MEDITANDO EN LA SINAGOGA
YOM KIPUR
UNA FIESTA QUE NO SE QUIERE ENTENDER

Rabino Manuel Hernández G


Gran parte de quienes se dicen creyentes, o no entienden realmente el significado de la fiesta de Yom Kipur, o no desean entenderlo. La actitud y búsqueda genuina de D-os define en todo caso la posición personal. En la Biblia, nuestro D-os, el D-os de Abraham, Isaac y Jacob, dejó claramente establecido qué es la fiesta y para qué, no deja lugar al error de interpretación.

     Sin embargo, la realidad nos muestra que la fiesta en la mayoría de los judíos y en todas las corrientes, Yom Kipur no es para nada lo que D-os reveló y espera de su pueblo. Ritos, tradiciones y exterioridades dominan el sentido de la festividad, dejando a D-os (y su gracia) con los brazos paternales extendidos, pues en la fe judía, guste o no se acepte o no, no han de ser las cosas como el hombre quiere, sino como el Señor lo estableció en la Torá y demás libros de la Biblia.

    Es la eterna brega, la dura confrontación entre el deseo del hombre y el deseo de D-os, lucha absurda en la que la criatura quiere imponerse a su Creador, anteponiendo siempre su criterio por encima de la Revelación. A esto se refería Moisés cuando guiado por el Ruach escribió con advertencia:

 

“Las cosas secretas pertenecen a Yahwéh nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Devarim 29:29).

 

    No podemos cumplir la Ley Divina a nuestro modo, gusto o parecer, para eso nos dejó el Señor su Palabra. Así que con asistir a la sinagoga a celebrar la fiesta, vestirse de acuerdo a la tradición y asumir una actitud ídem, no necesariamente se está en el orden de D-os. La Escritura es clara al respecto: “En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Yahweh” (Vayicrá-Levítico 16:29-30).

     No existe mayor esclavitud que la del pecado, por consecuencia, la aflicción tiene que ser entonces a causa de nuestros pecados por haber ofendido a D-os (al que jamás contentaremos con rezos y ritos, sino arrepintiéndonos y obedeciendo su Palabra de todo corazón y con un deseo genuino de cambiar). Si no hay aflicción por haber ofendido a D-os y al prójimo la celebración de la fiesta carece de todo sentido.

    Además, y como se lee, el Señor incluye en la fiesta a los extranjeros que moran entre nuestro pueblo ¿El judaísmo tradicional acaso considera a la cristiandad a la cual le une la misma fe en el mismo D-os y en las mismas Escrituras? Además, la Biblia habla de expiación y de acuerdo a la Torá, los sacrificios de animales y el derramamiento de su sangre inocente (y sustitutoria) para perdón, cosa que no sucede desde el año 70. Las gallinas para hacer kaparot no son mencionadas en absoluto por la Torá ¿Cómo se hará entonces la expiación y limpieza del pecado? Por una única forma: ¡El sacrificio del Mesías YESHUA como estaba escrito y se cumplió!

     Por eso, cuando Yohanán el bautista cuando le vio venir en el margen del río Jordán exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Todo judío y todo gentil, necesita un día en la vida tener un Yom Kipur delante de D-os a través de la expiación y perdón por medio del Mesías YESHUA. No hay otra vía ni otro camino. La Escritura nos marca el camino, como también nos explica la razón de nuestra vida y el sentido de la religión judía.

 

YOM KIPUR: LO QUE NO ES

 

Así que no es la ropa, ni la aflicción exterior, ni rasgarse las vestiduras, lo que nos lleva a recibir el perdón (kipur) divino, que lo necesitamos todos, ni recitar con solemnidad los rezos del Majzor. Acabamos de leer que lo que Adonai nos pide es que aflijamos nuestras almas, que hagamos una sincera introspección y luego de ver y aceptar nuestros pecados, nos arrepintamos de todo corazón. Que tomemos conciencia que D-os es santo y que nuestros pecados le ofenden; cuestión que en una sociedad laxa y auto complaciente es cada vez menos común, sobre todo, si se agrega a esto que la mayoría de judíos y cristianos, ni conocen, ni leen la Biblia, lo cual les impide ver y entender su condición caída delante de D-os. Esto por un lado.

