EDITORIAL


Vivimos tiempos convulsos, de confusión y violencias sin fin. Una era en la que abundan los impostores y gran parte de los liderazgos han sido ocupados por engañadores, desde los políticos hasta algunos religiosos. Lo peor de todo es que muchos (creyentes y no creyentes) no se han dado cuenta de lo que sucede, de hecho,algunos se han convertido en fervientes seguidores de quienes más temprano que tarde les ocasionarán daño, tanto a ellos como a sus países.

     El Mesías, como principal profeta de Israel dejó en la Escritura un lienzo tan bien plasmado en tonos y colores de lo que sucedería en los tiempos previos a su glorioso retorno, que personajes y acciones que a diario se exhiben en el escenario mundial nos hacen pensar si la profecía de YESHUA se está cumpliendo ante nuestros ojos.

Antisemitismo, amor al dinero, genocidios, violencia, corrupción, impiedad, sexualidad pervertida y desbordada, abuso de infantes, drogadicción sin frenos, descrédito de la religión, ateísmo ostentoso ydoble moral, son apenas algunos de los rostros de la sociedad posmoderna. Una sociedad a la que D-os no ha sido invitado, de ahí que sus efectos adversos emitan signos de alerta a los mas despiertos, como escribiera el rey David: “Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Sal 14:3).

     El sociólogo francés Lipovetsky en uno de sus libros describió de manera un tanto descarnada la separación social para con Dios: “…Aunque, por prudencia y estrategia, el nombre de Dios no está proscrito, ya no es el basamento de la moral, y ésta puede  vivir sin el temor de los castigos eternos”.

     ¿Será la humanidad tan ingenua que seguirá creyendo a sus líderes, a tanto impostor cuyas promesas además de no poder cumplir, son ajenas a D-os, a sus planes eternos, planes revelados en las Sagradas Escrituras pero que para la mayoría no les significan casi nada, sino es que nada? De hecho, además de descalificar la validez de la Biblia, desconocen su mensaje y contenido. Condenan lo que no conocen y que deberían conocer pues en ello va su salvación eterna.

     Cuando leemos la profecía de Yeshua no podemos sino asombrarnos al hacer un comparativo con el presente: “…Y oiréis de guerras y rumores de guerras… se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores… y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo…  Y si aquellos días no fueren acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mat 24:6-22).

    Todo parece caminar al revés, en Israel los que no conocen las Escrituras o lo poco que conocen lo interpretan de manera torcida, lo sorprendente del asunto es que son los que controlan la vida religiosa en Israel, los que determinan quién sí y quién no. Entre la cristiandad sucede algo semejante. Líderes cuyo pésimo testimonio ha sido exhibido en las últimas décadas, cuya enseñanza además de sincrética, tiene más de mil años contaminada con doctrinas de hombres e interpretaciones ajenas al texto Divino.

     Ante semejante cuadro, los creyentes de verdad, los que aman a D-os y al Mesías YESHUA,a quien envió para reconciliarnos con Él, así como los que andan en su búsqueda, nos queda confiar en Adonai,alimentarnos con su Palabra y obedecerla.  Cerrando este comentario con algunas de las palabras del Mesías: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).