TOLERANCIA DE UTILERÍA
* UNA FACHADA DE QUIENES RECHAZAN FE Y RELIGIÓN *

M.T. rabino Manuel Hernández G.


En la presente generación existe cierto sector que a pesar de todos los días declara su “apertura” y “tolerancia”, lo cierto es que apenas se bordea la frontera de la religión para que deje su habitual postura y aflore su intolerancia. No se requiere de explicar que existe otro sector en la sociedad global que es ajena a este problema, pues todos sabemos que siempre habrá la excepción (en el lenguaje bíblico a los creyentes se les considera el “remanente”), así que nos referimos a cierta mayoría, pero muy particularmente a líderes de opinión en los medios de comunicación, intelectuales, artistas de cine, músicos y demás “celebridades”.    

       Defienden con cuanto recurso tienen a su alcance  –que siempre son muchos y superiores a los de las masas- su derecho a opinar y promover la “tolerancia”, el problema es que su punto de vista no necesariamente es correcto ni válido desde diversos campos, además de que descalifican de antemano toda opinión en contrario. Para esta cofradía de hedonistas lo único válido en la vida es su punto de vista, los demás, los que no coinciden con su postura están equivocados. 

     De esta forma encontramos que la fe y la religión tienen que caminar en una especie de “campo minado”  en el que no se sabe en qué momento se pisa algo que pueda estallar al molestar la delicada dermis de los orgullosos “tolerantes”. Homosexuales, lesbianas, drogadictos, promiscuos de todo tipo, ladrones exitosos, violentos y ricachones sin escrúpulos, así como políticos impíos (ausentes de los valores divinos) pueden exhibir cotidianamente su estilo de vida y pensamiento sin ser molestados en absoluto. De hecho gran parte de los medios les presenta como una especie de modelo a seguir.

       En contrapartida se puede decir que si algún líder religioso, llámese rabino, pastor o sacerdote, expresa alguna opinión que no coincida con la cosmovisión de estos hedonistas, téngalo por seguro que de inmediato harán uso de los medios para atacar a esta persona. Se desgañitarán y le acusarán de “intolerante”  y demás epítetos que saben utilizar en su lenguaje soez, prepotente y descalificador.  

     Aquí cabe preguntarse: ¿Nomás ellos pueden opinar en una sociedad democrática? ¿La opinión de este tipo de individuos está por encima de los otros? ¿El valor de su criterio y pensamientos son obligadamente superiores al de los demás? ¿De plano la opinión de los creyentes no vale absolutamente nada y por tanto no debe ni merece ser escuchada en la sociedad? De aceptar semejante postura el sendero del totalitarismo ha sido caminado en muy largo trecho y la violencia contra aquellos que mantenemos la milenaria fe del D-os que se revela al hombre caído puede aparecer en cualquier momento.

     La desaparecida escritora siria (naturalizada mexicana) Ikram Antaki, advertía en uno de sus valiosos textos sobre los graves efectos de una agresión verbal continua –como ha sucedido en los últimos decenios en contra de las creencias judeocristianas-: “…Si se maneja el lenguaje del odio, si se destruyen sus instituciones mediadoras y el respeto y la confianza que se tenían en ellas, también se rompen sus equilibrios. Entonces viene la barbarie”. Vemos entonces que occidente finge amnesia al pretender marginar y descalificar sus raíces y valores emanados de las Sagradas Escrituras (Biblia), los cuales le han sostenido a pesar de yerros, desviaciones y excesos por dos mil años. Si se eliminan de la sociedad los valores divinos -que sostienen y dan fuerza a los cimientos- el edificio llamado humanidad pronto se vendrá abajo ¡Lo acepten o no los incrédulos engreídos!. (El manual del ciudadano contemporáneo, Ed. Planeta, México 2000, pág. 312).

     Estos individuos, protegidos bajo la cubierta de cierto humanismo ateo que a todas horas es adornado en los medios por una publicidad que asegura que sus promotores “defienden” al hombre de los malos y retrógradas –que por lo general resultamos los “anticuados” judíos y cristianos creyentes en D-os-: dicen representar además las mejores “causas” atrapando en su red arácnida a los incautos e ingenuos. En su parafernalia han echado mano de cuanto recurso tienen a su alcance, inventando términos y palabras necesarios para dar forma a una filosofía posmoderna insustancial, carente de toda esperanza y apenas promotora mal simulada de un sistema ya advertido por George Orwell en su famosa anti utópica “1984”.  

