Bar Mitzv de David Guzik

Rabino Manuel Hernndez G.


     Todas las etapas de la vida religiosa y espiritual de la persona poseen un significado especial. En el caso de los jóvenes judíos el paso de la niñez a la pubertad a través de su ceremonia de Bar Mitzvá conlleva una serie de cambios que en buena medida definen su camino espiritual.

     Hay quienes ven o han visto en el Bar Mitzvá apenas una ceremonia en la que se tienen que aprender algunas lecturas en hebreo. Llegado el día se colocorán las tefilim y podrán usar por primera ocasión un talith. Hecha la lectura de la Torá y de los profetas, una vez que el rabino concluya con todo el ceremonial; por lo general disfrutan de una fiesta acompañados de su familia, amigos, invitados y personas de la comunidad, reciben regalos y son considerados a partir de esta fecha una especie de “adultos” en etapa de transición.

     Tal posición tiene algo de cierto pero no es realmente el sentido bíblico de la fiesta. Porque en realidad es una fiesta. El salmista escribió con la inspiración del Ruach (Espíritu): “¡Oh, cuanto amo yo tu Ley! Todo el día es ella mi meditación” (Sal 119:97). Buscar a D-os y amar su Palabra es por cierto un regocijo para el espíritu, regocijo que sólo quienes han tenido esta experiencia saben a lo que me refiero (un espíritu mundano y materialista no lo puede entender, aunque quisiera; requiere nacer espiritualmente).

     En el Bar Mitzvá el joven inicia una nueva etapa de su vida religiosa y espiritual. De este día en adelante su relación con D-os y con el Mesías Yeshua es personal. A partir de ahora sus padres le permitirán que comience a madurar en su ser interior, así que mientras su hijo da un paso al frente para iniciar su relación individual con el Señor, ellos se mantienen a prudente distancia, de ahí la necesaria búsqueda del Ruach ha Kodesh (E.S.).

     El profesor Haber dice que desde el día de su Bar Mitzv᠓rigen para el joven judío todos los deberes que la religión impone para los adultos: ha dejado de ser un niño que quedaba exento de ellos y entra a gozar, al mismo tiempo, de todos los derechos que, como adulto, la religión le otorga” (Heriberto Haber, Fiestas y Tradiciones Judías, Editorial Aurora, Tel Avid, 1987).

     Cuando Yeshua cumplió 12 años, sus padres realizan una de las shalosh regalim o fiestas de peregrinaje, por lo cual suben a Jerusalén (se trataba de la fiesta de Pesaj). En aquella época la gente de las ciudades y los pueblos subía a la capital en grupo a celebrar las fiestas e igual lo hacían al retornar. Narra Juan en su evangelio que durante el regreso Yosef y Myriam (José y María) se dan cuenta un día después de que su hijo Yeshua no se encontraba en el grupo, por lo que se devuelven a Jerusalén y a los tres días lo encuentran nada menos que en el Templo discutiendo temas de la Torá con los doctores de la Ley (Lucas 2:46).

     Su madre le amonesta “Hijo, ¿porqué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia” (2:48).

     Sin embargo Yeshua le recuerda y señala dos cosas: su origen divino y su alto llamado: “¿Por qué me buscáis? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?. Mas ellos no entendieron las palabras que les habl󅔠(2:49-50).

     No hay datos históricos confiables para conocer con exactitud cuando sucede el cambio de los 12 a los 13 años para celebrar el Bar Mitzvá. Los padres de Yeshua eran judíos pobres y no contaban con los recursos para una ceremonia de este tipo. No obstante, el jóven descendiente de David (no olvidemos que Yeshua es descendiente directo del amado rey –Mat 1:1-) descubre ante judíos y gentiles su hambre espiritual, así como su notable progreso en su educación religosa. Es evidente que Yeshua no iba a la sinagoga a pasar un rato o a cumplir con lo que sus padres le imponían. Careciendo de los recursos para comprar una Torá o cualquier rollo de los profetas, queda de manifiesto que Yeshua ponía atención total a la enseñanza y exposición de las Escrituras, lo cual le permite –siendo un niño de 12 años- discutir estos asuntos con los hombres más versados de su época; “…Y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándole. Y todos los que le oían se maravillaban de su inteligencia y sus respuestas” (2:44b-47).

     En el caso de David Guzik, sus padres Moisés y Yolanda lo trajeron ante el Señor a los cuarenta días de nacido.

     Desde que nació y durante 13 años le han traído a la sinagoga para aprender la Biblia y ser instruido en los caminos de D-os.

     El sábado 27 de agosto del presente año 2011, le trajeron a la bimá que improvisadamente tuvimos en un conocido lugar de la ciudad de Guadalajara, para que yo le guiara en su ceremonia de Bar Mitzvá. Como rabino es una alegría muy grande ver como estos pequeñitos que vi formarse en el seno de su madre, que viernes tras viernes asisten a la clase bíblica de niños: de pronto les tengo en la bimá leyendo la Torá, explicando su parashá así como la haftará que les corresponden.

     Me gocé al escucharlo y verlo leer sus textos en hebreo. Me queda claro que la maestra Nurite Fridman hizo un excelente trabajo. Luego David tuvo unas palabras para su padre y su madre, familiares y amigos en general, y como sucede en estas ocasiones, al final sus padres invitaron a todos los presentes a un desayuno en un hermoso jardín que hay en ese sitio.

     Durante la preparación para este inolvidable día, por meses estuve hablando con David. Todas las veces le hacía saber la importancia de este día para su vida, del paso que habría de dar y hoy que ya ha sucedido, ruego a D-os para que guíe su vida, que le libre de las trampas del enemigo de las almas, que le auxilie con su Espíritu y le condeda de su gracia para que pueda distinguir y hacer su voluntad. Son tiempos difíciles, todos lo sabemos, pero el D-os que sacó a Israel de la esclavitud de Egipto, el que abrió las aguas del Mar Rojo para que su pueblo pasara en seco, tendrá sin duda el cuidado de llevar a David (y a todos nuestros jovenes) por el camino recto y angosto que conduce a la vida eterna.

     ¡Querido David!, nunca olvides este día y el compromiso que hiciste de seguir al Señor. Tu familia y todos los que te rodeamos te queremos mucho, tu lo sabes. Así que rogamos a D-os para que su amor y gracia te sostengan siempre ¡Mazel Tov!.