MILAGRO DE VIDA :

Myriam Levy-Chernoff


Entrevista / Testimonio con Dariana Griman.

En dónde naciste, desde cuándo vives en Filadelfia y dónde te congregas?

R.-Nací y me crie en Venezuela. En Filadelfia vivo desde septiembre 2017, y me congrego en la sinagoga Beth Yeshua desde agosto del 2017.

 

P.-Dariana, a mí me tocó vivir de cerca tu experiencia cuando tu hijita Valentina nació muy prematuramente; dinos la fecha de su nacimiento y cuándo tenía que haber nacido (si no se hubiera adelantado el parto y cuál fue su peso)?

R.-Nació el 6 de mayo del 2018 y tenía fecha de nacimiento para el 13 de agosto del 2018. Al nacer Valentina pesó 790 gramos y midió 35 centímetros.

 

P.- Por favor compártenos que sucedió?

R.-“Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor el Mesías Yeshua, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren” (2 Corintios 1:3-4).

   Con este pasaje, quiero compartir esta experiencia que en su momento fue amarga y llena de temor e incertidumbre pero donde el Señor se glorificó grandemente.

   Toda la vida, al menos desde que tengo uso de razón, había soñado y anhelado ser mamá. En septiembre 2017 me casé y en noviembre quede embarazada, la alegría más grande que he tenido. El sábado 5 de mayo, a las 11 a.m., estando en casa se me rompió la fuente. Llamé a mi esposo y no tardó más de 10 minutos en llegar, corrimos a emergencias, allí me atendieron rápido e inmediatamente me monitorearon a la bebé. Ya casi no tenía líquido amniótico, y los médicos nos propusieron hospitalizarme hasta la semana 34 para que la bebé se desarrollara mejor. 

     Al día siguiente, alrededor de las 4 p.m., los doctores perdieron la señal de los latidos del corazón de la bebé; en ese momento hubo muchos intentos y nada. Entró otro médico corriendo para hacerme un ultrasonido, allí se fijó que estaban débiles sus latidos. Todo este proceso tardó solo 14 minutos. Al despertar, tenía médicos alrededor y vi a mi esposo y me dijo: ya llevaron a la bebé a cuidados intensivos, está bien todo.

   En la noche me dejaron verla por primera vez, me dolió mucho verla tan pequeña y frágil, conectada a tantos monitores, con cables y tubos por todos lados de su cuerpecito.

   Al día siguiente fue cuando comencé a sentirme mal, como confundida, no sabía si ya era mamá o no, no sabía porque habían pasado las cosas así, con sentimiento de culpa, como si me hubiesen arrancado algo que era mío. Así que fueron muchos días de angustia, pero viendo la mano de Yeshua en cada momento. Tres días después de mi alumbramiento, recibo la invitación de parte de Myriam para la celebración de los 70 años de independencia de Israel, le expliqué lo que me había sucedido y al día siguiente ya estaba en casa trayéndonos comida, ayudándome en quehaceres, dándome apoyo sin preguntarme mucho, más bien animándome, y por supuesto, orando por nosotros y aunque en realidad no nos habíamos tratado mucho, sólo habíamos cruzado un par de palabras en la sinagoga ya que yo era nueva porque no tengo mucho tiempo viviendo en Filadelfia. 

     A partir de allí, que D-os utilizó a Myriam como instrumento en ese momento tan duro; sentí el apoyo de hermanos de la sinagoga y de otras partes del mundo que no me conocían (y muchos hasta la fecha no nos conocen) y que estuvieron orando por mi bebita durante todo el tiempo que estuvo hospitalizada. A todos, ¡siempre estaremos eternamente agradecidos!

     Cada día que estuvo mi bebé en cuidados intensivos, fueron días de suspenso. Era vivir un día a la vez. Todos los días los doctores nos mencionaban los riesgos de ser tan prematura: daños en la vista, cardiopatías, problemas respiratorios, posibilidad de ir a casa con oxígeno, etc., etc., que es muy común en bebés prematuros. Estuvimos yendo al hospital cada día, orando, cuidándola, dándole todo el amor y celebrando cada avance de esta guerrerita. Yo me iba desde temprano, luego en la tarde con mi esposo pero siempre estuvimos al pendiente de cada procedimiento médico y cada alarma de los monitores era un susto. Finalmente, nos entregaron a nuestra bebita después de 76 días en el hospital y en perfecto estado, sin ningún problema respiratorio, ni cardíaco, ni oftamológico. Bendito D-os, ya ella es tratada por los pediatras como una niña totalmente saludable, como si hubiese nacido en su tiempo a término. Absolutamente todo se lo debemos a nuestro Padre Celestial, donde Su mano poderosa estuvo presente en cada segundo de nuestras vidas, sobretodo en el cuidado de nuestra Valentina.

P.- Durante todo este difícil tiempo yo pude observar como tu esposo Manuel fue un gran apoyo para ti y Valentina, ¿qué palabras le dedicarías a él en este espacio?

R.- Mi esposo siempre estuvo a mi lado. Nos animábamos uno al otro, cuando yo estaba débil el me fortalecía y cuando él se decaía, yo lo animaba. Fue un momento bastante fuerte para los dos, teníamos muy poco tiempo de casados así que este proceso o nos unía o nos separaba, pero Bendito D-os nos unió más. De verdad que estoy agradecida a nuestro Padre por la vida de mi esposo, él ha sido excelente padre para Valentina, siempre cuidándola y protegiéndola.

P.- ¿Qué les dirías a nuestros lectores que están pasando por una situación en donde el futuro parece incierto y sin mucha esperanza debido a las circunstancias difíciles por las que puedan estar atravesando?

R.- Aunque es difícil y no entendamos al momento, lo único que puedo decir es que confíen en el Señor. El sabe lo que hace y no nos da pruebas mayores a las que podamos soportar. Solo Él sabe del material de lo que estamos hechos y hasta donde nos lleva. Él tiene su propósito en cada situación y sea cual sea el resultado (aunque muchas veces duela) será para que Su Nombre sea glorificado.

 

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Myriam Levy es presidente de la AJMM y vicepresidente de la IMJA

Email: informes@mjaa.org.mx