LAS ENSEÑANZAS DE PURIM (No observadas a causa de la Tradición)

Rabino Manuel Hernández Gómez


Tanto el judaísmo como la mayor parte del cristianismo se han desviado a través de los siglos en tradiciones que nada tienen que ver con la fe revelada por D-os en la Escritura. Han caído voluntaria o involuntariamente en la superficialidad e incluso en la mundanalidad. En acciones y posiciones ajenas totalmente al mensaje divino, en conductas francamente contrarias a lo que D-os espera de su pueblo.

     Un caso por demás ilustrativo es la Fiesta de Purim. Aquellos judíos que han leído y conocen el libro de Ester, saben cuánto se ha alejado la tradición de los hechos y milagros ocurridos en tan significativo hecho histórico, en el que como todos sabemos nuestro pueblo fue librado del exterminio.

     Hoy en día para cientos de miles de judíos, sino es que millones, Purim tiene más cercanía con el “carnaval” cristiano (un festejo a todas luces pagano y hedonista) que con los hechos reales acontecidos en el siglo V. a.C. (a.e.c.).

El pequeño libro de Ester, de tan solo diez capítulos, recoge y narra una historia realmente extraordinaria y estremecedora, en la que todos los judíos iban a ser exterminados en el enorme Imperio Medo-Persa, que de no haber sido por la intervención Divina, nuestra gente hubiese sido aniquilada.

     No faltara el apóstata o el incrédulo que diga que en el libro de Ester ni siquiera aparece el nombre de D-os, lo cual es cierto. Lo que no saben, o pretenden engañar a otros con su silencio, es que quien escribió el libro no pertenecía a la tribu de Leví, lo que le impidió escribir el Nombre Divino, sin que por esto se piense absurdamente que el Señor estuvo ajeno a lo sucedido. De principio a fin en el libro de Ester se nota la intervención divina, así como su amor y poder para librar a su pueblo de manos del malvado Hamán y de todos los que les aborrecían.

     Y es que como se lee entre líneas, la animadversión y odio contra los judíos estaban latentes en el reino. Cuando Ester es llevada a la corte para que el rey Ajashverosh (el histórico “Jerjes”) escoja la nueva reina que supliera a la depuesta Vasti, su pariente Mordejai le ordena que no diga que es judía (Ester 2:10), de lo que se desprende que existía un ambiente hostil, antijudío.

     Hostilidad que se corrobora con el edicto de muerte promovido por Hamán, que no se conforma con buscar la muerte de Mordejai, a quien odiaba, sino que en su maldad y desprecio por nuestra gente, en el momento que él considera idóneo (como lo saben hacer todos los funcionarios cercanos al poder, pero que son salameros y genuflexos y se hacen pasar por fieles ante quien lo ejerce): le adula y le hace la terrible petición que el confiado monarca concede sin reparar en lo que iba a firmar:

 

“Y dijo Amán (Hamán) al rey Asuero (Ajashverosh): Hay un pueblo esparcido y distribuido en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de las de todo pueblo, y no guardan las leyes del rey, y al rey nada le beneficia el dejarlos vivir… Y fueron enviadas cartas por medio de correos a todas las provincias del rey, con la orden de destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres, en un mismo día, en el trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y de apoderarse de sus bienes” (Ester 3:8,13).

 

     Igual que como lo hicieron los reyes católicos en España en 1492 y las huestes nazis de Adolfo Hitler en la segunda guerra mundial (1939-1945), Hamán logra el edicto en el que se dictaba sentencia de muerte sobre la inmensa mayoría de la población judía en esa época.

     Si trasladamos al terreno espiritual estos amargos sucesos que ha padecido nuestro pueblo a través de los siglos, se observa que lamentablemente la mayoría de los rabinos no advierten a sus comunidades sobre el edicto de muerte que pende sobre la vida de cada judío alrededor del mundo. No se trata de aquellos emitidos por los dictadores ya conocidos en la historia, o por los antisemitas actuales que pudieran emitir alguno nuevo (por lo que hay que mantenerse siempre alerta al respecto). No, por supuesto que no.

     Se olvidan del mensaje de D-os, que D-os es santo y que el pecado nos enemista con El, que D-os se reveló a Israel a través de su Palabra (Biblia) no solo para que le conociera y creyera en Él, sino para que le amara y viviera conforme a su voluntad. Por medio de Moisés el Señor le dijo a Israel:

 

“No añadiréis a la palabra que yo os demando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos… Guardadlos pues y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos” (Devarim-Deuteronomio 4:2,6). Siglos después, D-os reclamaría al pueblo su desobediencia manifiesta a su palabra: “Les escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña” (Oshea-Oseas 8:12).

