MEDITANDO EN LA SINAGOGA
CRECE LA MALDAD Y EL DESAMOR

Rabino Manuel Hernández G.


El Mesías lo profetizó hace dos milenios y hoy lo vemos y padecemos en el mundo entero: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mat 24:12). No podemos cerrar los ojos a todo lo que sucede, la realidad nos aplastaría. Y es que a medida que avanza la cuenta regresiva para su glorioso retorno, somos testigos sufrientes e impotentes ante tanta maldad y violencia que nos oprime de formas diversas; parte agraviada de una humanidad descreída, violenta y carente de amor, en la que hay más cuidado y respeto por las mascotas que por una persona.

Resultado de imagen para violencia en estados unidos Los asesinatos en no pocos países (incluido por supuesto México) son el pan de angustia cotidiano. El nuevo hombre anunciado por Nietzche y socios en su falsa propuesta filosófica nunca llegó. Lo cierto es que nos hemos topado con el mismo viejo hombre caído en GanEdén (Paraíso); la cuestión es que habiendo apostatado este hombre de la fe en el D-os de Israel (revelado a través de la Biblia de manera universal) se ha levantado como lobo del propio hombre. Una versión moderna y posmoderna alejada de las virtudes y agregada de maldades y perversiones sin límites.

Los que somos más viejos no damos crédito a tanta maldad y perversión que imperan en el mundo. Partiendo de la microhistoria, de la “matria” (como decía el historiador Luis González y González), y recordando los años cincuenta, sesenta, y parte de los setenta en esta ciudad de Guadalajara en la que nací y siempre he vivido; las puertas de todas las casas se abrían de par en par en la mañana y se cerraban en la noche. Cuando la familia se retiraba a dormir.

Durante el día cualquiera podía entrar, la fauna de ladrones que hoy azota esta ciudad y muchas más alrededor del planeta noexistía. Una casa cerrada era anuncio de que no había nadie (esas eran las que corrían la posibilidad de ser robadas); la vida e integridad de las personas estaba a salvo; los ladrones se interesaban por el dinero y los objetos, no en dañar a nadie.

Este respeto se ha perdido, hoy nadie está a salvo de la maldad, que no solamente puede venir de los delincuentes, por cierto que no. Esta sociedad sin D-os es capaz de cualquier cosa; dominados por el hedonismo y el materialismo, los pupilos de Narciso solo miran por sus deseos y ambiciones desmedidas, por complacerse a sí mismos al precio que sea. No importa que el otro sea despojado, humillado, herido, o muerto, sus perversos deseos tienen que ser satisfechos. A eso se refiere la Escritura cuando dice “porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Tim 6:10).

Si ampliamos la lente para ver el problema, la panorámica crece y abarca casi todas las áreas en las que la humanidad se desenvuelve: desde la política hasta el hogar, desde la cátedra hasta la mente más rústica. El Tanaj lo advertía ya desde hace tres milenios: “Todos se desviaron, a una se han corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”(Tehiliim-Salmos 14:3).

La maldad y el desamor por el prójimo es una realidad en casi todos los gobiernos del mundo y sin importar el credo ni la ideología (si es que existe). El gobernado se ha convertido para el gobernante en simple peón de ajedrez, en esclavo que satisfaga sus ambiciones desmedidas. Ante la prensa aseguran una cosa, sin embargo en sus acciones la mayoría demuestra totalmente otra. Dinero y poder son a final de cuentas lo único que parece importarles, pasando por alto la ley Divina como la humana, repudiando la primera y burlándose de la segunda (aunque protesten cumplirla), propiciando en su falsía sociedades dolidas y temerosas a causa de tanta corrupción y violencia, ni qué decir de la pobreza y falta de esperanza. Si el estado se dedica a delinquir, a buscar satisfacerse a sí mismo, ¿qué esperanza puede tener el ciudadano común?

Areas que por siempre se consideraron sanas y ajenas a la maldad, actualmente son parte del problema. Médicos sin escrúpulos que operan sin necesidad, que dañan al paciente en su cuerpo y en su economía (muchas veces orillándole a que se endeude sin ser necesario) son cosa de todos los días. Ingenieros que cobran una calidad de material en las construcciones y ponen otra de inferior precio. Maestros incrustados en la educación que no enseñan nada que no sea su miseria moral e ignorancia.

Bueno, hasta la religión se ha poblado de bucaneros ambiciosos y sin temor alguno de D-os, haciendo de la fe un simple oficio para buscar las riquezas materiales. Capaces de cualquier desviación a causa de su ambición y descreimiento, no dudan en establecer tarifas a las cosas santas (simonía), como tampoco dudan en inventar manifestaciones pseudoespirituales ajenas a las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, que además de alejar al pueblo de D-os de la fe y la sana doctrina, le llevan al despeñadero de la desviación y la apostasía.

