Meditando en la Sinagoga
Señales bíblicas para el retorno del Mesías

M.T. Rabino Manuel Hernández G.


A finales del mes de abril una nueva cepa de virus de influenza apareció en México y países de Norteamérica. Agobiada desde antes la población por una severa crisis económica desde finales del año 2008 (los precios del petróleo habían bajado a casi una tercera parte, la balanza de pagos mes a mes resultó deficitaria, la tasa de desempleo creció, teniéndose además la deuda pública más grande de toda la historia): la llegada de la epidemia paralizó en muchos sentidos a la población.
      Las medidas tomadas por las autoridades de salud si bien fueron las correctas desde el punto de vista médico, lo cierto es que sus efectos políticos y económicos han resultado casi catastróficos. Para gran parte de la comunidad internacional los mexicanos de pronto pasaron a ser personas “non gratas”. Una especie de foco de contagio por el simple hecho de ser mexicano. Las vejaciones para los viajeros de nuestro país se pusieron a la orden del día en muchos aeropuertos, sobre todo en China y otros países de oriente (que hace algunos años tuvieron un grave brote de “Influenza aviar” mismo que ocultaron hasta que la montaña de defunciones les obligó a reconocer el problema). Es decir: se comenzó a ver “la paja en el ojo ajeno”.
      Quizá peor, con evidente dolo, en algunos países se le nombró “el virus mexicano” no obstante que la Organización Mundial de la Salud le denominó virus A-H1N1, lo cual nos recuerda la vieja historia de que en tiempos de crisis los gobernantes buscan los “chivos expiatorios” en los cuales descargar los miedos y descontentos sociales.
      En México por la misericordia de Dios y debido a las medidas sanitarias tomadas de manera enérgica, la epidemia que amenazaba con ser terrible pronto fue controlada y el número de muertes se redujo a 68 (estadística oficial al día 02/junio/09), cuando la misma OMS aseguró que de no haberse actuado a tiempo las defunciones superarían las 8 mil.
      Desde otro ángulo, por lo general cuando la humanidad pierde sus equilibrios y comodidades a causa de calamidades o plagas –de cualquier tipo-, los individuos reflexivos buscan la causa. El libro de los Proverbios nos ofrece una instantánea de la actitud de los hombres ante este tipo de eventos: “...Los hombres malos no entienden el juicio; mas los que buscan a Dios entienden todas las cosas” (28:5).
      Como algunos de los lectores asiduos de esta columna lo saben, su servidor también he ejercido el periodismo por muchos años. En reciente reunión con algunos compañeros de oficio, una persona me preguntó con evidente inquietud e interés, que si la actual epidemia se podía considerar como un castigo divino. Como nos encontrábamos en medio de una entrevista y no queriendo tomar el tiempo del invitado, le contesté de manera escueta y unos días después le mandé una respuesta amplia (con copia a todos nuestros compañeros), la cual comparto con los lectores de Chalutzim:

