MUJERES JUDÍAS
"La crísis espiritual se repite"
(Como sucedió a los discípulos en Emaús)

Rebbetzin Celia C. de Hernández


Pocas veces en el Evangelio una frase tan corta nos muestra la derrota interior y la duda como sucedió con aquellos dos hombres que caminan rumbo a Emaús. Para ellos la historia había dado vuelta a la hoja: “¡Nosotros esperábamos…!”. La página siguiente de la historia les era ya desconocida, ajena a sus limitadas creencias.

     Su maestro había muerto, habían perdido la esperanza. ¿Cuáles fueron las causas? No creyeron a las profecías, ni a la Palabra predicada por Yeshua. El mismo se los dijo durante la travesía a Emaús (en la que no le reconocen a causa de su ceguera espiritual) con tal fuerza expresiva que nos hace preguntar ¿por qué no reaccionaron de inmediato? «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo los que los profetas han dicho…?» (Luc24:25). Acto seguido les hace un recuento desde Moisés pasando por todos los profetas (vs 26-27), por lo que sin duda este maravilloso repaso bíblico debió quedar para siempre en la memoria y corazón de estos dos hombres.

 

 

      La cuestión es que también nosotras tenemos la Palabra de D-os a nuestro alcance y con frecuencia flaqueamos y dudamos en la fe. ¿No será que los afanes y preocupaciones cotidianas, como la espera de las promesas de D-os que nos parece tardan en llegar, también nos hacen dudar como a los caminantes de Emaús?

 

NO CREYERON A SUS HERMANOS

 

     ¿Qué representan para ti los siervos de D-os, tu padre, tu madre, tu hermano y los hermanos en la fe que comparten contigo la Palabra para instruirte en la fe, para darte esperanza y certeza? Leemos en ese mismo evangelio que también algunas mujeres les dijeron «Él vive» (Luc 24:23) como también otros les dieron testimonio de la resurrección pero no les creyeron: “y algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron así como las mujeres habían dicho” (v.24). A tal extremo llegaba su depresión y desánimo que como vemos no creyeron a las palabras de sus hermanos, pero tampoco fueron para averiguar si tal cosa era verdad.

     ¿No nos sucede exactamente lo mismo a nosotras en el presente? Tenemos su Palabra y el Espíritu de verdad que nos guía precisamente a la verdad, y sin embargo con frecuencia respondemos con insensatez de corazón, con dudas y falta de esperanza.

      Escuchamos mensajes clave, hermosos y sustentados en la Escritura, al momento nos emocionan, pero después se nos olvida y nos sumimos como los discípulos de Emaús en la duda o la depresión (o en las dos cosas) ¿Será que el clima de adversidad y maldad que nos rodea nos afecta a tal extremo?

     Los que nos instruyen, que nos aman, nos aconsejan y tratan de guiarnos por el camino de D-os, con frecuencia les despreciamos (no les apreciamos como se debiera). No tomamos en cuenta sus consejos, ni valoramos la certeza con la que somos instruidos en la Palabra; actitud que por desgracia nos empuja a continuar por el camino a Emaús (“Aguas Tibias”), aún cuando en ocasiones nuestro corazón arde al escuchar la Palabra durante el camino, que no es otra cosa que el Señor hablándonos al corazón ¿no es cierto?

 

NO CREYERON A LAS PALABRAS DEL MESIAS

 

     Yeshua mismo se lo dijo a aquellos dos, pero es obvio que no creían, que olvidaban rápidamente lo que les había dicho o repetido una y otra vez cuando anduvo con ellos ¿Puede una circunstancia difícil entenebrecer tanto nuestra mente que nos hace olvidar las promesas y el amor de D-os? ¿Cómo podemos ser tan insensatas y olvidarnos de su amor, si tenemos delante de nuestros ojos los testimonios de su amor y gracia en nuestra vida y una creación tan maravillosa que además de dar testimonio fiel de su poder y verdad, nos muestra todos los días su magnificencia para que confiemos en Él? Lo peor es que seguimos dando cabida a la duda.

     Si decimos que tenemos al Mesías en nuestro corazón y que nuestra vida está rendida al Él, en la práctica ¿realmente le creemos y es nuestro guía y maestro?, o como los discípulos ya citados, que aun cuando le vieron y conocieron personalmente, llegado el momento de la prueba abandonaron sus creencias para caminar por el sendero incierto de la duda y las tibiezas.

 

LA DUDA NO CABE EN LA FE DE LAS CERTEZAS

 

     La experiencia de Cleofas y su compañero nos muestra de nuevo la misericordia divina así como su fidelidad, pues así como caminó con ellos para retornarles a la senda correcta (abriendo sus ojos por medio de las Escrituras y reordenando sus pensamientos), así también lo hace pacientemente con cada una de nosotras.

     A mi esposo le gusta leer al educador y filósofo Miguel de Unamuno y me comenta que le asombra la duda en que este gran pensador español siempre vivió, dudas que en un creyente sencillo pero maduro en su fe no deben de tener cabida pues nos apoyamos en la certeza de las Escrituras, y si en las crisis suceden o aparecen, tomémonos de la mano del Señor mis queridas amigas y hagamos caso a sus Palabras «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén» (Mat 28:20).

 

 Miguel de Unamuno

 

     La senda de la fe no es ni nunca ha sido fácil. En realidad es un camino lleno de obstáculos que tenemos que vencer, una batalla que tenemos que ganar de continuo y una carrera que dura todo nuestro peregrinar terrenal. Los sufrimientos, los proyectos y las expectativas truncas, los sueños rotos, las esperanzas que se desvanecen, todo esto, cuando tenemos los ojos y la confianza puesta en D-os a través de Yeshua; tenlo por seguro mi querida amiga, que ni serán estériles los unos y las otras se cumplirán (cuando están sostenidas por la Palabra), pues el D-os de Israel es el D-os de la verdad y de las esperanzas cumplidas.

 

“Prosigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento que Dios nos ha hecho en el Mesías Yeshua” (Fil 3:14, paráfrasis).

 

     Somos viajeras en tránsito a la eternidad. Rab Shaul lo dijo, «las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse» (Rom 8:18), así que las palabras dichas por Yeshua a los caminantes de Emaús son las mismas que tenemos para nosotras ahora, son ancla firme en nuestra fe para que podamos alejarnos de esas nocivas crisis espirituales recurrentes, que ni nos permiten ser testigas fieles, como también afligen innecesariamente nuestro espíritu.

     En la medida que aprendamos a creerle a D-os y a depender de Él, a no dudar de su Palabra y tenerla siempre por cierta (no solamente en el terreno intelectual); la calidez y ardor que los caminantes de Emaús sintieron en su corazón, será una experiencia cotidiana personal para cada una de nosotras. Un milagro frente a nuestros ojos, una experiencia individual que irradiará luz hacia dentro así como a los que nos rodean. No una luz propia pues carecemos de ella, sino que la luz del Mesías alumbrará nuestra vida y las sendas cotidianas que transitemos hasta nuestro encuentro con Él o su glorioso retorno, que dicho sea de paso, será el día que Israel ha esperado por cuatro mil años y que para nosotras será el día de gozo que tanto hemos anhelado. SHALOM.

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La rebbetzin Celia C. de Hernández es consejera espiritual de la AJMM

e-mail: celiahcornejoh@gmail.com