Meditando en la Sinagoga
La Familia - Institucin Divina Bajo Ataque del Maligno

M.T. rabino Manuel Hernndez G.


      La primera institución sobre la tierra es la familia. Al principio de todas las cosas, cuando el primer hombre estaba solo en Gan-Edén, dijo D-os: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Bereshit-Génesis 2:18). La ayuda idónea resultó la mujer, misma que fue creada de la costilla del hombre, según nos dice el relato bíblico.

     Al ver la compañera que D-os le había dado, Adán exclama extasiado: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”, para luego establecer con la guía del Señor la institución matrimonial: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (2:23-24).

     Han pasado miles de años y dicha institución aun permanece. El problema entonces es que en los últimos años el matrimonio se encuentra bajo el peor ataque espiritual de todos los tiempos. Tal pareciera que las fuerzas del maligno han modificado su estrategia y echando mano de cuanto recurso humano se pone a su alcance intentan a como dé lugar aniquilarla (por medio del adulterio, la violencia, el desamor e indiferencia contra los niños procreados, el cinismo en la infidelidad, una campaña continua en los medios, pornografía, etc.).

     Puede decirse que en buena medida la liberación femenina ha sido parte inicial de esta estrategia, sin que esto se entienda en absoluto como defensa del machismo. Haciendo al respecto un paréntesis: quienes piensan que el judaísmo –y por consecuencia el cristianismo- se prestan para justificar el machismo y el fanatismo religioso que promueve el condenable desprecio irracional contra la mujer, francamente ni conocen a D-os ni tampoco entienden las Sagradas Escrituras. La fe revelada en la Biblia en primer orden revela a D-os para que los hombres le conozcamos como Él desea que lo hagamos, y no como nosotros nos podamos imaginar su santo Ser.

     En segundo, las Escrituras nos dicen una y otra vez que D-os «no hace acepción de personas». El Señor no ama más a uno que a otro y no hace distinción de género. Quien piensa lo contrario olvida o desconoce que D-os es perfecto en su santo Ser, como también es justo y poseedor del único amor perfecto que existe. De Él recibimos amor y en la medida que rendimos nuestra vida al Mesías y dejamos que su Espíritu obre en nuestro corazón, en esa medida comenzamos a ser depositarios de ese amor.

     La simple intelectualidad religiosa no sirve de nada cuando el amor divino se encuentra ausente, es absolutamente estéril. Rab Shaul lo expresa con  toda claridad:

-“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1ª Cor 13:2-3).

      Volviendo al asunto de la liberación femenina, en los años sesenta del siglo pasado los países occidentales más prósperos vieron surgir este movimiento que entre otras cosas exigía la igualdad familiar, laboral y social de la mujer, pero muy especialmente la sexual. Las comunidades hippies dieron muestra pronta de los resultados transformando la “liberación” en una nueva esclavitud (drogas, alcohol, promiscuidad y al final del camino soledad y frustración).

     Habrá ciertamente apologistas oficiosos de este fenómeno, no obstante, los efectos perniciosos de la llamada liberación femenina suman por millones de casos (cementerios, hospitales y soledad al final del camino son testigos mudos de un deseo mundano no calculado en los riesgos).

     Cierto, D-os no fuerza a nadie a amarle y obedecerle, pero rechazar su amor y orden trae siempre funestas consecuencias. Ateos e impíos podrán negarlas, aún así los efectos negativos persisten, de manera pues que todos estos cambios ocurridos principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XX (a los que se sumaron el creciente divorcio y la promiscuidad sexual) afectaron la institución de la familia.

     Hoy en día los divorcios en Estados Unidos son anualmente del orden del cincuenta por ciento de los matrimonios, mientras que en México ha ido creciendo del año 2000 a la fecha en casi un cien por ciento (con relación a 1999), dañando gravemente a la familia, puesto que no se trata de simples estadísticas sino de personas con pensamientos, sentimientos, dolores y proyecto de vida.

     ¿Qué está pasando? Buscando abreviar palabras: el egoísmo, la soberbia, la vanidad, el hedonismo, el adulterio, pero sobre todo el descreimiento han aparecido entre las nuevas generaciones a manera de plaga. Queda de manifiesto que la Humanidad desunida y desintegrada no podría sobrevivir por mucho tiempo. El profeta lo advierte desde hace veintisiete siglos «¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?» (Amos 3:3)

      El sociólogo francés Gilles Lipovetsky se pregunta al respecto: “¿Cómo una sociedad, constituida por unidades libres e independientes, sin ningún nexo sustancial de sociabilidad, puede reconocerse como una? ¿Cómo una sociedad desligada de los vínculos comunitarios tradicionales, constituida por individuos autónomos, fluctuantes y cada vez más encerrados en sí  mismos, puede escapar al proceso de desintegración y mantenerse unida?” (El imperio de lo efímero, Ed. Anagrama, España 2004, pág. 311).

      En este siglo de paradojas y falacias, de “derechos humanos” y “libertades”, de protección a las mujeres y los infantes, todo indica que son apenas escenarios de utilería, pues nunca antes las mujeres han sido objeto de tanta violencia y los niños sujetos de perversiones jamás imaginadas. En el proceso de divorcio una o las dos partes se encierran en su egoísmo y jamás piensan en el daño causado a sus hijos.

