MEDITANDO EN LA SINAGOGA
¿JUDAISMO A LA CARTA?
(Cuando el creyente impone las reglas y desecha las divinas)

M.T. Rabino Manuel Hernández Gómez


Todos hemos escuchado una y mil veces a otras personas decir cosas absurdas como estas: «¡Yo no creo que D-os sea así! ¡Yo creo que D-os debería hacer esto! ¡Yo creo que D-os no castiga ni creo en un D-os castigador! ¡Todos somos hijos de D-os! ¡D-os no sabe de estas cosas! ¿Pues qué no ve D-os lo que está pasando? ¿Si D-os es justo porque permite que yo sufra (o estas personas, este grupo, o este pueblo)? ¡Yo creo que D-os quiere que yo haga es esto! ¡Yo soy bueno: no mato, no robo, y no le hago un mal a nadie! ¡Yo voy a la sinagoga cuando puedo y D-os lo sabe! ¡Yo pago mis cuotas de la comunidad y estoy tranquilo con mi conciencia!». El lector podrá aumentar esta lista con expresiones semejantes que ha escuchado a lo largo de su vida.

       Del lado cristiano las cosas no mejoran en absoluto: «¡Yo no creo en el D-os del Antiguo Testamento, yo creo en el D-os del Nuevo Testamento! ¡Yo voy a misa cuando puedo pero siempre doy limosna y ayuda cuando me piden en el templo!» Pero si el creyente pertenece a alguna corriente derivada de la Reforma Protestante se escuchan otras frases: «¡Salvo siempre salvo! ¡No es por obras! ¡Pídele, eres hijo del rey, D-os te dará todo lo que le pidas con fe!, etcétera».

       De entrada lo primero que tenemos que señalar es que en casi todos los casos el hombre desecha o no considera la Palabra Divina, es decir, el criterio de D-os expresado en la Biblia, para anteponer el propio. Como dijera y reprochara el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer a la cristiandad europea sin compromiso de fe (asesinado por los nazis en abril de 1945): “La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra iglesia”.

       Resulta frustrante y doloroso ver que en las cosas de la fe unilateralmente las personas deciden qué es bueno y qué es malo, qué deben hacer y qué no deben hacer, desatendiendo la Biblia (o ni siquiera considerándola). Y si de pronto se acuerdan de la Escritura, son selectivos y aceptan solo aquello que les gusta de la Biblia, despreciando sin remordimiento ni reflexión alguna lo que D-os ya ha establecido.

       Analicemos algunos casos y las razones. En primer orden tenemos un generalizado desconocimiento bíblico del Ser de D-os. Paradójicamente en el siglo posmodernista, el de mayor información de todos los tiempos, es el de mayor desconocimiento de D-os. Es así que la persona a causa de su ignorancia se ha creado o inventado un D-os a su gusto, capricho y deseos, pero el Ser Todopoderoso auto revelado en la Biblia le es desconocido, no conoce sus atributos, tiene un concepto deformado de Él, no sabe que es inmutable, omnisciente, omnipresente, omnipotente, santo, justo, etcétera, de allí que le confunda o compare con algún dios mitológico griego o con el genio de la lámpara de Aladino (nomás para cumplir deseos y caprichos o para resolver emergencias y problemas graves).

       Al desconocer que el Creador es inmutable decide creer en “el D-os del Nuevo Testamento”, como si se tratara de otro D-os o que hubiera mejorado su carácter con el tiempo. En caso de pecar procura esconderse de la sociedad como si de Él hubiese sitio alguno para hacerlo. El rey David al entender estas verdades eternas escribió: “¿Y a dónde huiré de tu presencia...?” (Sal 139:7b). Es decir, ignora que el Señor es omnipresente.

       Cuando tiene algún problema difícil recurre al pariente, al amigo, al político, incluso al abominable pecado del ocultismo consultando a la bruja, las cartas, tarot, etcétera, desconociendo que D-os es Todopoderoso. ¡Aunque debemos aclarar que D-os se compromete con los que le aman y le siguen de todo corazón y desean pasar con Él la eternidad; no con los que le llaman tan solo para resolver sus problemas temporales!.

       En este diario acontecer, inmersos en la rutina y retos de la vida, otros que aseguran ser creyentes limitan también el poder y el conocimiento del Señor. Olvidan que D-os es omnisciente y en lugar de pedir de su sabiduría para resolver una situación complicada o tomar alguna decisión importante (escolar, familiar, empresarial, matrimonial, etcétera), recurren al “experto” o deciden por sí mismos resolver, metiéndose por lo general en mayores problemas. Y aun cuando las cosas en apariencia puedan salir “bien”, no necesariamente son la voluntad divina ¿Acaso El que creó el universo y todo cuando existe no podrá darnos el mejor consejo y salida para nuestros problemas y decisiones de la vida?

       El valor concedido a la Escritura es en todos los casos causa y efecto. Siendo la única voz confiable para el hombre por cuanto es D-os mismo quien le habla, lo cierto es que en la práctica la mayoría de los que se dicen ser creyentes (judíos o cristianos) tienen en poco el criterio divino y deciden siempre lo que se tiene que hacer, llevando esta errónea práctica hasta límites absurdos (rayando incluso en la blasfemia o el paganismo).

       La teología ha definido la Inspiración de las Escrituras como: “La plasmación lingüística de la intencionalidad de Dios”. En otras palabras “la expresión escrita del pensamiento e intenciones divinas”.

 

                                          Rollo de la Torá

       Siendo pues absolutamente confiables y eternas, no se comprende el menosprecio o desinterés de los muchos por semejante tesoro y guía divina. Con los labios se dice respetar a Moisés, los profetas y demás escritores bíblicos, y en la práctica ni siquiera se conoce realmente lo que escribieron guiados por el Ruach ha Kodesh (E.S.). ¿Acaso se ignora que únicamente en la Biblia quedó plasmado el mensaje Divino para rescatar y salvar al hombre caído?