    Por otro, pensar que solo un día en el año podemos alcanzar el perdón divino, refleja ingenuidad y exhibe ignorancia espiritual y bíblica, pues D-os está todos los días dispuesto a hacerlo. La fiesta de Yom Kipur es una manera didáctica para hacernos conscientes de que NO SOMOS BUENOS (como algunos se creen), que somos pecadores y que necesitamos reconciliarnos con D-os si queremos realmente ser objeto de su amor y parte del reino eterno del Mesías Yeshua.

     El gran problema es que muchas personas están a gusto y desean vivir en rebelión contra su Creador, por lo que se conforman con acudir una vez al año para calmar su conciencia y cumplir con la tradición (sin aceptar sus pecados, por tanto, sin un genuino arrepentimiento ni deseo de no repetirlos). En estos casos, la fiesta de Yom Kipur les convierte espiritualmente en reos convictos delante de D-os.

 

YOM KIPUR: LO QUE ES

 

    De manera que lo que todo judío debe conocer y entender de esta fiesta, es que D-os la estableció para concientizarnos al menos de tres cosas: 1) que EL es santo, 2) que somos pecadores, 3) que requerimos arrepentirnos y desear Su perdón.

     A causa de un judaísmo de exterioridades y tradiciones, el profeta Isaías confrontó durante cuatro décadas a su generación, sin que escucharan la Palabra que D-os les hablaba en advertencia a través de este santo varón (al que finalmente mataron). Entre otras muchas amonestaciones D-os les habló y les dijo:

 

“Son iniquidad vuestras fiestas solemnes… las tiene aborrecida mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas.

     Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.

     Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Yahwéh, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

     Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Yahwéh lo ha dicho” (1:13-20)

 

      Como se aprecia, nadie puede engañar a D-os con una postura exterior de santurronería. El Señor detesta la hipocresía, su santidad es ofendida. Sin embargo, se deleita con el judío (o cristiano) que desea genuinamente reconciliarse con Él, que reconoce sus pecados y se arrepiente de verdad, que está dispuesto a entregarle su vida y caminar en lo sucesivo en obediencia a su Palabra (Biblia) o a reconciliarse por haber caído en falta. Ya no más su criterio personal, sino el de su Señor y Salvador.

     ¿Y por qué su Salvador? Porque así es, ya que desde Gan-Edén (El Paraíso) los primeros padres rompieron su relación perfecta con D-os y destrozaron su plan. Desde el momento que escucharon a la serpiente —como la siguen escuchando la mayoría de las personas— y desobedecieron al Señor; rompieron de manera absoluta su pacto con Él, produciéndose así LA CAÍDA (la condición del hombre rebelde y apartado de D-os, quedando en condiciones espirituales terribles y lamentables). El judaísmo no es otra cosa entonces que la vía que D-os implementó para mostrar su camino de salvación y reconciliación para judíos y no judíos.

      A esta condición caída, la teología le ha clasificado como la «Doctrina de la depravación», lo maravilloso, es que aun en ese momento de brutal rompimiento el Señor se apiada de sus criaturas implementando un plan eterno de rescate a través de un Mesías que en el futuro vendría, quien además de pagar con su propia sangre (durante la Pascua del año 33 en Jerusalén) nuestra redención y salvación, nos abría el camino a la reconciliación eterna ¿Para qué necesitábamos un Mesías si no hubiese ocurrido la caída en El Paraíso?.

     De manera que celebrar Yom Kipur va más allá de la tradición y las costumbres. Es una oportunidad especial para detener nuestra carrera de la vida organizada por el mundo, de entender nuestra condición delante de D-os, reflexionar quién nos creó y para qué. Preguntarnos qué significa que D-os es santo y nosotros pecadores y cómo podemos remediar esta situación; que como advierte la Escritura es solo a través del reconocimiento de nuestras faltas, de arrepentirnos y aceptar el sacrificio de Yeshua en la cruz del Calvario en Jerusalén, cuya sangre inocente fue derramada para perdón de nuestros pecados, por tanto, como el Mesías anunciado por D-os el Padre y que un día no muy lejano retornará para reinar en Jerusalén como nuestro pueblo siempre le ha esperado. Reino mesiánico en el que el pecado no podrá estar presente, de ahí que en esta vida todo judío (o cristiano) necesita, como ya se dijo, tener su Yom Kipur, su día de perdón que le abra las puertas del reino de D-os. Jatima Tová.


Rabino Manuel Hernández G. es consejero espiritual de la AJMM (es Abogado, con Licenciatura y Maestría en Teología por la Universidad FLET de Miami).

Email: mahergo1950@gmail.com