MUJERES JUDÍas
UN DECRETO DE CESAR QUE CONTRIBUYÓ A LOS PLANES DIVINOS

Rebbetzin Celia C. de Hernández


AUGUSTO, era su nombre, César era el título que representaba su grandeza imperial. Ese título demandaba respeto, sometimiento, majestuosidad, poder y por supuesto, sumisión de sus gobernados. Augusto se aseguró de que ninguna nación le pudiera hacer la guerra y su imperio trajo una era de paz que duró por muchos años.

 Este César tiene un lugar significativo en la historia, con él acaba la República y se inicia el Imperio romano. Pero en los planes de Dios su nombre aparece porque él estaba reinando en el tiempo en el que nuestro Mesías YESHUA nació. Augusto nunca entendió su papel en este gran drama universal de libertad espiritual y del pecado, pues solo se preocupaba por conseguir dinero de donde fuera para acrecentar el poder de su imperio, y para esto y con el propósito de tener un mayor control, uno de los pasos que da es realizar el censo que nos relata Lucas.

SIERVOS INVOLUNTARIOS DE DIOS

¿Cuántos Augustos cumplen los planes perfectos de Dios sin enterarse siquiera? Sin darse cuenta que el Dios de la historia, el que gobierna desde la eternidad hasta la eternidad, tiene todo contemplado y bajo control, lo cual no significa que intervenga en todo momento, para eso nos concedió la libertad.

     Por medio de ese decreto José y María se vieron obligados a volver a su ciudad natal, donde estaba el registro genealógico de su familia, por tanto, fueron a Belén. Augusto, jamás se dio cuenta que estaba cumpliendo los propósitos de Dios en sus planes proféticos para que naciera el Mesías como había anunciado con antelación la Escritura: “Pero tu Belén efrata… de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2). De aquel hijo de Dios que estaba destinado para ser Rey del cielo y de la tierra, para poner su vida a cambio de la tuya y de la mía para salvarnos,

    Tampoco sabía Augusto César que José y María eran de la tribu de Judá, descendientes directos del rey David, a quien Dios prometiera que siempre habría un rey para ocupar su trono, refiriéndose obviamente al Mesías. Nosotras sabemos que muchas veces parece que todo nos falla, pero los planes y los tiemposde Dios nunca fallan, así dice su Palabra: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gál 4:4-5), ya que como sabemos, es literalmente imposible que cumplamos la ley, o fallamos en una cosa o en otra. Necesitábamos quién nos librase de nuestra condición caída y limitada y nos reconciliara con Dios.

     Aquel niño que nació en Belén y llevaron sus padres al Templo de Jerusalén, donde se encontraba aquel anciano llamado Simeón, al cual Dios ya le había prometido que “no moriría hasta que no viera con sus ojos la salvación de Israel” (Luc 2:26), así que cuando Simeón vio al niño lo tomó en sus brazos y exclamó:“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación” (Luc 2:29-30).

EL REY ESPERADO EN UN PESEBRE DE BELÉN

     Este milagro sacudió y confrontó al mundo de aquel tiempo en casi todos los aspectos. Aquel Rey destinado para el ocupar el trono eterno de David, asombrosamente fue recostado en un pesebre de Belén porque no había lugar para él, la ciudad estaba completamente llena, así también sucede en lo espiritual, están los corazones de muchos hombres y mujeres: ¡llenos de homicidios, violencias, robos, adulterios, envidias, celos, pasiones, etcétera!

¿Cómo podrá encontrar el Mesías Rey un lugar en esos corazones ocupados y desbordados por tanta maldad? Lamentablemente mis queridas hermanas y amigas, ésta ha sido una historia recurrente a través de los siglos, tanto entre judíos como cristianos. Algunos dicen ‘creer’ en Dios, sin embargo, sus vidas de impiedad les descubren ante El y ante los hombres, pues al Señor nadie le podrá engañar. La Escritura nos advierte que un día Dios intervendrá para hacer justicia y los planes de los impíos serán frustrados, lo cual les tomará por sorpresa para que se cumpla también la Escritura:“Los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados” (Prov 2:22).

