MEDITANDO EN LA SINAGOGA
Janucá y Navidad

Rabino Manuel Hernández G.


No son pocos los judíos que ven en la Navidad una celebración extraña, ajena a su fe, propia de sus vecinos, de aquellos que han llegado a perseguirles con crueldad. Algo semejante sucede en el lado cristiano, de hecho la inmensa mayoría desconoce realmente qué es Janucá y qué se celebra.

    La cuestión de fondo es que espiritualmente ambas fiestas ?cargadas de simbolismos? poseen enseñanzas un tanto semejantes. La primera el restablecimiento y purificación del Templo en la época de los macabeos (165. a.C.), una fiesta en la que la luz para un solo día fue capaz de mantener encendida la menorá durante ocho (el aceite encontrado en la vasija como sabemos, era apenas para uno solo), pero D-os hizo el milagro.

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La segunda: el nacimiento del Templo de D-os (hablando en símbolos), es decir, el Mesías, cuya luz vino a Israel para exhibir y condenar las tinieblas del pecado, que dicho sea de paso, habían profanado todo, incluso la fe misma y a cada hombre en lo individual, llevando esa luz por medio del mensaje divino a todos los rincones de la Tierra, los 365 días del año. En otras palabras: ambas fiestas comparten simbolismos y ambas nos pueden llevar al Autor de la vida.

Pensar que D-os desea que el judío celebre Janucá solamente por el recuerdo histórico y sin entender ni profundizar en el mensaje espiritual sería absurdo, por no decir tonto. Impropio y ofensivo para D-os, cuya grandeza a través de la creación se nos permite conocer y reconocer ¿Es sensato pensar que el Señor solo quiere de que recordemos fechas?¿O que meditemos en lo que Él ha hecho o nos quiso decir en esas fechas?

Igual de impropio y ofensivo para D-os resulta que el cristiano solo celebre la Navidad como una fecha (en la que ni siquiera nació Jesús, quien debió nacer a finales de septiembre o principios de noviembre), limitándose a regalos y fiestas sin fin. Visión tan indigente resulta apenas la promovida por comerciantes y mercadotecnia, pero que es ajena absolutamente a la esperada por D-os y revelada en las Escrituras.

    En Janucá recordamos que Yehuda ha macabiarmado de valor y apoyado por sus hermanos, recupera el templo de Jerusalén de manos de sus enemigos, purificando aquel sitio santo profanado por los seléucidas, cuya maldad y odio por nuestro pueblo les llevó al grado de sacrificar una cerda en el altar. Movidos por el amor de D-os y el celo de su casa, los macabeos encienden de nuevo la menorá y la luz permanece por ocho días cumpliéndose así el milagro.

     Esta maravillosa historia de nuestro pueblo no está en el Tanaj ¿por qué razón? Porque sucedió en el siglo II a.C. y el canon del Tanaj se cerró con el profeta Malaji-Malaquías en el siglo IV. Sin embargo y para sorpresa de muchos judíos en las corrientes tradicionales, en el BritChadashá o Nuevo Testamento la fiesta es celebrada por Yeshua, sus seguidores, y todo el pueblo (Juan 10:22).

     De manera pues que ni Janucá es lo que muchos piensan, como tampoco lo es Navidad. En ambos casos desinformación, tradición, y poco interés por las cosas divinas, son a final de cuentas causa yresultado.

En un intento por acercarnos al verdadero significado de ambas fiestas, que dicho sea de paso nos hablan del Templo, de la luz, de milagros, hemos de reconocer que el Templo de Jerusalén además de ser por mucho tiempo el centro de la fe judía, representaba además otras muchas cosas. A ese templo acudían judíos de todas las condiciones sociales y de todos los rincones de Israel y la diáspora para buscar a D-os y reconciliarse con él.

       Ante esto, surge obligada la pregunta: ¿Al destruir el Templo los romanos el judío ya no podía buscar a D-os, su búsqueda es infructuosa? Eso por un lado, por otro, al ser suplantado el judaísmo sacerdotal por el judaísmo rabínico a partir del siglo primero, ¿qué lugar quedó para el Templo o qué figura vino a sustituirle?

     La teología nos enseña que los principios divinos establecidos en la Torá no han cambiado, en todo caso las circunstancias. La Biblia nos habla de que el verdadero templo de D-os, el que disfrutará eternamente del reino, no está formado de piedras o rocas, sino con cada uno de los creyentes, y en ese Templo, como en el antiguo Templo de Yerushalayim es donde mora el Ruach ha Kodesh (E.S.) en la vida de cada creyente judío o cristiano que ama a D-os y ha rendido su vida al Mesías Yeshua.

