Mujeres Judías
El llamado divino para Israel
Recordemos quiénes somos

Rebbetzin Celia C. de Hernández


Es muy lamentable y doloroso cuando las doctrinas bíblicas vitales llegan a recibir solo un apoyo fingido. Actualmente la santidad es una de sus víctimas. Para algunos ha llegado a ser una palabra temible, sobre todo para aquellos que tienen miedo ser llamados radicales o fanáticos. Prefieren ser amados por el mundo que por el Señor y hay muchas mujeres que deciden sin razonar lo que hacen.

En este siglo XXI se ha perdido el amor a Dios y a su Palabra, a todas luces es notorio. Se critica mucho, sobre todo en los medios ―televisivos, radiales, internet e impresos―, las normas morales; las bíblicas ni se diga, nulificando un día sí y otro también la institución divina del matrimonio y la familia, abriendo la puerta a figuras híbridas no contempladas ni en Sodoma y agrediendo sin tregua la fe de judíos y cristianos. Distorsionando ante nuestros hijos la revelación divina y cuestionando todo lo que es santo. No lo permitamos, queridas amigas, peleemos la buena batalla, pidamos a Dios fuerzas y sabiduría.

 

LOS MEDIOS: ¡ENEMIGOS DE LA FE!

 

     Tales comentarios y comportamientos en los medios me temo que son una excusa o un disfraz de los comentaristas para justificar lo que ellos llaman tolerancia y libertad de pensamiento; haciendo añicos lo que antaño sostuviera las amarras de este mundo que camina ahora a la deriva, exhibiendo así su descreimiento e ignorancia de las cosas divinas; incluso su nulo sentido de supervivencia.

 

 

 

LLAMADO A SER UN PUEBLO SANTO

 

     En el libro de Levítico (19:2) Dios habló a Moisés diciendo: "Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo, Adonai vuestro Dios". El carácter y el Ser de Dios fue y es el modelo establecido por Él como forma de vida para su pueblo, por eso y aunque fracasemos una y otra vez, debemos pedir día a día a nuestro Padre de su gracia y fortaleza para no pecar contra él y ni contra nuestro prójimo. Eso es ser santos. No milagreros.

     Es en el día con día, en el depender de él rogándole que nos ayude lo que nos llevará finalmente hasta su reino. En su Palabra nos dice"separados de mi, nada podéis hacer" (Juan 15:5). Así que tomadas de su mano y caminando en obediencia, seremos como él nos pide y siempre lo ha pedido a Israel ¡santos! Y vaya que es todo un reto, un reto que nos confronta con nuestra realidad pues también dice, "que sin santidad nadie verá al Señor". Por supuesto que no refiere a esa santidad que muchos entienden equivocadamente: ese misticismo rezandero, carente de amor y ajeno a los demás. Cuando Dios nos pide ser santos es que nos quiere viviendo para él, aunque viviendo dentro de un mundo que no le conoce. Santidad que debe reflejarse en nuestro modo de vida, nutrida en la Biblia y ajena al pecado que nos rodea ¿cómo notarían la diferencia si nadie viviera queriendo agradar a Dios?

 

EL PROCESO DE SANTIFICACIÓN

 

     Una palabra que la Biblia relaciona con la santidad es la santificación, es decir, el proceso para llegar a la primera y comienza apartándose del mal ¿Porqué alarmará tanto esta palabra al mundo actual? Leemos en la Biblia que en la antigüedad ciertas personas y utensilios en Israel eran apartados para usos específicos y muy especiales, para uso exclusivo del culto a Dios, es decir, eran cosas santas.

     La separación es otra palabra relacionada con la santidad. Por lo cual dice el Señor:"Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré a vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso"(2ª Cor 6:17-18).

