"HOY TE CONOZCO, OH DIOS"
“De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6)

Dra. Elizabeth Hernández-Bellon


Hoy quiero compartir con ustedes, las grandes cosas que DIOS ha hecho en mi vida, y quiero iniciar diciendo que agradezco a DIOS con todo mi ser, por haberme mostrado su amor y su misericordia a lo largo de mi vida, y permitirme que yo pueda ver sus manos paternales transformándome.

     Conocí a DIOS siendo una niña, mis padres eran católicos y mi madre conoció a DIOS (bíblicamente y de manera personal) por medio de unos misioneros que oraron y le ensenaron el camino al Padre, ella fue salvada y sanada de una enfermedad, sin embargo ella mantuvo su fe en secreto por muchos años, hasta que después de 10 años de oración mi padre conoció a DIOS y se arrepintió de todos sus pecados, llamándolo a su servicio para ministrar al pueblo judío. Esta fue la forma y el ambiente religioso en el que yo crecí, mis primeros años en la iglesia y luego en una sinagoga mesiánica, donde permanezco hasta el presente.

La Dra. Elizabeth con su papá, el rabino Manuel Hernández

     Al llegar a la universidad yo tenía 19 años, era una joven inocente, ya que mi mundo se reducía al pueblo de DIOS y a una familia tradicional. Lamentablemente desobedecí al SENOR y me casé con un hombre no creyente, confiando que la gracia, mi oración y mi vida, serían suficientes para que ese hombre conociera a DIOS personalmente. No fue así. De ese matrimonio tuve un hijo llamado Isaí, el cual creció dentro de la sinagoga mesiánica (y por un poco de tiempo en la Iglesia cristiana, un tiempo que vivimos fuera de nuestra ciudad) pero también creció viendo a su padre alcohólico y drogadicto, amador del mundo, así que vio y vivió con grandes contrastes en su vida y en su corazón.

     Cuando mi hijo Isaí cumplió los18 años, decidí que ya no podía seguir más mi matrimonio, estaba en ese momento con una depresión absoluta, mi mente y mi corazón estaban rotos, DIOS me hablaba a gritos y yo seguía caminando mi propio camino, el de la autosuficiencia en mi recursos, y no dependiendo ni confiando en DIOS, mis argumentos estaban solo en el terrero humano, no le escuchaba, a pesar de que nunca deje de congregarme, de orar y leer mi Biblia. Sin embargo llegó el día que de rodillas clamé a DIOS y le dije que él había liberado a su pueblo de la esclavitud y que yo era esclava de un hombre, y de mí misma, que ya no podía más, que por misericordia me liberara y me llevara a su paz absoluta, que yo quería conocerlo en plenitud y que El fuera mi alfarero, y que yo, no quería ni podía ni debía cuestionar su obra en mí, que entendía que Él es el que dá y también el que quita.

     La decisión de romper mi matrimonio no la tomaba por pensar en mi hijo Isaí, yo creía que él no tenía la culpa de mi desobediencia a DIOS por haberme casado en yugo desigual, y que yo quería una familia para mi hijo como yo la había tenido.

     Entonces recibí una llamada telefónica de mi mejor amiga y hermana en YESHUA, en medio de mi llanto y desesperación que yo estaba llevando, ella me dijo, ¿Tú crees que tú puedes cuidar más a tu hijo que DIOS, porque no dejas a tu hijo en las manos de DIOS?, y en ese momento mi corazón se rompió nuevamente, me arrodille y le dije: “¡SENOR perdóname porque digo que te conozco desde que soy una niña y dudo de ti, a pesar que he podido ver tu amor, tu poder y tu grandeza siempre y a pesar de todo esto no he creído, ni confiado en ti, tú eres el verdadero Salvador y Padre, te entrego a mi hijo en tus manos!”

     Tomé entonces la decisión de divorciarme, hablé con mi hijo que para esta fecha tenía 18 años, y él me dijo: “¡mami, yo no puedo dejar a mi papi, si yo lo dejo, mi papi se muere, tú tienes a DIOS, a mis abuelos y tíos!”, entonces, salí de mi casa, sólo con mi ropa en mano, dejando a mi único hijo, casa, bienes y 20 años detrás de mí. Salí de Egipto para entrar a la tierra prometida.

     Mi hermano y mis padres se encargaron de mí, me dieron casa, comida amor etc. Después de un año de vivir en Guadalajara, mi hermano tomó la decisión de enviarme a vivir a Chapala, en la condición emocional que estaba, yo solo dejaba que decidieran por mí, pues yo no podía, estaba deprimida completamente, me instalé en el lago y después de un tiempo, DIOS trajo a mi lugar de trabajo un hermoso hombre que DIOS había preparado para mí, tomamos la decisión de casarnos, sin embargó la familia no estaba de acuerdo, fue un tiempo en el que DIOS me enseñó a verlo solo a él, y entender que sintiera mi corazón y analizara mi vida y mi situación solo delante de él, y lo escuchara solo a él, mi corazón tenía una paz como antes nunca la había tenido, así que decidimos casarnos e hicimos los tramites, sin embargo no se concretaba la fecha, pero un día recibimos la llamada del juez poniendo el día y la hora para nuestra boda, ese mismo día de nuestra boda, por la madrugada recibí una llamada del padre de mi hijo, diciendo que nuestro hijo había tenido un accidente de carro y estaba muy grave en el hospital, así que salimos en la madrugada del día de nuestra noche de bodas, a ver a mi hijo en terapia intensiva, por una semana él estuvo vivo, sin embargo murió el día que inicia la primavera, con tan solo 20 años de edad, una semana después, y ese fue el inicio de mi nueva vida, pareciera una cosa horrible, sin embargo solo puedo ver el amor, la misericordia de DIOS y su fidelidad para mi vida, en mi ser entero había esa paz que sobrepasa todo entendimiento humano, yo podía sentir el amor de DIOS y su cuidado para mí.

 Mi hijo estaba en las manos de DIOS mejor que en las mías, estaba en las manos de su verdadero Padre, DIOS, además, me había dado un varón preparado por EL para mi cuidado, el cual con amor y gran paciencia cuidó de mí, en medio de mi dolor, solo escuchando y esperando que DIOS sanara mis heridas, DIOS se encargó también de que mi familia pudiera ver lo que EL había hecho y el gran regalo que me había dado por esposo. Hoy soy una mujer completa porque entendí que sólo cumpliendo con el primer mandamiento, puedo ser y tener todo con el SEÑOR; hoy vivo con gozo y con paz, sirviendo a DIOS con todo mi corazón, agradecida de saber que la salvación y la certeza de la vida eterna son el gran motor que hace la vida sea más ligera y poder esperar a ver su rostro al final de nuestro peregrinaje en la tierra.

     Espero que quienes lean el testimonio de mi vida, puedan sentir a través de mis letras, el triunfo y amor de DIOS en medio de toda dificultad y saber que si tú le amas y te entregas a él, el Señor estará en adelante a cargo de toda tu vida, podrás ver claramente que como dice la Biblia “todas las cosas ayudan a bien de aquellos que aman a DIOS” (Rom 8:28).

     Rinde todo tu ser a DIOS, escucha su voz y obedécele, es el placer y la bendición más grande de tu vida. ¡Que nuestro amado Padre te guie como lo hizo conmigo, y míralo solo a EL, pues en conocerle a EL está la verdadera felicidad!

 


La Dra. Elizabeth Hernández-Bellon, es miembro de la AJMM, y es hija del rabino Manuel Hernández.

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