MUJERES JUDIAS, PEREGRINOS Y EXTRANJEROS SOMOS

Rebbetzin Celia C. de Hernández


El libro de Números es una historia real que nos muestra al pueblo libertado de la esclavitud de Egipto, caminando un largo peregrinaje en una tierra que no era de ellos y rumbo a una tierra que fluía leche y miel.

Peregrinos y extranjeros en un largo caminar por el desierto, rebelándose una y otra vez contra su líder, aquél que Dios había llamado para llevarles a la Tierra de la Promesa. Si leemos este libro con la actitud correcta y a la luz del Espíritu, su lectura nos puede ayudar a cada una de nosotras a caminar con Dios, también como extranjeras y peregrinas que somos en este mundo, pero sin murmuraciones como aquella generación que se perdió, tomadas de la mano del Señor por este desierto terrenal hacia la tierra prometida (el Reino del Mesías de Israel).

CADA TRIBU TENÍA SU GUÍA

 

     Israel estaba a punto de partir desde el Sinaí hacia la tierra que Dios le había prometido a los hebreos de aquella época y en la cual tendrían por finel anhelado bienestar, cada tribu tenía su guía y estos eran príncipes bien preparados para guiar al pueblo, escogidos, pero ¿qué sucedió, que todos, a excepción de Josué y Caleb tuvieron otra visión, otra forma de ver y enfrentar los obstáculos que aquella empresa divina les representaba? Es evidente que los otros diez príncipes carecían de fe, no le creían a Dios, eran líderes escogidos, pero en lo espiritual salieron reprobados, contagiando a las tribus con su incredulidad y rebelión contra Dios y contra Moisés.

     Me llama la atención que en el capítulo 10 de este libro (Números), en el verso 29, Moisés dice a Hobab hijo de Ragüel, madianita, suegro de Moisés: “Nosotros hoy partimos para el lugar que Adonai ha dicho: Yo os la daré. Ven con nosotros, y te haremos bien; porque el Señor ha prometido el bien a Israel”, y él le responde: “Yo no iré, sino que me marcharé a mi tierra y a mi parentela” (v. 30) y Moisés le insiste: “Te ruego que no nos dejes; porque túconoces los lugares donde hemos de acampar en el desierto, y nos serás en lugar de ojos. Y si vienes con nosotros, cuando tengamos el bien que Dios nos ha de hacer, nosotros te haremos bien” (vs. 31-32). Los príncipes se habían rebelado y aquel líder requería de ayuda adecuada y Hobab, aunque no era hebreo, conocía aquella tierra como la palma de su mano.

 

MOISÉS: HUMILDE Y VISIONARIO

 

. Me gozo de ver la humildad de Moisés aceptando sus limitaciones y reconociendo a personas que podían ayudarle en el desierto para reposar de las muchas fatigas en aquellas tierras inhóspitas y difíciles.Pero también me llama la atención que el Arca del pacto iba siempre delante de ellos en el camino rumbo a Eretz Israel para darles seguridad y descanso. Así es nuestro Padre celestial, a través de su Espíritu Santo (Ruach ha Kodesh), siempre va con nosotras, si con humildad reconocemos que lo necesitamos para cada paso y para cada momento de nuestra vida.

     La protección de Dios siempre es real querida hermana y amiga, no dudemos, Dios siempre acompañó a aquella gigantesca caravana, pero como señalan las Sagradas Escrituras, el sometimiento a su líder, que era someterse a la voluntad del Señor, era caminar hacia adelante, cosa que con la que frecuentemente se rebelaban. ¿No oramos a diario y le decimos ven delante de nosotras y tus pasos ponnos por camino?

 

MOISÉS A DIARIO PEDÍA LA PROTECCIÓN DIVINA

 

     Moisés invocaba la protección Divina, tanto cuando paraban como cuando partían, pues la Palabra nos narra que cuando el arca se movía Moisés levantaba una súplica que clamaba “¡Oh Señor sean dispersados tus enemigos y huyan de tu presencia los que te aborrecen” y cuando el arca se detenía nuevamente oraba y decía “¡Vuelve oh Señor a los millares de millares de Israel!”