     Por supuesto que no siempre estamos apartados del mal, pues vivimos en un mundo lleno de impiedad que en ocasiones nos contamina ¿o no?. Pero la separación comienza en el corazón como obra de gracia a través de su Santo Espíritu. Es un rompimiento total con las estructuras mundanas y filosóficas que antaño controlaban nuestra vida, razón por la cual no teníamos interés en las cosas santas ni las buscábamos, pero que se revierte una vez que dejamos al Mesías entrar a reinar en nuestro corazón. Experiencia que el mundo califica como "conversión".

 

SEPARADAS POR DIOS

 

     La separación comienza en el momento cuando le entregamos nuestra vida a Dios y aceptamos la muerte de Yeshua y su resurrección, lo cual hace que el Espíritu intervenga para apartarnos del siglo presente y librarnos de la potestad de las tinieblas y hacernos desde ahora ciudadanos del reino de su amado hijo nuestro Mesías  (Col 1:13). La Biblia nos habla de dos reinos opuestos: el de la oscuridad del pecado y el reino de la luz del Mesías. Y no podemos morar en los dos a la vez, como tampoco podemos ser leales a los dos, es por eso que su bendita Palabra nos dice "si alguno está en el Mesías, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2ª Cor 5:17).

     El nuevo nacimiento hace una línea divisoria entre los hijos de Dios y los que permanecen esclavos del sistema del mundo. En la misma manera que la sangre del cordero dePesaj separaba delante de Dios a los israelitas, de los habitantes de Egipto, la sangre derramada por Yeshua en el Calvario nos presenta limpios delante del Padre Todopoderoso.

     La santidad es un proceso; se mostrará exteriormente hasta ser visible a todos, pero principia en lo profundo de nuestro ser. La salvación cambia la dirección de nuestros pensamientos, sentimientos y pasos, sobre todo la motivación del corazón y renovando nuestras mentes, por eso el Señor nos pide: "No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Rom 12:2). Satanás sin embargo continúa librando una batalla para controlar nuestra mente, si nos vence, dirigirá nuestras acciones, así que debemos vigilar dos puertas en nuestras vidas: los ojos y los oídos. Son puertas para vida o para destrucción.

 

CUIDAR LO QUE VEMOS Y OIMOS

     ¿Qué vemos y qué escuchamos? El salmista dijo "no pondré delante de mis ojos cosa injusta" (101:3). David primero vio a Betsabé, después de ver envió y preguntó y luego cayó, es decir, pecó (2 Sam 11:2-3).

     Examinar lo que escuchamos es muy importante. Las voces del sistema mundano son tan fuertes que asfixian la verdad de la Palabra de tal manera que nuestra mente y corazón quedan con frecuencia aturdidos. Es por eso que el salmista también decía "en mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti". Así que mis amadas hermanas (y amigos lectores), se nos presentan muchos retos para los que hemos determinado vivir en santidad.

     En nuestras propias fuerzas nos resulta imposible vencer, carecemos de la fuerza y capacidad, pero como dice el rabino Shaul "todo lo puedo en el Mesías que me fortalece" (Fil 4:13). En Yeshua podremos salir victoriosas en medio de este mundo podrido por el pecado hasta la médula. Para unos los creyentes somos retrógrados, fariseos, mojigatos y no nos sorprende, es la filosofía mundana predominante derivada de un humanismo sin Dios. La única manera de reaccionar contra estos ataques es escapar por tu vida, asirnos de la mano y gracia del Señor para salir librados siempre.

     Si estamos determinadas a ser separadas y santificadas por y para Dios en nuestra manera de vivir, sabemos que nos costará lágrimas, repudio y críticas, además de caminar aparentemente solas. Pero te aseguro que vale la pena, las recompensas son preciosas, seguras y además eternas. El Dios de Israel nos ha apartado para él, recordándonos quienes somos, que hemos sido compradas y lavadas con la sangre del Cordero de Pesaj(Yeshua) y que nuestro nombre ha sido ya anotado en el libro de la vida eterna. Qué hermoso ¿no crees? Pidamos por nuestras familias y por todas las familias de Israel ¡Shalom!.


La rebbetzinCelia C. de Hernández es consejera espiritual de la AJMM.

Email: celiacornejoh@gmail.com