cristianos somos el objetivo de la yihad islámica. El problema es que la mayoría de los gobernantes al ser ateos, manejan este asunto como si se tratara de un tema de política internacional y sus protocolos, cuando en realidad se trata de un problema espiritual. Dicho con total claridad, de un problema satánico.

     Hace dos milenios el maligno, rebelde como es él, creyó que había vencido a D-os al mover a los poderosos de la Tierra para crucificar al Mesías en el Monte Calvario, ignorando que en su muerte aquél judío justo e inocente estaba reconciliando a la humanidad caída con D-os, cumpliéndose así la profecía:

 

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas,

cada cual se apartó por su camino;

mas Yahwéh cargó en él el pecado de todos nosotros.

Angustiado él y, y afligido, no abrió su boca;

como cordero fue llevado al matadero…

Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado,

verá linaje, vivirá eternamente,

y la voluntad de Yahwéh será en su mano prosperada…”

                                 Yeshaya-Isaías 53:6-7,10

 

     La cuestión es que de acuerdo con los vaticinios de los neviím (profetas) el retorno del Mesías cada vez está más cercano. La propia humanidad percibe en el fondo de su corazón que no estamos viviendo tiempos normales, que de continuar las cosas como van un cataclismo sería inevitable. Lo que ignora la mayor parte de los habitantes del planeta es que la Biblia describe otro panorama. Desconocen que Yeshua vuelve, pero ya no en la humildad y paz como lo hizo hace dos milenios. Ya nos redimió. Ahora viene con poder y gloria para hacer suyo el legítimo derecho al trono de David (Mesías Rey), destruyendo de paso a todos los enemigos de D-os y de Israel. Eso lo anuncia y advierte la Biblia desde hace miles de años.

 

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Cristianos son crucificados cerca de Alepo, Siria por los yihadistas del Estado Islámico

 

     Justo para eso fue escogido Israel, para ser depositario de la revelación divina (Biblia) lo cual sucedió en un período de más de 1,400 años, para ser además el pueblo en el que naciera el Mesías que nos reconciliara con D-os. El quid en este trascendente asunto, es que si muchos judíos no saben por qué son el “pueblo escogido” (y lo toman por otro lado), menos lo saben aún miles de millones de gentiles deformando la idea divina para crear una cabeza más de la hidra antisemita.

      El mundo se encuentra al filo de la navaja y ni siquiera se quiere enterar. Por un lado el fanatismo islámico le ha declarado la guerra a occidente, asesinando y crucificando cristianos a manera de exterminio en los países musulmanes. Mientras que por su propia incredulidad le mantiene expuesto delante de D-os. La solución no es tan complicada como parece: bastaría con arrepentirse de la rebelión y el pecado delante de D-os, y por otro, trabajar con urgencia para frenar el fanatismo islámico, de lo contrario el sufrimiento presente y futuro será extremadamente doloroso para muchos. Roguemos al D-os de Abraham, Isaac y Jacob, que nos proteja y conceda de su sabiduría a los gobiernos occidentales para que tomen las medidas adecuadas antes de que sea demasiado tarde. ¡Shalom!

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El rabino Manuel Hernández G., es consejero espiritual de la AJMM. Es abogado por la Univ. De Guadalajara y cuenta además con Licenciatura y Maestría en Teología por la Univ. FLET de Miami (Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos).

 

e-mail: mahergo50@hotmail.com