   “...Estimada amiga, el sábado pasado (24/Abril/09) me preguntaste públicamente que si la epidemia de INFLUENZA ("Influencia" -dijera Fox) era un "juicio divino". Como no quería tomar el tiempo de los invitados y esperando la anuencia de nuestros compañeros -que no la tuve-, escuetamente te respondí que si fuera juicio Divino no quedaríamos "títere con cabeza". De acuerdo a los relatos bíblicos cuando la humanidad rebelde y pecadora hastía la paciencia y misericordia de Dios; cuando no se da muestra alguna de arrepentimiento y deseo de reconciliarse con el Creador, el Señor dentro de sus justos juicios y por cuanto él sí NO PERMITE LA IMPUNIDAD como la mayoría de los gobiernos de la Tierra: es entonces y sólo entonces, cuando Dios enjuicia a la humanidad o algún pueblo(s) en particular.
    El juicio sobre la humanidad por medio del Diluvio (a causa del descreimiento y la maldad generalizada), así como el juicio sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra (a causa de los pecados sexuales y el desenfreno) son ejemplos específicos de juicio divino. Nadie escapó, excepto aquél remanente de justos y justificados que amaban y temían a Dios (temerle no
significa tenerle miedo).
    El pueblo judío en la antigüedad sufrió en distintas ocasiones el juicio de Dios a causa de la impiedad y pecado generalizado (¡La Humanidad del siglo XXI no tiene nada que envidiar ni de qué admirarse; a mi entender los hebreos de la antigüedad eran meros aprendices de pecadores!). Algunos de estos juicios se tradujeron en el cautiverio por los asirios y posteriormente el cautiverio babilónico.
    De manera pues y tratando de resumir, definitivamente no se trata de un juicio divino, el cual de acuerdo a las Sagradas Escrituras está reservado para el día final, cuando el Mesías de Israel (Jesús de Nazareth) traiga a cuentas las acciones humanas. El sábado te decía que Dios tiene un pueblo y que en la antigüedad sacó ese pueblo de Egipto utilizando 10 plagas como señal para los egipcios.
     Bíblicamente y a partir de la aparición pública de Jesucristo, de la predicación de su mensaje de Buenas Nuevas y de su obra redentora (que se corroboró con su resurrección gloriosa): Dios ha incluido entre su pueblo a los cristianos. Originalmente el pueblo judío fue llamado para ser "testigo de Dios" entre las naciones de la Tierra -dice Isaías-. En ocasiones sí lo logró, en ocasiones fue pésimo ejemplo. Igual ha sucedido con la Iglesia, la cual se integra de todas las expresiones cristianas alrededor del mundo. La cristiandad en ocasiones ha reflejado la luz y amor del Señor, sin embargo en otras, Inquisición, ambiciones políticas de cleros corrompidos, ministros pederastas, y pueblos desenfrenados por el pecado han y hemos sido también anti testigos. 
     La cuestión es que así como la paciencia Divina tiene un límite, los tiempos ya determinados nos advierten por medio de la profecía bíblica que la liberación del verdadero pueblo de Dios está cercano. En ese tiempo los ángeles de Dios levantarán al verdadero pueblo del Señor el cual es comparado con el trigo (arrebatamiento o rapto) y las multitudes de falsos creyentes quedarán para ser enjuiciados, Jesús les comparó a la cizaña ¡parecen trigo, pero no lo son!. Otra parábola de Jesús dice que es necesario dar fruto y los rezos y la religiosidad exterior no son frutos. Es necesario nacer de nuevo, es decir, una operación espiritual donde el pecador irredento es transformado mediante la obra del Espíritu Santo. En teología se llama santificación y es un proceso que dura desde la conversión del pecador hasta su encuentro con Dios al final de la jornada. 
     No queriendo extenderme más, solamente te comparto que una de las grandes doctrinas de la fe judeocristiana es elRetorno del MESIAS. El Credo Apostólico lo incluye en su summa teológica "Y DE NUEVO VENDRA CON GLORIA". La Biblia lo anuncia repetidamente tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento. El problema es que la mayoría de los que se dicen cristianos no lo creen. Les suena a fantasía. Claro, le creen a la televisión, le creen a Hollywood, a los que hablan de extraterrestres, de esoterismo, bueno, le creen hasta los políticos...., que ya es mucho decir, no se diga en este presente postmodernista sumido en el descreimiento, el hedonismo y el materialismo.
     El principal profeta que anuncia ese retorno es el propio Mesías Jesucristo. En el Evangelio de Mateo (cap. 24) nos vaticina y describe un cuadro muy preciso de las señales previas a su retorno, que espero que con esto tu inquietud sea satisfecha y sea causa de profundizar mas en tu fe:

1) La aparición de falsos "mesías" que engañarán a muchos (¿Te acuerdas de Jim Jones, David Koresh, y otros?.

2) Guerras y rumores de guerras.
3) Pestes (¿acaso no han aparecido nuevas como el ébola, SIDA, algunas de las tradicionales como el cólera, y ahora la INFLUENZA PORCINA -que ya es "humana").
4) Hambrunas (la crisis alimentaria y ciertas hambrunas que hay en el planeta te dicen algo?)
5) Terremotos (haz memoria de los últimos años y suma su intensidad y estragos y te darás una mejor idea de lo que está sucediendo).

6) Que los días del retorno serían parecidos a los días de Noé y a los días de Lot, es decir, incredulidad y perversión sexual generalizada.

