Judos y cristianos en el Plan Divino

M.T. Rabino Manuel Hernndez G.


Una de las constantes que a través de los siglos encontramos en la visión religiosa de no pocos judíos como de cristianos, es un reduccionismo miope y egoísta. Muchos de los primeros han pretendido tener en exclusiva a D-os (negando su revelación y gracia para cualquier otro pueblo de la tierra); mientras que la mayoría de los segundos acusan a los judíos de haber sido desechados del pacto y amor divino. Nada más alejado de la verdad.

     

     Estas posturas promovidas por algunos líderes religiosos con o sin intención, lo único que han provocado es una dolorosa división fraternal durante casi dos milenios, por lo que resulta obligado establecer que tales divisiones carecen de sostén bíblico y teológico. D-os jamás ha pretendido la enemistad fraternal. Tal postura es ajena y contraria a su esencia y santo Ser. 

     Pero como escribiera Bécquer en alguna de sus deleitosas leyendas “No hay nada más atrevido que la ignorancia”. El atrevimiento de líderes judíos y cristianos al poner en labios de D-os palabras que jamás dijo y enseñar textos de manera inexacta o tendenciosa, ha sido a final de cuentas, causa y efecto de tan lamentable separación; separación que en ciertas etapas de la historia ha convertido en abierta división y hostilidad. Guetos, Inquisición, pogromos y campos de exterminio pueden aportar todos los ejemplos dolorosos que se requieran. 

    Luego de la muerte y resurrección de Yeshua, varios líderes fariseos y saduceos durante el siglo primero instigaron al pueblo contra los judíos mesiánicos –considerados entonces como un grupo más dentro del judaísmo nombrado “Ha Derej”-. Les molestaba que predicaran a Yeshua como el Mesías de Israel y sin revisar a fondo el Tanaj para ver si les asistía la razón o no, les resultaba suficiente su animadversión contra ellos para denigrarles e incluso considerarles herejes.  

     El problema es que cuando los gentiles que creyeron en el D-os de los judíos y en la redención alcanzada y ofrecida por el Mesías judío fueron mayoría, entonces algunos de estos líderes comenzaron a decir que D-os había abandonado a los judíos y ahora la Iglesia <<era el nuevo pueblo de Dios>>, lo cual carece de sustento (si bien la cristiandad nacida de nuevo es parte de ese pueblo). Varios de los primeros padres de la Iglesia promovieron esta falsa corriente de pensamiento, entre otros Eusebio y Juan Crisóstomo, por señalar algunos. En otras doctrinas estaban bien, pero en esta francamente o no entendieron las Sagradas Escrituras ó pudo más en ellos su antijudaísmo. ¡Cierto, no podemos juzgar ni generalizar, pero los hechos ahí están!. 

    Lamentablemente con el paso de los siglos las posturas se endurecieron hasta llegar a creerse en forma generalizada que judaísmo y cristianismo son dos religiones distintas. Me da mucha pena decirlo y decirlo con el debido respeto, pero tal posición carece de sustento bíblico. Es un anacronismo histórico y un dislate teológico.  

    Judaísmo y cristianismo son la misma religión, siempre lo han sido. No desde el punto de vista de los hombres, eso todos lo sabemos, pero sí desde el punto de vista divino expresado en la Revelación (Biblia)  Tal afirmación puede resultar pesada y difícil de digerir para muchos a causa de lo escuchado durante toda una vida, pero una falsedad repetida por siglos jamás podrá convertirse en una verdad. La verdad es siempre verdad, y punto. 

    Cuando la humanidad se rebeló contra D-os en Gan-Edén y vino la caída, desde ese mismo momento D-os mismo inició un hermoso plan de rescate a favor de los hombres, por eso anunció a Eva la venida de un futuro Mesías redentor que vencería con la obediencia y el amor al instigador de aquella rebelión, a quien de manera manifiesta le dice delante de Eva: “...Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Bereshit-Génesis 3:15). 