       La gran diferencia entre la Biblia y el Talmud (como las vidas y comentarios de santos cristianos), es que la Biblia es D-os hablando al hombre, mientras que el Talmud y obras semejantes son comentarios del hombre acerca de D-os, y lo peor del caso es que muchos de estos comentarios además de ser opuestos totalmente al mensaje bíblico, otros son verdaderamente blasfemos o heréticos. Pero para poder entenderlo se requiere de manera obligada conocer íntegro el mensaje de las Kitvei Kodesh (Sagradas Escrituras―Biblia).

       Otra costumbre muy común es hacer las cosas y luego pedir a D-os que las bendiga. Muchas veces las cosas resultan bien por la sencilla razón de que no son contrarias a la voluntad del Señor (que no es lo mismo que buscar primero su guía), el problema es que muchas otras resultan adversas o complicadas y la persona se desespera buscando una solución de parte de D-os, cuando al iniciar jamás le tuvo en cuenta. Fue el hombre quien decidió y luego se niega a aceptar su responsabilidad.

                                                   Biblia del “Oso” (año de 1569)

 

       En otro aspecto hay quienes se jactan de no ir casi nunca a la sinagoga. Les basta con asistir a algunas fiestas, a ceremonias de bar o bat mitzvá de familiares o amigos, incluso de reunirse en shabat, aunque en una actitud secular o de simple tradición ajena a toda espiritualidad.

       El profeta Yeshaya (Isaías 29:13) advierte desde hace veintisiete siglos la esterilidad de una fe de exterioridades o de simples tradiciones: “Porque este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”, lo cual es ratificado por el Mesías (Mar 7:6-7)

       Aquellos cuya religiosidad se limita a la indumentaria, a determinado color o tipo de vestuario, afectos a la repetición de rezos y ciegos devotos de costumbres heredadas, por lo general carecen de una vida espiritual sana. Nunca han entendido que lo que D-os desea para ellos es salvarlos y transformar su vida. Nadie se ha salvado ni salvará por ritos y rezos. Quien concibe a D-os de esta manera no ha entendido para nada lo que es el verdadero judaísmo (o el cristianismo, dependiendo del caso).

Abraham, el primer patriarca, carecía de ritos y rezos, sin embargo amaba a D-os y obedecía sus palabras, capaz por tanto de dejar tierra, parientes, posición económica y social para salir y asentarse en una tierra desconocida esperando ser padre de un pueblo y una nación –conforme a la voluntad del Señor-, por eso la Biblia dice que es el “padre de la fe” (no de los ritos y los rezos).

       Todo creyente tiene que seguir de manera simbólica los pasos de Abraham. Tiene que dejar todo lo conocido según el mundo, es decir, lo aprendido en toda una vida según la tradición para renacer en lo espiritual. En el Brit Chadashá (N.T.) leemos un encuentro entre el anciano rabino Nicodemo y el Mesías Yeshua. El venerable rabino busca a Yeshua de noche y reconoce en él la guía y presencia Divina: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él…”.Sin embargo en lugar de escuchar al Mesías, Nicodemo se aferraba a su propia interpretación de las cosas divinas, a lo que la sociedad y los religiosos de su época le habían enseñado, por lo que  Yeshua le reconviene «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios» (Yohanán-Juan 3:2-3).

       Le era necesario «nacer de nuevo» para entender realmente la fe judía y la voluntad del Señor; como también le es necesario a todo judío o cristiano, de lo contrario se continuará por el ya conocido camino del judaísmo a la carta, del yo hago lo que yo creo, no lo que D-os ha dejado ya establecido en las Escrituras ¿Hay conciencia siquiera en el mundo judeocristiano que D-os ya dejó desde hace miles de años su voluntad para nosotros? ¿Qué la Biblia ha regido la fe de judíos y cristianos por siempre sin necesidad de cambios ni actualizaciones al tratarse del único libro actual en tiempos cambiantes?

       Yeshua lo dijo y muy claro “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mat 24:35). Alguien incluso puede negar total o parcialmente el mensaje de la Biblia utilizando conceptos filosóficos de aparente profundidad, sin embargo son meras opiniones del hombre frente al mensaje Divino revelado. Punto.

       El filósofo y teólogo judío Martin Buber consideraba que cada generación decide su fe y destino frente a la Biblia:  Cada una de ellas debe luchar a su turno con la Biblia y ceder ante ella. Las generaciones no están de ningún modo siempre preparadas para escuchar lo que el libro tiene que decirles y obedecerle; muy a menudo se molestan y se portan en forma desafiante…” (Ensayos sobre la crisis de Nuestro Tiempo, pág. 99).

 

Ultra ortodoxos se enfrentan a la policía israelí

 

     Estamos igual que en la época de los profetas. La fe era tan solo una tradición heredada, superficial y sin vida espiritual. Cuando D-os les enviaba alguno de los profetas para que les llamara la atención, líderes y pueblo se molestaban: “Aborrecisteis al reprensor en la puerta…”.

       Quiera el Señor en su gracia seguir tocando el corazón de su pueblo. Que su Espíritu exhiba y acabe con ese judaísmo (o cristianismo) a la carta donde cada quien escoge lo que le gusta y agrada y cambiar esa actitud caprichosa por corazones humildes que den cabida a su amor de tal forma que el reino de los cielos abra de par en par sus puertas a la Casa de Israel ¡Amén!.

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El rabino Manuel Hernández Gómez, es consejero espiritual de la AJMM. Es Abogado (Universidad de Guadalajara) tiene además Licenciatura y Maestría en Teología por la Universidad FLET de Miami.    

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