     Jesús dijo que
<<el cielo y la tierra pasarían, pero sus palabras no>> (v.35). Y sabes una cosa, yo si le creo al Señor todo lo que dijo, no así a los políticos ¿Por qué será?. Con mi afecto y respeto (para tí y para todos nuestros compañeros). Guadalajara, Jal. 30 de abril de 2009.
                                                                  Mtro. Manuel Hernández Gómez

      Un par de días después esta persona contestó mi carta agradeciendo la explicación y la enseñanza. ¿Judíos y cristianos estamos dando respuestas adecuadas a las almas inquietas ante los sucesos y señales que agobian a la humanidad? ¿De ser afirmativa estamos dando las respuestas conforme a las Sagradas Escrituras o en base a nuestro criterio personal?.
      El mensaje divino jamás debe ser diluido con los criterios del hombre, no se diga en estos tiempos en el que los inquietos y entendidos buscan con anhelo el sentido existencial. Con esto en mente, el prolífico escritor británico J.I. Packer hace una excelente comparación acerca del uso e importancia de la pureza doctrinal. El dice que “los teólogos son los especialistas en el tratamiento de las aguas residuales de la iglesia. Su rol es detectar y eliminar la contaminación intelectual y asegurarse, en lo posible, de que la verdad vivificante de Dios fluya pura y sin veneno a los corazones de los cristianos”.
       Sabemos que la inmensa mayoría de la humanidad no busca a Dios ni quiere saber nada de Él. Entre estos hay muchos que han perdido toda raíz de fe al poner sus ojos en los líderes humanos y no en Dios mismo. Otros más aseguran tener “fe” y hacen ostentación de exterioridades religiosas, sin embargo carecen de cimientos y vida espiritual. Lo más lamentable es que muchos que en verdad se consideran o son creyentes genuinos, viven como el resto: ¡inmersos en el materialismo y hedonismo que les rodea!.
      Al referirse a las personas del siglo XXI, el Dr. Packer señala que la mayoría se sienten perdidas y a la deriva, para luego hacer la siguiente reflexión: “...Puede parecernos extraño que así sea en una época en la que tenemos más control sobre las fuerzas de la naturaleza que nunca. Pero en realidad no es así. Es la sentencia de Dios, la cual nos hemos echado encima tratando de sentirnos demasiado en casa en este mundo. Porque eso es lo que hemos hecho. Nos negamos a creer que uno debería vivir para algo más que la vida presente  ...Hemos tratado a este mundo como si fuera el único hogar que jamás poseeremos y nos hemos concentrado exclusivamente en arreglarlo para nuestra comodidad. Pensamos que podíamos construir el cielo en la tierra. Ahora Dios nos ha juzgado por nuestra impiedad” (Ibid).
      Además de las señales ya mencionadas y profetizadas por el propio Yeshua acerca de su glorioso retorno, en el Evangelio de Lucas se nos hacen algunas exhortaciones complementarias: “1) que miremos por nosotros mismos, 2) que cuidemos de no caer en glotonería y embriaguez, 3) de nos cuidemos de los afanes de esta vida, 4) que velemos y permanezcamos orando, 5) que el día de Su retorno vendrá como lazo para todos los habitantes de la faz de la Tierra (21:31-36).
       Todo lo anterior, pero sobre todo nuestra fe en Dios debe mantenerse alerta y encendida la llama de su amor en nuestro corazón. Aquellos de nuestro prójimo que tengan en verdad temor de D-os podrán ver en las vidas de judíos y cristianos comprometidos con el reino del Mesías la auténtica esperanza. No vivimos para lo pasajero sino para lo trascendente. Hemos entendido los propósitos de D-os para nuestra vida y para la humanidad, por tanto nuestro llamado es de amor; amor que se refleja hacia nuestro prójimo, con miras altas puestas en el Autor y consumador de nuestra fe ¡YESHUA HA MASHIACH!. Sólo en él y con él, la vida cobra sentido. SHALOM.

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El rabino Manuel Hernández Gómez es consejero espiritual de la AJMM. Es Abogado (Universidad de Guadalajara) y tiene Licenciatura y Maestría en Teología por la Universidad FLET de Miami. www.mhernandez.com.mx

e-mail: mahergo50@hotmail.com

J.I. Packer: Los Planes de Dios para su Vida, Editorial Patmos, USA 2004, pág. 12.