EDITORIAL

Yolanda Guzik


Queridos hermanos y amigos, deseo que tengan salud y que la paz de D-os reine en sus corazones. Han pasado ya 3 meses desde la última vez que me dirigí a ustedes a través de este medio ¡Y cuántas cosas han pasado!             Nunca nos imaginamos que este encierro se iba prolongar por tanto tiempo, que los lugares de culto iban a estar cerrados en el mundo entero, que la actividad económica iba casi a paralizarse trayendo como consecuencia natural, gran desempleo, quiebra e incertidumbre económica.

Este tiempo de confinamiento ha dejado como siempre sucede en toda situación,  un recuento de cosas buenas y malas. Entre las cosas negativas, sin duda que la enfermedad y la muerte de familiares y amigos es lo más doloroso. Otros también han experimentado una gran soledad, tanto  que ya sienten que las paredes les hablan; y en fin, son tantas otras circunstancias que sólo cada uno sabe en lo particular como ha vivido este tiempo, lo bueno y lo malo que les ha dejado.

¿Y cuáles son las cosas positivas? Porque sería injusto dejar de mencionarlas: Para muchos de nosotros fue un tiempo de aprendizaje, de crecimiento, de hermosa convivencia familiar, tiempo de reflexión. Pero algo que quiero resaltar es que aunque en estos meses los templos estuvieron cerrados, D-os uso la tecnología y las redes sociales para que su Palabra se difundiera como nunca antes, mucho más allá de las paredes de las congregaciones. Sin duda D-os usa todo para bien y muchos pudieron oír y entender  por primera vez y con claridad el mensaje de amor del Mesías Yeshua, y además muchos otros que se habían apartado de sus caminos volvieron a Él.

Se ha hecho la comparación de que esta situación es una tempestad, y que todos vamos en nuestros respectivos barcos, unos en lanchas, otros en yates de lujo, etcétera. Aquí lo importante no es si vas en una embarcación de lujo o en una muy sencilla, sino quién va en tu barca, ¿vas tu solo? ¿O has permitido que el Señor te acompañe?  Siempre habrá tempestades en nuestra vida, lo importante es que el Señor vaya con nosotros, hacer de Él nuestro  refugio,  te aseguro que nunca es demasiado tarde. Como dice el Salmista: “Dios es nuestro amparo, nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en la tribulación”. Cabe resaltar que la Buena Nueva del Reino no es que Yeshua te sanará del coronavirus y de todas tus enfermedades, sino que Yeshua te perdonará de todos tus pecados.

Poco a poco las cosas están regresando a su normalidad, pronto podremos salir  como antes y retornar a nuestras actividades, pero es importante hacer un alto en el camino y reflexionar: ¿Qué nos ha dejado este confinamiento? Espero que tu respuesta no sea, NADA, porque si es así, que pérdida de tiempo. Espero que en estas semanas hayas aprovechado el tiempo y nos haya servido para que cada uno de nosotros tengamos un tiempo de reflexión y hagamos una introspección de nuestra propia vida. D-os ha querido usar estas circunstancias  para que hagamos un alto en el camino, Él en su misericordia nos hizo hacer una pausa para mostrarnos que esta vida es frágil, es temporal y cada día se acorta más. ¿No crees que es tiempo de buscar a D-os? Esa es su llamada, tal vez la última, no lo sabemos. Su Palabra nos llama: “Así dice Adonai a la casa de Israel: Buscadme y viviréis” (Amos 5:4).

Ahora más que nunca son tiempos de incertidumbre, tiempos en los que debemos de hacer un esfuerzo para no mirarnos solo a nosotros mismos y nuestros pesares. Vamos a mirarnos en los otros como en un espejo. Vamos a sacar a flote la empatía y el amor hacía nuestro prójimo. Son muchos los que necesitan ayuda. Veamos esta crisis como una oportunidad para manifestar la misericordia hacia las personas en soledad, en aquellas que están cargadas de temor, inseguridad y dolor, veamos sus necesidades para llevarles a contemplar la persona y obra de Yeshua Ha Mashiaj.SHALOM.

 

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