EDITORIAL


Todo parece indicar que gran parte de los seres humanos rechazan la reflexión, no les gusta. Se inclinan más hacia la irreflexión y la actitud visceral, lo cual les lleva hacia la tozudez y el fanatismo. Lamentablemente lo hemos visto de manera reiterada durante la pandemia de coronavirus que azota al mundo posmoderno.

     Un ejemplo: sin tener nada que ver, los fanáticos seguidores del expresidente norteamericano Donald Trump han trasladado al campo de la ciencia y la salud su absurda posición política, oponiéndose a las vacunas y promoviendo la rebelión civil contra el orden establecido. Lamentablemente muchos creyentes (cristianos y algunos judíos), desobedeciendo las Escrituras han caído en esta intransigente postura, exponiéndose innecesariamente a la enfermedad y arrastrando a otros al peligro de los contagios.

     Las enfermedades eso son, enfermedades. De ahí que resulte una torpeza rechazar lo que D-os ha puesto a nuestro alcance para evitar el contagio, y no solo esto, cayendo en una actitud rebelde que además de perjudicar su vida espiritual les sume en el pantano de la ira y la insatisfacción. Las redes sociales nos pueden dar todos los ejemplos que se deseen.

     Sin embargo, la irreflexión y la rebelión han ampliado sus nocivos efectos, por desgracia entre algunos sectores del pueblo de D-os; situación que se refleja desde el campo de lo político, hasta llegar a la desobediencia espiritual,   pasando por supuesto por las desviaciones doctrinales.

     Hoy más que nunca la parábola de las 10 vírgenes cobra vigencia: dice el texto bíblico que todas se quedaron dormidas por el cansancio y así les encontró el novio, dormidas. Si oteamos el horizonte pidiendo a D-os sabiduría y discernimiento, encontramos un mundo dominado por la incredulidad y el pecado, con un cuadro cada vez más parecido y cercano al anunciado por nuestro amado Mesías YESHUA (Mat 24:4-13). Cuadro en el que los gobernantes se acercan al perfil del Antimesías (Anticristo) y sus cercanos, como nos advierte la Biblia (1 Juan 2:18-19) y sin que la mayoría en el pueblo de D-os se tenga por apercibido.

     Se observa entre los creyentes posiciones pendulares absurdas, y pocas que se mantengan en la obediencia al Señor como marca su Palabra. Así que los hay que siguen con fanatismo a líderes sin testimonio y belicosos (como Trump o López Obrador, por poner un ejemplo), o alejados de toda información que les haga saber y concientizar de los tiempos que vivimos. Entre un extremo y otro, el remanente firme, sostenido en la pura Palabra del Señor, camina en solitario, muchas veces en medio de la incomprensión y la crítica pues ser fiel a la voluntad divina jamás ha sido causa de popularidad. Al contrario.

    Así que, entre fanáticos enemigos de las vacunas y la ciencia, de seguidores de dictadores y presidentes ególatras, de predicadores mentirosos alejados de la sana doctrina, y de una mayoría de incrédulos que no quieren escuchar nada de D-os y dan rienda suelta a sus pecados y pasiones; el verdadero pueblo de D-os, judíos y cristianos que le aman y tienen por única guía de sus vidas la Biblia, se enfrentan en silencio y la incomprensión a un mundo que les rechaza. A un mundo que es juzgado por su inexistente fe, un mundo que desde hace mucho tiempo mayoritariamente apostató, que se olvidó de las palabras de advertencia de Yeshua: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mat 24:13). Cierto, la salvación es por gracia, pero la fe debe ir acompañada de obediencia, de obediencia a la Palabra y hasta el fin. SHALOM.