MUJERES JUDÍAS: LA VERDADERA CARRERA

Rebbetzin Celia C. de Hernández


La mera palabra carrera sugiere competencia. Bíblicamente los seguidores de Yeshua se comparan a los participantes de una carrera, tan larga como larga sea nuestra vida, esperando recibir un premio, siendo el premio la vida eterna en su reino y la gloriosa revelación del conocimiento de nuestro amado Mesías YESHUA.

     Pero la carrera se ha corrompido y desviado en la era actual, la hemos sustituido por una carrera de un premio meramente carnal. La competencia es feroz y sin miramientos hacia el otro; muchos de los que se dicen creyentes están haciendo competencia los unos con los otros y el premio que buscan no es el que nos ofrece D-os en la Biblia, es el éxito mundano, la prosperidad, el aplauso y su propia gloria.

SE DESVIARON LOS CORREDORES

     El Mesías para ellos es el que auspició originalmente la carrera, puesto que todos los participantes declaran estar corriendo en su Nombre. En tiempos pasados el premio no era para los ligeros o los avaros o los ambiciosos. Era para los humildes y los débiles, y por muchos siglos la carrera los hizo pasar por la persecución, la pobreza, la perdida de bienes e incluso el martirio. Eran pobres de espíritu, pero sus corazones se mantenían encendidos con la llama del amor de D-os, cosa que ya no sucede, ahora hay algunos que son tan pobres, pero tan pobres, que solo tienen dinero y hambre de poder. Su deseo de triunfar es otro, no el que leemos en la Biblia.

     Algunos competidores se vestían de piel de cabra y fueron torturados, heridos, incluso detenidos en medio de la carrera, quemados en la hoguera y en los campos de concentración por los nazis, obligados a trabajar hasta la muerte.

 

EL PREMIO PROMETIDO VALÍA TODO SU ESFUERZO

                                                

     ¿Porqué pasaron por esta aflicción y tanto sufrimiento? ¿Porqué no dejaron de correr en la carrera? Sencillamente, porque el premio valía todos sus esfuerzos y sacrificios padecidos. Ellos no deseaban otra cosa que proseguir hacia la meta, hacia el llamamiento supremo, pues consideraban las cosas de este mundo como unconocido escritor italiano llamaba al dinero: “estiércol”.

     No amaban sus propias vidas, de hecho la perdieron por causa de su Nombre. Eran extranjeros en este mundo, corriendo la carrera con todas sus fuerzas y en dirección hacia aquella ciudad cuyo arquitecto es D-os.

 

LA META DEL CREYENTE ES OTRA

 

     El creyente que ha dejado de ambicionar las cosas carnales y deja el premio mundano de la ambición, del aplauso, del dinero y la materia, buscará un solo premio, una sola meta: ¡la gloria de D-os y de su amado Mesías Yeshua!

     Pero en estos tiempos estamos viviendo los más peligrosos de la historia, tan peligrosos y difíciles que si no nos tomamos de la mano del Señor y dependemos totalmente de su gracia divina, con fe, con esperanza y confiados en su amor, jamás llegaremos a la meta, ni alcanzaremos la corona que el juez justo nos tiene prometida para el día final:

 

?” Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en el Mesías Yeshua” (Fil 3:13-14).

 

En una ocasión escuché a un predicador que decía, que no sabía lo que era la verdadera felicidad hasta que dejó de luchar por las cosas mundanas y dejó que el Mesías creciera en su corazón y él menguara, como sucedió con Juan el Bautista. Así también nosotras, si dejamos de luchar por alcanzar las ambiciones mundanas con las que el mundo nos ha contagiado y disponemos nuestro corazón a decir: “¡Padre nuestro, Mesías nuestro, hágase tu voluntad y descansamos confiados en sus brazos paternales!, descubriremos el verdadero sentir y propósito de nuestra existencia, como descubriremos también el verdadero gozo y la verdadera paz que trae el correr la carrera de la fe en la línea correcta.

NO SALIRNOS DE NUESTRO CARRIL

 

     El otro día escuchaba en la televisión a un predicador que decía que muchos creyentes se desvían de la fe o se vuelven estériles o poco productivos, porque se cambian de carril, lo cual significa que si D-os te ha dado ciertos dones y talentos en los que eres bueno, pues debes ponerlos a su servicio y ser lo más productivo posible. Que si eres bueno para escribir, escribe, que si eres bueno para ayudar, ayuda, si eres bueno para enseñar, enseña, pero no abandones tu carril para correr por otro en el que lo más posible es que no llegues a tiempo a la meta ni tampoco produzcas el fruto que se espera de ti.

     Tengo más de cuatro décadas de haber entregado mi vida al Señor, y saben qué queridas hermanas, he visto a tantos creyentes querer hacer cosas para las que no han sido llamados, y para las que lo han sido no cumplen con ellas, lo cual significa salirse del carril de su carrera para meterse en otro, que aunque conduce a la misma meta, ya hay quien corra por ese. D-os nos quiere en el carril que ya nos ha asignado, por eso es que debemos hacer su voluntad.

 

DEJARON DE CORRER Y NO LO NOTARON

 

     Con tristeza he visto también a tantos otros que se inscriben en la carrera de la fe con mucho entusiasmo, pero con el paso del tiempo y malinterpretando la gracia, dejan de correr y caminan a paso de tortuga creyendo en su mente carente de autocrítica que siguen corriendo. En su ingenuidad piensan que por estar anotados siguen corriendo.

 

    La Biblia les advierte: “Corríais bien;¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?”(Gal 5:7). Amadas, no podemos correr si no obedecemos la Palabra, sin obediencia, la carrera de la fe sin duda que debe convertirse además de imposible en un fardo pesado.

     No permitamos que los obstáculos de las riquezas, del poder, los placeres, del ego, de los honores o la aceptación del mundo nos hagan tropezar. La carrera de la fe es por el camino recto y angosto que lleva a la vida eterna, según nos reveló nuestro amado Mesías YESHUA, así que tomadas de su bendita mano, corramos seguras y sin desmayar hacia la meta como ya leíamos unos párrafos antes,“al premio del supremo llamamiento de Dios en el Mesías Yeshua”. El mundo tiene muchas carreras, pero solo la de la fe tiene un final eterno, seguro y feliz. Shalom.


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La rebbetzinCelia C. de Hernández es consejera espiritual de la AJMM.

Email: celiacornejoh@gmail.com