MUJERES JUDIAS
LA OBRA DEL RUACH HA KODESH EN EL CREYENTE

Rebbetzin Celia C. de Hernández


El cantor de Israel, el amado rey David, inspirado por el Espíritu al contemplar la grandeza del universo y la hermosura de la Creación divina, se pregunta extasiado: "Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites" (Sal 8:4).

Es maravilloso y nunca dejará de sorprendernos el hecho de que D-os nos visite con Su presencia, que nos muestre su amor a través de la obra de su Espíritu entre nosotros y en nosotros. El Ruach ha Kodesh (E.S.) conoce nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y todo cuanto hacemos le es conocido. David entendió esto, por esto en el salmo (139:7) exclama convencido: "¿A dónde me iré de tu espíritu?¿Y a dónde huiré de tu presencia?.

Pero lo más hermoso y alentador es que D-os desea obrar en nuestra vida para enseñarnos el verdadero camino existencial y protegernos, como escribiera Jacobo en su epístola: "El Espíritu que el ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente" (Sgo 4:5).

TIEMPO DE CRISIS ESPIRITUAL

       En tiempos de crisis, de pecado individual y nacional, D-os oye el clamor de sus hijos que gimen a causa de tanta maldad. Los incrédulos ignoran que hay un mundo espiritual en actividad, para bien y para mal. El primero no lo conocen porque niegan la existencia del Creador (con sus palabras o sus hechos). Del segundo son parte activa y la mayoría ni siquiera está consciente. Ante esta situación por demás terrible, el Señor le advirtió a Israel en el pasado (y lo sigue haciendo en todas las épocas): "Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, o oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra" (2 Cr 7:14).

Por desgracia no se observa a nuestro alrededor que la gente busque a D-os ni sentirse mal por su vida desordenada. El rey David luego de su adulterio con Betsabé se humilló delante de D-os arrepentido: "No me eches de delante de ti, y no quites de mi tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación y espíritu noble me sustente" (Sal 51:11-12).

¿Acaso no necesitamos con urgencia clamar los creyentes para que venga la «lluvia tardía» que el Señor prometió a través del profeta Joel (Yoel)? Un derramamiento de su Espíritu para que podamos su pueblo permanecer fieles en la fe ante la crisis y la tormenta que se avecina contra la humanidad.

Tormenta que de acuerdo a la profecía bíblica (y como consecuencia de la maldad e incredulidad humana) será de dolor, de hambre, de sangre y violencia, de soledad en medio de la multitud, en la que el espíritu agobiado del hombre gemirá buscando respuesta a sus muchas aflicciones, a su soledad, desesperanza y tristeza.

TIEMPO DE ARREPENTIRSE

       En la epístola de Yohanán se nos advierte: "Hijitos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Yeshua ha Mashiach (Jesucristo) el justo" (1ª Juan 2:1). ¡Qué hermoso y esperanzador! En el entendido de que todos pecamos, nuestra fe se fortalece al saber que como abogado defensor, el Mesías actúa a favor nuestro por medio de su E.S.. Me temo sin embargo que algunas veces no consideramos su ayuda y su presencia. Que en cada circunstancia de nuestra vida El Ruach ha Kodesh está dispuesto a conducirnos bajo su guía y sabia dirección. Lamentablemente con frecuencia dependemos de nosotros mismos y vienen los tropiezos. Los lamentos innecesarios.

EL ESPíRITU SANTO TESTIFICA A NUESTRO ESPIRITU

       "El Espíritu del Señor testifica a nuestro espíritu que hemos pasado de muerte a vida" (Juan 5:24), señala la Palabra; como también nos enseña o recuerda que ya no somos esclavos para vivir en temor "sino que hemos sido adoptados como hijos por lo cual podemos clamar, ¡ABBA. Padre!" (Rom 8:15, paráfrasis).

El E.S. está en el creyente como una gracia y presencia del Señor que habita en su interior, aunque más que para sentir para santificar y afirmar al creyente en la gracia Divina, en ese proceso de cambio que dura toda nuestra vida «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo?» (1ª Cor 6:19).

