EL AGÓRA TEOLÓGICA
La Resurrección en el Judaísmo

M.T. Rabino Manuel Hernández G.


Las tres doctrinas fundamentales para judíos y cristianos son: "caída, redención y resurrección". Por supuesto que hay muchas otras, pero estas son la columna vertebral de nuestra fe. Si no se hubiese dado la caída, ¿para que necesitábamos un Mesías?, y si no fuésemos pecadores ¿de qué nos redimía Yeshua a precio de su misma vida? Finalmente, si no existiese la resurrección, nuestra fe sería el fraude más grande en la historia de la humanidad.

Para bendición nuestra (y de todo aquel que crea de todo corazón y rinda su vida al Mesías) la resurrección es tan real como el aire que respiramos y el planeta en el que el que estamos. Siendo la muerte una maldición, la consecuencia de la rebelión de nuestros primeros padres en Gan Edén, el Mesías Yeshua como segundo Adán, sin pecado y obediente al Padre en todo ¡Baruch haShem!, venció a la muerte al redimirnos a los hombres caídos y pecadores, abriendo las puertas a nuestra reconciliación con D-os por medio de una segunda y perfecta Pascua.

Pascua en la que el cordero sin mancha ni defecto fue él mismo, por eso les dijo a cohaniím y soferiím en el Templo de Yerushalayim días antes de ser sacrificado: “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (Yohanán-Juan 8:46). El mismo se ofreció como Pascua perfecta y eterna para que su pueblo fuera liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte.

Pero su muerte además de traernos la salvación eterna, venció a la muerte misma, pues al tercer día resucitó con un cuerpo glorioso e indestructible. Dice la Escritura: “Mas ahora en Mesías ha resucitado de los muertos; primicia de los que duermen (han muerto) es hecho” (1a Cor 15:20).

Miles de judíos de buen testimonio le vieron ya resucitado (el cristianismo como tal aparecería muchos años después) y corroboraron el gran milagro. El apóstol Tomás, fiel y devoto comprometido, mantuvo sin embargo su escepticismo ante el anuncio de la resurrección de Yeshua. Cuánto dolor le produjeron sus propias palabras una vez que ve a Yeshua resucitado y tiene que postrarse avergonzado a causa de haber dicho: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos..., y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:25).

En el Tanaj encontramos la Resurrección como la gran promesa final y eterna para el judío: “Tus muertos vivirán: sus cadáveres resucitarán ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará a sus muertos” (Yeshaya-Isaías 26:19) (otros textos son: Yejezquel-Ezequiel 37:11-14, Daniel 12:2, etc), no obstante, la incredulidad siempre ha campeado entre nosotros en mayor o menor medida. En la época de Yeshua fariseos y esenios creían firmemente en la resurrección, en cambio los saduceos (la mayoría de ellos poderosos y auto considerados “intelectuales”) negaban la resurrección. Ante esta negativa cabe la sencilla pregunta: ¿Si no hay resurrección para qué cosa podría servir la fe judía? ¿Cómo mera filosofía o postura moral? Ante esto rab Shaul afirma con sarcasmo: “si no hay resurrección comamos y bebamos que mañana moriremos” (1a Cor 15:32, paráfrasis).

Si Abraham compró a un alto precio la cueva de Macpela para sepultar a Sara es justo por la esperanza de la resurrección. Igual sucedió con los reyes y grandes hombres en la historia de Israel.

Si no creyésemos en las promesas de D-os, entre ellas la resurrección como culminación a lo que creemos, nuestra fe carecería de todo sentido. De hecho nos expondría a los abusos de los impíos sin razón alguna. Durante la época bíblica el judío piadoso siempre creyó en la resurrección puesto que D-os -como lo afirma la Escritura- es un Dios de vivos, no de muertos. Ya en la era común, después de la destrucción del Templo en el año 70 y del cambio del judaísmo sacerdotal al rabínico, se careció de un liderazgo teológico estable y las fluctuaciones en las creencias milenarias comienzan a ser una constante. No olvidemos que talith y kipá no hacen un rabino avalado por D-os; cuando mucho señalan a quien detenta un cargo religioso. Hasta ahí.

Gabija Ben Pasisa, portavoz de la judeidad en Israel durante el siglo IV afirma la creencia en la resurrección y reta a los incrédulos: “Si lo que nuca antes existió puede existir, ¿por qué no puede revivir lo que alguna vez existió?” (Alfred J. Kolach, El Libro del Por qué en el duelo judío, pág. 297). El propio Kolach, egresado de la Yesshivá University y del JewishTeológical Seminary de America, afirma que la resurrección “fue la posición tradicional judía durante muchos siglos” (Ibid).

No es sino tardíamente (siglos 11 y 12) en que Yehudá Halevi y Moisés Maimónides contaminan esta milenaria doctrina judía con conceptos ajenos a la Biblia. Uno poeta y el otro médico y filósofo desconocían la ciencia teológica, sus conceptos carecían de la indispensable hermenéutica, pasaron por alto que la Biblia se interpreta al amparo de sí misma y no requiere de conceptos ni argumentos ajenos. D-os busca quien responda a su amor y crea a su Palabra; no quien lo “interprete”. La Escritura dice que Dios “prende a los sabios en la astucia de ellos” (Job 5:13), texto que muchos siglos después aplicara con certeza rab Shaul: “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos” (1a Cor 3:19).

Querer llegar a D-os con aires de intelectualidad es poco sabio y pretender saber más que Él es la necedad. Si D-os diseñó y creó todo cuanto existe, si en su amor nos puso a los humanos en un sitio de altísimo honor con la intención de compartir eternamente su reino con nosotros, se requería necesariamente de un plan de rescate, plan en el que laRESURRECCIÓN es corona y demostración de su gracia, poder y amor para con su pueblo. En síntesis: el judaísmo recoge la revelación Divina, revelación que culminará con la resurrección de todos los justos de todos los tiempos para disfrutar, entonces sí, del reinado eterno del Mesías de Israel ¡YESHUA HA MASHIACH!