RabShaul ("San Pablo" para la cristiandad) lo aclara perfectamente: "El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas" (Hechos 17:24). Bien; aclarado el punto que D-os no habita realidad en templos de piedras, sino entre los que responden con fe a su llamado de amor al mensaje de salvación, el tema de la luz entra en escena (como sucedió físicamente en el Templo de Yerushalayim cuando la re-dedicación por los macabeos).

     El Tanaj nos enseña en decenas de textos que D-os es luz y en medio de la luz se manifiesta a su pueblo:

·         "Yahwéh es mi luz y mi salvación; ¿de qué temeré?" (Sal 27:1)

·         "Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán" (Sal 43:3)

·         "Sea la luz de Yahwéh nuestro Dios sobre nosotros" (Sal 90:17)

·         "Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Yahwéh" (Isa 2:5)

·         "El sol nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Yahwéh te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria" (Isa 60:19).

 

     En Janucá el milagro del aceite que dura ocho días encendido en la menorá, es semejante a la vida del creyente que una vez que su vida es iluminada con la luz del Mesías (como piedra que es parte del verdadero Templo), ya no se apaga, y es vista en la sociedad para acercar a otros a D-os, que si unimos esa luz con la de los otros creyentes, entre todos exhiben las tinieblas del mundo rendido al pecado y permiten que otros deseen y se acerquen al D-os de Israel.

     Por eso Yeshua declaró: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Yohanan-Juan 8:12)

RabShauladvirtió que las cosas espirituales se deben discernir en ese mismo campo, pues no podemos entender las cosas divinas en un mundo caído y contaminado por tanto descreimiento y maldad:"El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1ª Cor 2:14).

     Por eso resulta imposible que un ateo o un creyente nominal entiendanciertos pasajes. Cuando le preguntaron a Yeshuaporque se había indignado y echado del Templo a todos los que lo profanaban haciendo negocios dentro (cosa que para los líderes religiosos de la época era ‘normal’, de hecho muchos de ellos participaban en el negocio de las cosas santas), como se aprecia, su respuesta debió fundir todas sus neuronas sin que lograran acercarse siquiera a la verdad divina, cosa que continúa sucediendo entre los incrédulos:

 

?"Y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Yeshua y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos (los líderes): En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?" (Yoahanán-Juan 2:18-20)

 

     La visión espiritual de los líderes era tan precaria, por no decir indigente, que durante el injusto proceso para darle muerte, utilizan esas palabras para acusarle: "Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo" (Matatiyahu 26:60b-61).Es obvio que nunca entendieron las palabras de Yeshua, quien se estaba refiriendo a sí mismo como Templo de Dios, dándoles la señal que le pedían para demostrar su autoridad como Mesías al resucitar a los tres días como se los advirtió.

     Nunca lograron entender que muchas de las cosas ordenadas en la Torá solo eran un ejemplo de las espirituales y eternas. Porque el Dios de Israel desde siempre ha ofrecido a su pueblo e hijos (incluye la cristiandad) una salvación eterna y no pasajera como muchos la conceptúan.

El Mesías YESHUA es la piedra angular del verdadero Templo del D-os de Israel (Hechos 4:11-12) y sobre esa piedra se forma el templo eterno en el cual el D-os de Abraham, Isaac y Jacob es y será adorado por toda la eternidad, pues se ha ido integrando con las piedras de los justos de todas las épocas, desde patriarcas y profetas, hasta los apóstoles; así como judíos y cristianos que habiendo entendido las verdades divinas en las Escrituras le han rendido su vida a D-os y han pasado a convertirse en piedras vivas de ese Templo (1ª Pedro 2:5).

     Así que siendo judíos y cristianos piedras vivas con las que se forma el verdadero Templo donde habita y habitará D-os eternamente, la luz de Janucá y las luces de Navidad dejan de tener el sentido que el mundo les concede, concluyendo con un texto del Apocalipsis que nos habla del reino y templo eternos del cual seremos parte: ?"No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos" (22:5). SHALOM.

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NOTA:si algún lector tuviera alguna inquietud espiritual o pregunta acerca de esteu otros artículos, por favor escríbame.

El rabino Manuel Hernández Gómez: es  Abogado, con Licenciatura y Maestría en Teología (Universidad FLET, Miami). Es titular de la Sinagoga Yeshua Ben David de Guadalajara, México.

Email: 
mahergo50@hotmail.com

mahergo1950@gmail.com