Me maravilla de sobremanera el amor de D-os, que por medio del profeta Isaías nos pide a sus hijos (judíos y cristianos) que "quitemos los obstáculos que hay en nuestro corazón, que quitemos todo tropiezo para que el Todopoderoso, el Alto y Sublime, el que habita desde la Eternidad, el Santo (términos con los que se refiere el profeta a D-os): pueda habitar con el quebrantado y el humilde de espíritu" ¿Para qué?: "Para hacer vivir el espíritu de los humildes y vivificar el corazón de los quebrantados, con el que tiembla ante su Palabra con un temor y amor reverente" (Paráfrasis mía –cap. 57:14-15).

EL ESPIRITU DE D-OS NO DESCANSA

       Así que su Espíritu no descansa hasta hacer reconocer al hombre sus pecados con la intención de que se arrepienta y viva eternamente. Todos los creyentes necesitamos también de su guía e instrucción para tomar las decisiones correctas en la vida, así como los niños la requieren en la escuela. De el Espíritu Santo nos viene la sabiduría para entender nuestro peregrinaje terrenal, siendo la Palabra Divina (Biblia) la que nos aporta esa sabiduría.

El Ruach ha Kodesh no es una "paloma" como muchos cristianos ingenuamente creen (como tampoco Yeshua es un cordero). El Espíritu descendió del cielo a la manera de las palomas, pero no es un ave, es D-os mismo que viene a morar en nosotros, de ahí la necesidad de mantenernos puros y en comunión con El para no contristarlo. El rabino Shaul escribe que "Siendo Señor del cielo y de la tierra, Dios no habita en templos hechos por manos humanas" (Hechos 17:24)

El Espíritu del Señor es nuestro maestro de tiempo completo, el nos guía a toda verdad (Juan 16:13), nos protege de extraviarnos en un mundo dominado por complejas y retorcidas filosofías huecas, de religiones falsas y confusas que entontecen (y hasta enloquecen) a las masas, privándoles del amor del D-os que se Revela al mundo para paz y salvación.

La Escritura nos enseña que la voluntad divina es que nos mantengamos en la esperanza de sus promesas en las cuales esperaron patriarcas y profetas. Que esperemos confiados en el cada vez más cercano establecimiento del reino del Mesías (Yeshua) y llevemos ese mensaje de amor y esperanza a todos aquellos que deseen realmente escucharlo.

Que estemos atentos para no caer en los engaños de tanto embustero, en tanto palabrero que desde el pensamiento o la religión hacen tropezar a tanta gente con sus falacias. Estamos conscientes sin embargo que aunque no somos perfectos, ni tu amiga lectora o tu varón que lees esta sección, el Espíritu del Señor es fiel para ayudarnos y sostenernos. El nos mostrará nuestras faltas, que además de perdonarlas nos ayudará con su gracia a no caer de nuevo (o cuando menos intentarlo hasta que logremos vencer en esa área).

¿Qué sería de nosotras sin la presencia y obra del Espíritu Santo? Aunque no siempre estamos conscientes de su presencia, debes saber que si ya le diste tu corazón, si ya te quebrantaste en su presencia a causa de tus pecados, y si ya te humillaste también ante su presencia y su gloria: ¡goza del amor de D-os, sábete amada (así nos dice su Palabra), perdonada, redimida!. Permitamos que su Espíritu nos vaya transformando día con día a imagen del Mesías.

Pidámosle todas con fe y sinceridad, que la promesa de la «lluvia tardìa» anunciada por el profeta Joel, se derrame en la vida de todos los judíos, que la visitación de su Espíritu se manifiesta en nuestras familias y en la Casa de Israel. En la medida que el Espíritu Santo que guió a los Patriarcas, Moisés, los Profetas y los Apóstoles, se derrame sobre nuestras familias y pueblo, podremos vivir de manera victoriosa y por encima de tanta adversidad. Podremos glorificar el Nombre del D-os de Abraham, Isaac y Jacob en medio de tanta incredulidad y de paso seremos bendecidas, nosotras y nuestras familias. ¡Que D-os te bendiga mi querida amiga y hermana en la fe!.

"Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que lo pidan?" (Luc 11:13).
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La rebbetzin Celia C. de Hernández, es consejera espiritual de la AJMM
E-mail: celiah51@hotmail.com