Joel: un profeta para los tiempos finales

Yolanda Guzik


El libro del profeta Joel siempre me ha llamado mucho la atención y hace unas semanas durante un shabat tuve la oportunidad de escuchar un hermoso mensaje referente a este libro, que quiero compartir con ustedes ya que está escrito sobre todo para estos tiempos finales.

     El texto dice que D-os había mandado sobre Israel una plaga de langostas que habían devastado la tierra (a las langostas atinadamente se les ha llamado la “encarnación del hambre”). La desolación afectó todo: el campo, las viñas, los olivos, el trigo, la cebada, y todos los árboles, de tal modo que aun las ofrendas para el templo y las libaciones cesaron.

     Esta plaga de langostas que describe Joel no era una común: fue algo sobrenatural que D-os utilizo para llamar al pueblo al arrepentimiento. Conmueve ver cuan maravillosa es la gracia de D-os, que incluso en aquella hora tardía les daba la oportunidad de arrepentirse y volverse a Él. por lo que en su infinito amor exhorta al pueblo: “Por eso pues, ahora dice Adonai, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios porquemisericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo” (Joel 2:12,13).

    Y como siempre ha sido fácil perderse en la rutina de los ritos, D-os los exhorta a rasgar sus corazones y no sus vestidos, y a convertirse en el corazón, pues aunque todos eran judíos y aparentemente no necesitaban convertirse, lo cierto es que sus corazones no estaban convertidos a Él. Es decir: ¡eran extraños!.

    Leemos en las Escrituras, que años más adelante y a causa de la rebelión espiritual, D-os lleva al reino del norte al cautiverio de Asiria y al reino del Sur al de Babilonia. Siglos más adelante (37 años después que Yeshua profetizara la destrucción del Templo y de Jerusalén) la nación entera fue a una diáspora que duró casi 1900 años. Durante este largo período hubo hambre y pobreza, el dinero escaseaba, y siempre sucedía que cuando el pueblo lograba hacer algo de riqueza y acumular algunos bienes. siempre llegaban las “langostas”: llámese Inquisición, Pogromos, etc.. Finalmente los nazis con las leyes de Nuremberg les arrebataron hasta las ropas que llevaban puestas. Sin embargo cuando nuestro pueblo funda el 14 de mayo de 1948 el moderno Estado de Israel, entró en una nueva etapa histórica, política y espiritual, en la que se ha logrado prosperidad y liderazgo a nivel mundial en muchas áreas. Joel así lo profetizó: “Y el Señor solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá el Señor, y dirá a su pueblo; He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones….y mi pueblo nunca jamás será avergonzado” (Joel 2:18-19,26).

.   Desde entonces y después de muchos años de arduo trabajo, Israel ha logrado una prosperidad económica como jamás había tenido en la Historia. El Estado de Israel produce tal cantidad de alimentos, que además de alimentar a todo su pueblo, aún hay suficiente para exportar a otras naciones. Se han tenido excepcionales logros y el país está a la vanguardia tanto en agricultura como en medicina, tecnología, ciencia, economía etc..

    Pero el Señor promete aún cosas mayores: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones.”(2:28). Después de esta prosperidad material que ha experimentado Israel, vendrá un derramamiento de su Ruach ha Kodesh (E.S.) como nunca en la historia ha sucedido. Será el mayor avivamiento espiritual de todos los tiempos para Israel. Sin embargo ese día significará ira y castigo sobre los incrédulos: “Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso del Señor” (2:30,31).

    Serán días terribles para una humanidad  incrédula y perversa, si bien el Señor siempre deja una puerta abierta: “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo…” (2:32). Pero como dice el apóstol Pablo (rab Shaul) refiriéndose a este mismo versículo: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?, ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?” (Rom 10:14).

     Y es que para invocarle tienen que escuchar de Él, pues ¿cómo invocar a alguien que les resulta totalmente ajeno?. Una de las creencias fundamentales del judaísmo es la venida del Mesías (es uno de los 13 Principios del Judaísmo, el No. 12, que dice textualmente <<Yo creo con fe absoluta en la venida del Mesías...>>). El problema es que muchos de los nuestros no entendieron ni conocen que primero tendría que venir como Mesías redentor ofreciéndose como cordero pascual para limpiarnos de nuestros pecados y reconciliarnos con D-os (Isaías 53), pero que después de resucitado y llegado el tiempo de la profecía, vendrá a reinar con poder y gloria, por lo que aquellos que lo esperan sin haber creído en Él y sin rendirle sus vidas se lamentarán y sufrirán, porque verán su error, pues no se puede esperar a quien se siempre se repudió.

    Así que en buena medida está en ti y en mi que muchos de nuestros hermanos oigan de Yeshua y así puedan creer para que le invoquen y se salven. ¡Oremos por la salvación de todos los judíos!.