        Suman legión los que los pelean (a los hijos) como si se tratase de simples mercancías. El “amor” que aseguran profesarles es tan falso como la fidelidad que algún día juraron a la pareja inocente o agraviada (que en estos tiempos puede ser la mujer o el hombre). Además de su pecado(s) por el cual destrozan su matrimonio, agregan pecado a su pecado violentando la estabilidad de los niños, que si tienen dinero y poder los agravios se multiplican como la espuma de un mar embravecido. En todo momento pasan por alto las advertencias divinas «Imposible que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar (escandalizar) a uno de estos pequeños» (Luc 17:1-2 ).

     Abreviando: la Familia tiene ya varios lustros bajo un severo ataque por varios flancos y los gobiernos no han servido francamente para casi nada. En esencia no pueden ofrecer lo que no tienen, es decir, el amor, el vínculo perfecto que emana de D-os y que sólo D-os lo puede dar. Las leyes humanas por naturaleza son limitadas, finitas, sujetas a demasiados errores (y vacíos) de interpretación y aplicación.

       Una sociedad incrédula guste o no, acéptese o no, de ninguna manera podría sobrevivir. El declive de Europa comenzó luego de las dos grandes guerras, cuando las filosofías de un humanismo separado de su Creador comprobó su fracaso, corroborando con decenas de millones de muertos que la bondad humana era una simple quimera. Un deseo del hombre emancipado de D-os, es decir, engreído.

       El teólogo inglés J.I. Packer lo dijo hace algún tiempo con la austeridad y precisión debida:

 

-“La civilización occidental que hemos conocido con su preocupación por la salud, bienestar y dignidad del individuo, la integridad en la administración pública y la familia, en que la mujer es honrada y los derechos de los hijos reconocidos es un producto cristiano. La sociedad occidental hoy está activamente secularizando todas estas cosas, esto es, separándolas de sus raíces históricas en la fe cristiana, y está relegando esta fe al olvido, considerando que ya no es una base viable para la vida de comunidad… Pero por más que por la gracia común de Dios se encuentren de modo regular rasgos morales entre el hombre caído, los valores y estándares cristianos no pueden durar en una sociedad que corporativamente ha apostatado de la fe cristiana…

     ¿Qué podemos, pues, decir de la moderna sociedad secular? ¿Deberíamos ver su emergencia como una señal de progreso? ¿No es acaso una señal de decadencia, como los primeros pasos sobre un plano inclinado resbaladizo que acaba en el abismo sin fondo? Cuando no se hace caso de los valores de Dios, y la única comunidad de ideales es la permisividad, ¿dónde se hallará el capital moral una vez que la herencia del cristianismo se halla despilfarrado?” (Dios, yo quiero ser cristiano, Editorial Clíe, España 1983, págs.. 136-138).

 

       En este cuadro de horror social en el que gobiernos, ateos y los de pensamiento positivo (aunque las cosas se encuentren exactamente en el lado contrario) aseguran ver todo “mejor que antes”, la familia sufre los peores embates de toda la historia. De hecho este tipo de gobiernos promiscuos y falaces promueven formas híbridas de “matrimonios” que no son otra cosa que la legitimación de uniones contra natura.

       La italiana Oriana Fallaci escribió al respecto poco antes de su muerte: “Ofendida y humillada digo: me indigna el silencio, la hipocresía, la bellaquería que rodea todo este asunto. Me indigna la gente que calla, que tiene miedo de hablar, de decir la verdad. Y la verdad es que las leyes del Estado no pueden ignorar las leyes de la Naturaleza… El Estado no puede entregar un niño, es decir una criatura indefensa e ignorante, a genitores con los que vivirá creyendo que se nace de dos papis o de dos mamis no de un papi y de una mami… El primero de estos derechos es saber como se nace en nuestro planeta, como funciona la Vida en nuestro planeta” (El Apocalipsis, Ed. El Ateneo, Argentina 2005, págs.. 238-239).

       La Biblia contiene algunos relatos de sociedades que hastiaron la paciencia Divina y el juicio llegó puntual ¿Crees tu hermano o amigo que la humanidad puede sumirse indefinidamente en el pantano del pecado y la incredulidad sin que D-os intervenga? Al atacar a la familia gobiernos y sectores de impíos afines han retado al D-os vivo, sin ignorar que en su desvarío han provocado el resquebrajamiento mundial de la sociedad. De no intervenir el Mesías a través de su retorno glorioso (como Israel siempre le ha esperado), de cierto que el futuro de la humanidad tendría los días contados.

       Yeshua lo advirtió «¿Cuándo venga el Hijo del hombre hallará fe sobre la tierra?». El texto describe un cuadro de incredulidad generalizada, sin embargo la Biblia nos habla también de un remanente, de judíos y cristianos que a pesar de los pesares, sostenidos por la gracia Divina, su Palabra y su Espíritu, seremos objeto del amor y cuidado del Señor. Saldremos airosos de la prueba que se avecina sobre el mundo entero por cuanto tomando el ejemplo de Patriarcas, Profetas y Apóstoles, nos tomamos del amor y las promesas divinas. Así dicen las Sagradas Escrituras y con esto nos despedimos hasta la próxima publicación, dejando una exhortación última ¡Cuidemos la familia!:

-“Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. He aquí, yo vengo pronto: retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona” (Ap 3:10-11). SHALOM.

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El rabino Manuel Hernández Gómez es consejero espiritual de la AJMM. Es Abogado (Universidad de Guadalajara), tiene además Licenciatura y Maestría en Teología por la Universidad FLET de Miami.  Página web:  www.mhernandez.com.mx

 

e-mail: mahergo50@hotmail.com