      Umberto Eco escribió hace pocos años la fijación en occidente por utilizar un lenguaje «políticamente correcto» aunque se confundan con ello las pretensiones de algunos. Todo con el afán de someter y atemorizar a las masas al criterio de un liderazgo social promiscuo y descreído: “…A menudo se confunde sugerencia moral con obligación legal. Una cosa es decir que es éticamente incorrecto llamar maricones a los homosexuales y otra muy distinta es decir que si se expresa así ha de ser encarcelado” (A paso de cangrejo, Edit. Debate, pág. 113). Ante estas situaciones comunes el ciudadano cada vez tiene más temor de expresarse con libertad en temas delicados, de religión o moral social. Tiene miedo de hablar y que su decir o actuar le ocasione problemas lo cual nos muestra que el totalitarismo ateo ha ganado bastante terreno ¿dónde queda entonces la libertad de expresión tan cacareada?.

         Oriana Fallaci, paisana de Eco y célebre escritora y periodista cita en uno de sus últimos libros a conocido cardenal italiano para resaltar el repudio europeo por la fe judeocristiana: “Tiene razón el cardenal Martino cuando, rompiendo por una vez el alucinante silencio de la Iglesia, dice que «en Europa está funcionando una Inquisición anticristiana. Una ofensiva que gestionada por el dinero y por la arrogancia pretende enviar a la hoguera a los cristianos…».” Yo le agregaría: ¡Y a todo judío piadoso creyente realmente en D-os!. (Oriana Fallaci se entrevista a sí misma/ El Apocalipsis, Ed. El Ateneo, Argentina 2005, pág. 270) 

     Judíos, cristianos, así como aquellos que profesan alguna otra fe (sin que por ello se entienda que se avala su doctrina) tenemos como seres humanos el derecho intrínseco a creer en lo que queramos. En aquello que satisfaga nuestra sed espiritual. Siglos de luchas y ríos de sangre derramada por generaciones en diversos países y pueblos permitieron gradualmente la aparición de leyes que protegieran y permitieran a los hombres practicar la religión de su elección. En el entendido que practicar una religión conlleva implícitamente doctrinas y valores que se reflejan en las acciones de la persona.

      Ahora bien: los valores y doctrinas judeocristianas no son desconocidas para nadie en occidente. Como ya se dijo en párrafo anterior durante dos milenios han sido parte y forja de la civilización de nuestros pueblos ¿de dónde pues el repudio? ¿no es acaso libertinaje y ateísmo el origen de la intolerancia que reclama tolerancia?. 

     En días recientes conocida marca de ropa lanzó una campaña publicitaria por demás ofensiva y tendenciosa. En su perversión la compañía Bennetton fue capaz de alterar fotografías y poner falsamente a líderes políticos y religiosos “besándose” con sus enemigos o contrarios, implicando en su difamación una evidente promoción a la homosexualidad (y de paso tratando de intimidar a los creyentes que por razones naturales carecemos de poder y recursos para reconvenir sus ruindades). Nadie les pidió que lo hicieran.  

     Queda de manifiesto entonces que tanto en esta campaña como en las acciones continuas de los promotores intolerantes de la “tolerancia” hay un origen espiritual contrario a la fe. Un repudio a D-os, a su Palabra (La Biblia) y los valores divinos que de ella emanan. Podrán decir que no es cierto, que D-os no existe, que los creyentes inventamos todo y que somos un puñado de fanáticos. Aún así la santidad de D-os reprueba sus tinieblas y el aguijón de la verdad les recuerda su repudio por la verdad revelada.

     Tenemos pues en la llamada aldea global una “tolerancia de utilería” entre líderes y gobernantes. Un espíritu mundano, por tanto hedonista y materialista que ataca todos los días al pueblo de D-os (integrado por judíos y cristianos que aman a su Creador) y todavía como lo hiciera el Procurador romano Pilato, se lava las manos auto proclamándose defensor de las mejores causas y la democracia. 

     En resumen: creer en D-os casi nunca ha sido fácil. No obstante, el pueblo de D-os está obligado a presentar defensa de su fe. El costo de vidas hasta lograr normas que tutelaran y protegieran al creyente como ya se dijo ha sido demasiado alto como para no valorarlo siquiera nosotros mismos. Así que la tolerancia que piden los que no nos toleran a judíos y cristianos comprometidos realmente con nuestra fe, igual la pedimos. Tolerancia conlleva respeto al prójimo y los creyentes la exigimos. Ya lo dijo Yeshua en esa cita considerada el summum bonum de la ética bíblica y con esto me despido: «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas» (Mat 7:12). Shalom.

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El rabino Manuel Hernández Gómez es consejero espiritual de la AJMM. Es Abogado (Universidad de Guadalajara), tiene además Licenciatura y Maestría en Teología por la Universidad FLET de Miami.  Página web:  www.mhernandez.com.mx

 

e-mail: mahergo50@hotmail.com