 

TODOS MORIMOS, AUN LOS GRANDES Y PODEROSOS

 

     Augusto murió, Herodes murió, en cambio nuestro Mesías YESHUA resucitó, vive, y reinará para siempre. La Roma de los césares demandaba que sus súbditos adoraran a un César muerto, siempre los mortales tienen dioses y reyes a quien adorar y someterse, más al Mesías que vino a salvarles, ni le creen ni se someten a él.

     Qué paradoja, Augusto es considerado el gran constructor del Imperio, el declaró «Encontré Roma como una ciudad de ladrillo y la dejé de mármol»;construyó entre muchas otras cosas una serie de caminos pavimentados para que su imperio se comunicara a todos los rincones dominados, sin entender que esos caminos servirían para anunciar las Buenas Nuevas de Aquél que dijo ser “EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA”, así que las calles pavimentadas por los esclavos de Augusto, sirvieron para llevar liberación a los esclavos del pecado en casi todo su imperio. ¡Qué impresionante, mis queridas hermanas, la manera como el Señor actúa! ¿No lo crees así?

Una de las vías romanas construidas en España

     Los hombres casi siempre se unen al desfile de los muertos, los adoran, los veneran, pero nuestro Mesías Yeshua no, Él siguió obedientemente los deseos de Dios el Padre para redimirnos y reconciliarnos, pasando por sufrimientos y actos que la multitud ni entendió ni quiso entender. Yeshua pasó del trono legítimo recibido durante su nacimiento en Belén, a una vida terrena de estrecheces económicas y ajena a la fastuosidad de los monarcas, dedicándose de lleno a predicar las Buenas Nuevas de salvación y reconciliación a todo Israel, y regresando al trono por el camino más inesperado, el camino de la cruz, un retorno a su trono glorioso que ni la tumba le pudo contener, pues el santo, santo, santo, y sólo el pecado puede mantener en la tumba a aquellos que no se arrepintieron pues sin arrepentimiento no hay perdón de pecados.

     Como todas sabemos, Yeshua no tenía de qué arrepentirse, él ha sido el único judío que ha cumplido la Ley de manera perfecta y con ello satisfizo la justicia de Dios el Padre, ofreciéndose como cordero pascual sin mancha (cosa que en el judaísmo entendemos perfectamente) para cargar en él los pecados de todos los judíos y gentiles, pero que solo los que se creen y arrepienten pueden tener acceso a tan grande salvación del Rey de los judíos.

 

LOS LÍDERES DE LAS NACIONES MUEREN, YESHUA VIVE PARA SIEMPRE

 

     Los Augustos dejan de existir, también los Hitler, los Mussolini, los Stalin, y otros de su clase, que se ensoberbecen en su poderío y a Dios no invocan y si lo hacen, lo hacen falsamente o para manipular a la muchedumbre. En su vida terrenal Yeshua dijo que su reino no era de este mundo, pero llegado el cumplimiento de la profecía, retornará como Rey de reyes y subyugará a todos los reinos del mundo, para enseguida sentarse en el trono de David como anunciaron los profetas y reinar eternamente.

     El invita a todos los hombres a formar parte de su reino, del cual uno se hace miembropor un milagro al cual Él llamó un «nuevo nacimiento» ¿quieres tu formar parte de ese reino? Arrepiéntete, pide perdón a Dios de todos tus pecados, cree y aliméntate a diario con su Palabra la Biblia, será la mejor decisión de toda tu vida, pues para aquellos que no lo hagan habrá un final desastroso, en cambio para los que hemos creído y nos hemos arrepentido de todo corazón habrá un final feliz. La promesa se cumplirá, su trono será eterno yestable y reinará por los siglos de los siglos: “…Y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Mesías; y él reinará por los siglos de los siglos”(Ap 11:15).

Él desea que tú seas parte de su reino, para eso vino Yeshua y para eso dio su vida voluntariamente en la cruz, para que con su sangre inocente tus pecados y los míos fuesen pagados y tuviésemos salvación, entrada a ese reino eterno que Israel siempre ha esperado. Qué hermoso ¿no crees? Oremos queridas amigas, para que todos nuestros hermanos de la casa de Israel descubran en la Biblia a Yeshua y por sí mismos vean que él es el Mesías que anunciaron patriarcas y profetas. Que su descubrimiento los lleve al arrepentimiento y el Señor les abra las puertas eternas de su reino.


La rebbetzinCelia C. de Hernández es consejera espiritual de la AJMM.

Email: celiacornejoh@gmail.c