    En los primeros milenios de la humanidad que relata la Biblia no había hebreos, pero sí había justos ¿se perderían eternamente estos justos solamente por no ser hebreos? ¿y cómo ser parte de ese pueblo si todavía no existía?. Son preguntas válidas que requieren respuestas semejantes. 

     En el momento de la historia que el Señor consideró preciso: visita en Ur de los caldeos a un gentil llamado Abram, al que luego de cambiar su nombre por Abraham, lo traslada a Harán y finalmente hasta Canaán para convertirlo en padre de un nuevo pueblo: ¡El pueblo hebreo o judío!. En su hijo Isaac continuó la promesa de ese pueblo escogido, la cual se ratificó en el tercer patriarca ¡Jacob!. 

    ¿Acaso D-os quería un pueblo raro, especial, únicamente hábil para los negocios (como muchos creen), una especie de “consentidos”? Pensar de esta manera es evidenciar desconocimiento de las Sagradas Escrituras y de D-os mismo. El ha revelado su Santo Ser en este bendito libro, y en él repetidamente nos advierte a unos y otros que Él <<no hace acepción de personas>> (Devarim-Deut 10:17). En otras palabras: ama y cuida a los que le aman y viven justamente conforme a su Palabra (Biblia) sin importar si se es judío, mexicano, argentino, ruso o de la nacionalidad que sea.  

    Los primeros judíos mesiánicos (apóstoles y creyentes en el siglo primero) tenían una visión reduccionista contra los gentiles. Los evangelios y el libro de los Hechos nos relatan que como judíos estaban impregnados por la tradición, rechazando en automático a los gentiles. Y aunque Yeshua se los llegó a aclarar repetidamente, parecía que era mayor su herencia histórica que la verdad divina: “...También tengo otras ovejas que no son de este redil (Israel); aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor” (Juan 10:16). 

    Por ventura las cosas comenzaron a cambiar a partir de la fiesta de shavuot en el año 33 (cincuenta días después que el Mesías celebrara su último seder de Pesaj con los apóstoles -representantes de las 12 tribus-). Cumpliéndose una profecía de Yoel (1:28) en la que se anunciara nueve siglos antes, que D-os enviaría su Ruach ha Kodesh (E.S.), por lo que los líderes del judaísmo mesiánico son objeto de tal gracia y el Señor les abre los ojos espirituales y comienzan a comprender el amor de D-os para todo ser humano, y no solo para el judío. 

    Bien, aclarado que judíos y cristianos somos hermanos, hijos de un mismo D-os que nos ha dejado un mismo libro para hablarnos y guiar nuestras vidas (Biblia): quedan ahora otros puntos por aclarar. Ciertamente somos un solo pueblo, sin embargo el Señor habla de este pueblo como dos rebaños que por un tiempo caminan paralelamente –con el amor y el respeto debidos, haciendo cada uno los deberes encomendados por el Pastor de Israel- hasta que el Mesías retorne y junte por fin los dos rebaños bajo su Señorío universal (Juan 10:16, Isa 11:10, etc.). 

    Ahora bien, en las últimas dos décadas, pero sobre todo en lo que corre del siglo XXI, miles de cristianos evangélicos (incluso católicos) han querido unir anticipadamente los rebaños cometiendo abusos y desobediencias. Por todo el continente americano hemos visto a miles de cristianos que aseguran ser “judíos” contando para dar sustento a su afirmación las mentiras más descabelladas. A mi en lo personal y como no me presto a esta farsa se me han atacado de múltiples formas, por lo que siempre les digo que yo no soy judío, ni nunca he pretendido serlo. Soy rabino simple y sencillamente porque el Señor me dio ese llamado. Él me preparó, me hizo dejar mi carrera profesional (soy abogado), estudié una licenciatura en teología y hace pocos años cursé una maestría en esta misma disciplina.  