     Dios preparó a Moisés para este arduo y difícil trabajo; primero, capacitándole durante largos cuarenta años cuando huyó de Egipto a causa del egipcio que mató. Luego, cuando regresa al desierto, busca la ayuda de Hobab su cuñado para guiar a tan numeroso pueblo, ya que Dios es quien señala los rumbos, crea las condiciones y pone la convicción en el corazón del hombre que realmente le ama y quiere obedecer, pues para desarrollar los trabajos que Dios le asigna es indispensable siempre la obediencia y la dependencia. Sin El nada es posible.

     En base a los talentos que Dios te dio querida hermana, es poniéndote en sus manos como fructificarás en su obra, en las tareas que el Señor te ha asignado.

 

EL PUEBLO SE QUEJÓ DE DIOS Y DE MOISÉS

 

Algunas veces cuando caminamos por este desierto, así como los antiguos hebreos, nos quejamos de muchas cosas, del maná (que en la actualidad simboliza el alimento espiritual), de nuestros líderes, de Dios, así como ellos lo hicieron, ciertamente la historia se repite, aunque no debiera.

También así como ellos,a veces decimos “que comida más insípida”,“esa historia ya me la sé, qué repetitivo” ¿Acaso queremos gozar de la carne y de los placeres mundanos, alimentarnos hasta la saciedad y que salga luego por la nariz a causa del exceso, como sucedió cuando el pueblo murmuró contra Dios y contra Moisés y Dios les envió codornices para que comieran hasta el vómito? (Núm 11:19-20).

     Jamás ese alimento transformará tu mente y tu corazón para un cambio espiritual trascendente en tu vida. Moisés se sentía triste de oír continuamente las quejas del pueblo, sentía que no podía dar ni conseguir carne para aquella multitud inconforme y murmuradora, a tal grado que se deprime y llega a exclamar delante del Señor: “¿Concebí yo a todo este pueblo?, ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama a la tierra de la cual juraste a sus padres?”(Núm 11:12).

Fue tal su desesperación que pidió a Dios que le quitara la vida: “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía…” (11:14), y ese mismo dolor lo siguen padeciendo los siervos cuando van caminando junto con las ovejas que el Señor puso bajo su cuidado y aquellas ovejas se sienten “defraudadas” cuando sus líderes no llenan sus propias expectativas y murmuran de casi todo; así como lo hizo la generación del desierto.

 

SOLO CAMINANDO EN FE, AMOR Y OBEDIENCIA

 

Solo caminando en fe, en amor a Dios y en obedienciaa su Palabra y a quienes nos ha puesto por líderes, podremos llegar a la Tierra de la Promesa (el reino de los cielos). Moisés necesitó colaboradores a los que Dios llenó también de su Ruach ha Kodesh (11:16-17, 25), así también ahora, se requiere de colaboradores llenos del E.S. para hacer esta gran tarea de llevar el mensaje Divino a todo nuestro pueblo para que entren en el reino del esperado Mesías. Una necesidad urgente para nuestras oraciones ¿verdad? Una tarea que no debemos eludir, aunque sí podemos, de nosotras depende.

Moisés era el líder principal del pueblo y esto despertó la envidia de algunos, incluso de sus propios hermanos Aarón y Myriam. Cuánta brega es caminar hacia la Tierra Prometida, pero Dios nunca nos dejará amadas hermanas y amigas, no aceptemos nunca el desánimo, enemigo continuo de la fe.

     El dejó muy en claro que Moisés era su siervo, que no había otro como él en Israel, así que ahora mismo yo te invito a que nos despojemos de todo el peso y agobio que nos asedia (problemas) y sigamos con paciencia y humildad la carrera de la fe que tenemos por delante, puestos los ojos, todos juntos, en YESHUA, el siervo de las naciones, al menospreciado también de ellas, y caminemos firmes en fe hacia la Tierra de la Promesa como lo hicieron Josué y Caleb, hacia ese reino inconmovible que Dios ha preparado para los que le aman y obedecen. Y yo querida hermana, sé quetú le amas y con la ayuda de su gracia, también le obedecerás, reconociendo también a aquellos que el Señor nos ha puesto para que nos guíen en la tierra. SHALOM.

 

 


 

 

La rebbetzinCelia C. de Hernández es consejera espiritual de la AJMM.

Email: celiacornejoh@gmail.com