 

     Pensar que D-os esperaba del pueblo judío solamente ritos, rezos y la celebración de algunas ceremonias durante el año, además de falso denota un pensamiento equivocado, un razonamiento absurdo y casi indigente acerca del D-os de Israel. Su grandeza, poder y amor, pero sobre todo su mensaje eterno de salvación, no tienen nada que ver con esa expresión tan raquítica del judaísmo que ignora y no enseña los planes divinos. Un judaísmo ajeno también al que nos legaron patriarcas, profetas y apóstoles. Sí, apóstoles también, fueron 12 por la simple razón de que 12 son las tribus de Israel y un día, cuando el reino mesiánico de YESHUA se manifieste en Jerusalén y a la vista de todas las naciones, ellos gobernarán a las 12 tribus de Israel como está escrito (Mat 19:28).

     De manera pues que ignorar o desatender las enseñanzas bíblicas no es en sentido estricto practicar el judaísmo, es desechar todo lo Revelado por D-os a su pueblo para centrarse en criterios meramente humanos recogidos a través del tiempo por medio de Talmud, de rabinos y pensadores, así como en la tradición. Ningún judío, por poderoso y reconocido que es o haya sido entre la comunidad judía local o internacional, puede poner su criterio por encima del revelado por D-os en las KitveiKodesh (Sagradas Escrituras).

     Aun el propio Baruch Spinoza, a quien aplicara el jérem la comunidad de Amsterdam(a los 24 años de edad) y que los cristianos le hayan acusado de panteísta, si revisamos su obra teológica, este judío (que siempre creyó en Yeshua y acepto toda la Biblia como libro inspirado)expresó en sus años de madurez:

 

?“Hay que entender que Dios es el autor de los Sagrados Libros, a saber, por la verdadera religión que en ellos se enseña… A partir de ahí podemos saber también porque los Libros Sagrados se dividen en libros del Antiguo y del Nuevo Testamento. porque, antes de la venida de Cristo (Mesías), los profetas solían predicar la religión como la ley de la patria…  después de la venida de Cristo (Mesías), los apóstoles la predicaron todos como ley universal” (Tratado Teológico-político, Alianza Editorial, pág. 358)

 

     Así que en cierto modo tenía razón Hamán, el pueblo judío, el que ama a D-os e intenta todos los días obedecer su Palabra, “sus leyes son diferentes”. Para el judío que ama al Señor, D-os está primero ante que cualquier hombre, sea rey, presidente, primer ministro, o el más rico del planeta. Antes que las leyes de su país, las cuales obedece por convicción y con sinceridad, están primero las leyes divinas reveladas en la Escritura.

     El robo en cualquiera de sus expresiones, el homicidio, el adulterio, las perversiones sexuales, la mentira, la hipocresía, la avaricia, el amor al dinero, el egoísmo, así como la lista interminable de pecados son justamente eso, pecados. Y un verdadero judío, cuyo nombre significa “alabanza a D-os”, vive bajo la ley de D-os, mejor todavía, al amparo de su gracia, respondiendo a su amor Paternal en un intento que desea honrarle y obedecerle siempre ¿Acaso no hicieron esto patriarcas y profetas una vez que se deciden responder al amor y llamado de D-os?

     Concluimos: Purim no es de manera alguna una fiesta de disfraces frívola y mundana como se ha dicho y enseñado por algunos en los últimos años. Semejante extravío muestra hacia donde se ha llevado el judaísmo. Bajo el liderazgo sabio y visionario de Mordejai y con la influencia de Ester, nuestro pueblo en la antigüedad entendió el peligro y luchó unido para que aquel edicto de muerte no se hiciera valer.

En este siglo posmoderno,requerimos de muchos Mordejai y muchas Ester que exhorten espiritualmente al pueblo para echar abajo el edicto de muerte que pende sobre la vida de cada judío, pues desde Adán el hombre se separó de su Creador y sólo a través del Mesías YESHUA (que a semejanza del cordero de Pesaj derramó su sangre inocente, para dejar sin efecto dicho edicto) cada uno de nosotros nos podemos reconciliar con D-os, ya que nuestros pecados fueron pagados por el Mesías en la cruz del Calvario. Pero esto es algo que cada uno debemos entender y meditar, como también en el resto de las enseñanzas de las Escrituras.

    Y es que, así como la cristiandad se desvió del camino y se llenó de tradiciones paganas y desviaciones teológicas, de igual manera ocurrió con nuestro pueblo. Purim es tan solo un ejemplo que nos sirve de seria reflexión. Es tiempo de que todos los rabinos, sin distinción de la corriente a la que se pertenezca, vuelvan al sendero seguro y eterno de las Escrituras, pues el único trazado por D-os y es el único que avala y nos conduce a su reino eterno.

 

NOTA:si algún lector tuviera alguna inquietud espiritual o pregunta acerca de este u otros artículos, por favor escríbame.


 

El rabinoManuel Hernández Gómez: es Abogado, con Licenciatura y Maestría en Teología (Universidad FLET, Miami). Es titular de la Sinagoga Yeshua Ben David de Guadalajara, México.

Email: mahergo50@hotmail.commahergo1950@gmail.com