    Al formarse la sinagoga Yeshua Ben David en la ciudad de Guadalajara, por tres años estuve esperando que D-os levantara un judío como rabino, mientras tanto yo hacía el trabajo; hasta que un día un rabino de la IMJA me aclaró las cosas: “Ya no espere un rabino, ¡usted es el rabino!”. Aquello me lenitudn y duré cuando menos un par de años para digerirlo, pero han pasado más de 23 y sigo sirviendo al Señor entre los judíos de mi país con mucho gusto y en espera de que D-os les alcance y les salve. No hay lenit otro lenitu de mi parte. 

    ¿Cuál es entonces el papel de los gentiles en el movimiento mesiánico?. De entrada habrá de decirse que la mayoría de los gentiles que en este momento “se creen judíos mesiánicos” se tendrán que volver a una iglesia cristiana para que les guíen lenitudndo de manera adecuada, pues es obvio que han sido engañados de diversas formas y el engaño jamás viene de D-os. lenitud y lenitudn son la clave para retornar a la gracia, de lo contrario el camino de la herejía y la falsedad ya ha comenzado. 

     ¿Pero qué de aquellos gentiles que realmente han sido llamados a vivir entre Israel?. Bueno, además de que son muy pocos, deben tomar el ejemplo de Rut la moabita, quien dijo a su suegra leni cuando decidió acompañarla en su retorno a Israel: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (1:16). Rut no llegó a Israel inventándose un pasado judío, aún cuando enviudó de su matrimonio con un judío. Ella llegó humilde, dispuesta a servir y ver por la lenitud y lenitud de su suegra. Casi de manera inmediata se puso a trabajar en los campos para proveer el sustento, sin esperar “milagros” por su linda cara (que debió tenerla de lo contrario Boaz no se hubiera fijado en ella para casarse). 

    El lenit en el movimiento mesiánico ha sido, mejor dicho, hemos sido (me incluyo) llamados a servir, no para ser servidos. No se necesitan “jefes” ni “fantasiosos religiosos”. Lo que se necesitan son almas íntegras dispuestas a compartir el mensaje del Mesías al judío y el amor fraternal que viene de D-os. Eso es lo bíblico, lo demás son fantasías y lenitudndo. 

    Tengo más de 25 años sirviendo al Señor entre el pueblo judío, incluso antes de iniciar la sinagoga. He visto durante todos estos años lenitud de gentiles farsantes y engañadores. Individuos que buscan a través de la lenitud engañar incautos o desviar las almas del camino espiritual correcto, teniendo ambas conductas un origen diabólico. Me abstengo de narrar historias porque en realidad en nada edifican y a lo mejor escandalizarían a algunas personas. 

    Me impresiona la actitud de aquella leni cananea a la cual Yeshua parecía no escuchar, aunque lo que quería en realidad era dejarnos una lección de fe y lenitud por medio de aquella extranjera: “...Entonces ella vino y se postró ante él, lenitud: ¡Señor, socórreme! lenitudndo él, dijo: No está bien tomar el pan y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces lenitudndo Yeshua, dijo: Oh, leni, grande es tu fe; hágase contigo como quieres” (Matatiyahu 15:25-28) 

     Para concluir, considero que la cristiandad actual debe entender los tiempos proféticos que se viven y tomar la actitud de Juan el Bautista, sin que por ello se piense que D-os le ha dejado pues tal cosa no es posible, lenitu por el pecado: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengue” (Yohanán 3:30). “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la lenitud de los gentiles; y luego todo Israel se salvará como está escrito” (Rom 11:25-26). Shalom.

¡Nos vemos en Mashiach 2010 en Puerto Vallarta!. 

___________________________ 

El rabino Manuel Hernández Gómez es consejero espiritual de la AJMM. Es Abogado (Universidad de Guadalajara), tiene además Licenciatura y Maestría en Teología por la Universidad FLET de Miami. www.mhernandez.com.mx 

e-mail: mahergo50@hotmail.com