El terrorismo religioso como todos sabemos se encuentra desatado y sin visos de ser detenido, pues el islam (origen y causa de esta terrible plaga criminal y sangrienta) es una religión de odio y fanatismo ¿Cómo detener esta sed satánica de sangre, cuando para el Corán judíos y cristianos somos infieles y enemigos de su credo y su gente; cuando en sus enseñanzas se incita al musulmán a que cometa violencia contra nosotros? Solo los que no han leído el Corán pueden defender lo indefendible.

Resultado de imagen para atentado en niza A diferencia del judío o del cristiano ―que al leer la Biblia su vida sufre un cambio para bien―; el musulmán que lee el Corán se entera por primera vez del odio contra nosotros y la mayor de las veces esa lectura gana un terrorista más para la Yihad.

Ahora bien, y retornando al tema principal, la Biblia nos muestra diversas etapas de maldad en la historia humana, incluido nuestro pueblo en primer orden. En todas ellas el apartarse y dar la espalda a D-os ha sido causa y origen de muchos males. Caldo de cultivo de estos males, baste recordar la etapa de los Jueces luego de retornar de Egipto a Eretz Israel, señalando la Escritura el origen de tanta maldad: “Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Yahwéh, ni la obra que él había hecho por Israel. Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Yahwéh... Dejaron al Dios de sus padres... En aquellos días no había rey en Israel; y cada uno hacía lo que bien le parecía” (Shoftim-Jueces 2:10-12 y 21:25).

Sin embargo en lo que corre del siglo XXI la maldad ha rebasado todo lo conocido. Para infortunio de unos y otros ha crecido en todos los órdenes, en todas las sociedades y entre todas las edades. Produce escalofríos y dolor ver videos o fotografías de niños asesinos, de niñas prostituidas, de infantes y jóvenes destruidos por las drogas, de sociedades promiscuas a tal punto que Sodoma y Gomorra tal vez se escandalizarían, de clérigos pervertidos y pervertidores, de juventudes sin conocimiento de D-os a merced de sus pasiones, pues como escribe el sociólogo Lipovetsky:

̶ “¿Quién considera la castidad y la virginidad como obligaciones morales? ¿Quién se indigna por la sexualidad libre de las mujeres y de los jóvenes?... La cultura hedonista individualista ha emancipado a Eros de la idea de pecado... ha reemplazado el Infierno de la Biblioteca Nacional por los carteles luminosos de los sex-shops y las revistas X multiservicios, en todas partes el derecho al placer suplanta las normas represivas y tiende a legitimar los comportamientos antaño ignominiosos” (El crepúsculo del deber, Anagrama, pág. 58)

Resultado de imagen para violencia sexual contra niños No se puede tapar el sol con un dedo. Todo esto es el resultado de un mundo sin D-os, de una Aldea Global que al abandonar la fe del D-os que se revela en la Biblia y en el cual creyeron todas las generaciones pasadas, ha caído de lleno en la maldad, la cual produce desamor, indiferencia por el otro, por el prójimo.

No podemos hablar por, ni para todos los pueblos, aunque la Escritura sí lo hace pues es de orden universal, pero sí podemos exhortar a los nuestros y poner nuestro granito de arena para que las cosas mejoren: “Convertíos, hijos rebeldes”(Jer 3:14) y en otro texto nos exhorta: “Porque yo Yahwéh no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros...” (Mal 3:6-7).

¿Acaso como pueblo de Israel estamos haciendo la voluntad de D-os? Responder en sentido afirmativo sería una necedad, una expresión de fariseísmo. Ciertamente D-os siempre ha conservado un remanente que le ama, le busca e intenta obedecerle, a este remanente se refiere Yeshua como "la sal de la tierra", aquél que la preserva y le concede sabor a la Tierra delante de D-os.

Del resto no requerimos decir nada: ¡violencia y desamor lo dicen todo! Un mundo hostil y por momentos bestial muestra sin tapujos el verdadero rostro de la humanidad caída. Sin embargo hay esperanza para todos, aunque es obvio que no todos buscan esa esperanza eterna, concluyendo mi comentario con un texto del profeta Yeshaya: “Buscad a Dios mientras pueda ser hallado...” (55:6).

NOTA: si algún lector tuviera alguna inquietud o pregunta acerca de este artículo por favor escríbame.

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El rabino Manuel Hernández Gómez: es Abogado, con Licenciatura y Maestría en Teología (Universidad FLET, Miami). Es titular de la Sinagoga Yeshua Ben David de Guadalajara, México.

Email: mahergo50@hotmail.com
mahergo1950@gmail.com