Editorial


  El ser humano sin D-os por mucho que se esfuerce y ufane, su bondad es muy limitada, incapaz de cambiar el corazón de los hombres y traer armonía fraternal genuina. Como todos sabemos, el siglo de la posmodernidad lejos de aportar una mejoría en la conducta y convivencia en la aldea global, como se regodean y ufanan muchos de sus defensores, lo cierto es que se ha convertido en una guerra de todos contra todos y en casi todos los órdenes. En una pauperización moral y espiritual en grado de indigencia.

     Los de la supuesta izquierda atacan a los de la derecha, los trabajadores a sus patrones, los gobiernos a sus gobernados, las feministas a los machos, los machos a las feministas, algunos hijos a sus padres, algunos padres a sus hijos, las trabajadoras domésticas a sus patronas, las patronas a sus trabajadoras, los delincuentes a los ciudadanos pacíficos, los vándalos a los que crean y trabajan, y un larguísimo etcétera.

     Lo peor de todo es que entre los que debieran ser luz en una sociedad en caos y tinieblas espirituales, nos referimos a ciertos líderes religiosos, no pocos de ellos están envueltos en escándalos y juicios a causa de sus condenables conductas, trayendo desprestigio a la fe (aunque ésta no tenga nada que ver con sus horrendos pecados) y rechazo para los que desconocen el mensaje revelado.

     Y si a esta situación le agregamos los estragos y muertes ocasionados por la pandemia de coronavirus, que dicho sea de paso, día con día crece en contagios, muerte, salud mental, daños a la economía, a la productividad, educación, turismo, transportes y que son muy pocos los países que han logrado revertir esta horrenda plaga anunciada proféticamente por Yeshua (Mat 24:7) las cosas empeoran.

Un cuadro como se aprecia nada esperanzador desde la perspectiva humana, al que habrá de agregarse la amenaza de guerras y si se toma en cuenta el arsenal que poseen algunas naciones, lo cierto es que al mundo lo podrían destruir varias veces.

     No obstante, D-os nos tiene buena nuevas para los que creemos y los que deseen creer y arrepentirse. Entre sus muchos atributos sabemos que D-os es inmutable, en la Biblia leemos que “Yeshua ha Mashiach es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb 13:8), “Porque yo Yahwéh no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos” (Mal 3:6). Y por cuanto D-os es el mismo y no cambia, su amor y deseo que el ser humano pecador se salve;que el que no le conoce se arrepienta y salve se mantienen firmes.

     No obstante que haya guerra de todos contra todos, que los políticos y los vividores de tan importante tarea engañen y opriman a los pueblos, que en las relaciones laborales haya abuso de una u otra parte, que haya problemas en muchas familias, que la violencia y la maldad continúen creciendo y los gobiernos no puedan o no quieran hacer valer la ley, a pesar de éstas y muchas otras cosas que afligen a los hombres, todavía D-os es D-os y lo es para siempre.

     Todavía hay tiempo para que se le busque pues él se dejará encontrar por aquellos que le buscan de todo corazón. Y aunque el cierre del telón en la comedia humana está pronto a ser bajado, el corazón del Señor anhela por aquellas almas que infelices ante lo que les rodea anhelan una vida mejor, que intuyen que espiritualmente hay algo mejor y más elevado que todavía no han descubierto; a ellos el Señor está esperando con su amor paternal para rescatarlos del juicio que se avecina. A estos les dice: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jer 31:3) ¿Es tu caso lector? Corre a los brazos de tu Padre celestial, pídele que perdone tus pecados y abre su corazón para que venga a reinar en él para siempre.Shalom.