MUJERES JUDÍAS
SENSUALES O SENSIBLES A LA VOZ DE D-OS

Rebbetzin Celia C. de Hernández


En el libro del profeta Isaías hay un texto que dice: “Inclinad vuestro oído y venid a mí, y vivirá vuestra alma” (55:3) Y yo me pregunto, ¿pero cómo escuchar la voz de Dios en medio de tantos ruidos externos e internos? La mayoría no conoce la voz Divina, por tanto no la podrá escuchar, y si no se busca a Dios y no se lee la Biblia el problema se complica. La meditación personal es tan pobre o inexistente de plano, que se reduce a conocidas expresiones, todas por demás sensuales: «yo pienso, yo creo, yo siento, D-os no es así».

Me duele profundamente decirlo, pero vivimos en sociedades pobladas por muertos espirituales que no pueden escuchar la voz de Dios. El francés Chateubriand escribía pocos años después de la revolución la condición de su pueblo, que a decir verdad era idéntica al presente siglo XXI: “Generaciones castradas, agotadas, desdeñosas, sin fe, abocadas a la nada que aman, no podrían crear la inmortalidad, carecen de toda capacidad para crear un prestigio; aunque pegarais vuestros oídos a su boca no oiríais nada: no sale sonido alguno del corazón de los muertos” ¿Cómo podrán oír la voz de Dios cuando están muertos espiritualmente delante de Dios a causa de sus pecados?

Lo bueno es que siempre habrá otras personas más sensibles, guiadas por su Espíritu, que permiten ser llevadas a conclusiones sabias y acertadas.

Aquellas que a través de su Palabra, la Biblia, permiten que el Señor les hable a su corazón dando testimonio a su conciencia, fortaleciéndose en todo su ser: espíritu, alma y cuerpo ¿Sabías que el oído espiritual está en el corazón y no en la cabeza? Eso dice la Escritura: “¦Así los consoló, y les habló al corazón” (Gen 50:21), “¦He aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” (Oseas 2:14).

En un estudio científico que descubrió que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40,000 neuronas y una tupida red de neurotransmisores, se afirma que gracias a estos circuitos tan elaborados el corazón puede tomar decisiones, además de aprender, recordar y percibir (Dra. Annie Marquier, investigadora y catedrática de la Universidad de La Sorbona en Francia, y fundadora del Instituto para el Desarrollo de la Persona en Quebec, Canadá).

DEMASIADAS VOCES EN EL AIRE

https://encrypted-tbn3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTrGZKE1rUvL4RFVy6gcBsDrlN3_fsfCoqMADHM5flXCMEiw9NyLa pregunta es cómo distinguir la voz de Dios en medio del ruido ensordecedor cotidiano, cuando tantas voces se levantan y proclaman al mundo y dicen tener la verdad absoluta ¿cuál verdad? Sabemos que nuestros cinco sentidos nos fueron dados para entender y aprender a vivir en el mundo físico, pero cómo conciliar estos con los sentidos trascendentes, los que Dios nos dio para comunicarnos con Él. Es decir, con los espirituales. El Mesías nos da la respuesta.

Yeshua le dijo a rabí Nicodemo «te es necesario nacer de nuevo» (Juan 3:3). Y es que solo naciendo de nuevo podemos escuchar la voz divina. El oído espiritual es aquel por el cual podemos oír la Palabra de vida, la voz queda y apacible, el influjo suave y consolador de su Espíritu. Esa voz que nos instruye por la Escritura y nos indica a través de la conciencia del cómo llegar con bien a nuestro encuentro final con Dios (y no caer en el abismo, en la condenación de la que ya fuimos rescatados).

Se puede vivir sin oír la voz del Señor y muchos no tienen más opción que vivir así, exclusivamente en el mundo físico •con toda la desolación y desesperanza que esto implica• pues no ha habido quien les hable del amor de Dios o tampoco desean escuchar nada de Él. Ignoran que la capacidad de oír a través del Espíritu es uno de los dones más hermosos que Dios nos ha dado: “Oído que oye y el ojo que ve” •dijo el sabio Salomón•, “ambas cosas igualmente ha hecho el Señor” (Prov 20:12).

Yeshua insistía a las multitudes que le rodeaban y les decía, «el que tiene oídos para oír, oiga» (Mat 11:15, Luc 8:8). También les dijo: «Mirad, pues, como oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará» (Luc 8:18). Que lapidarias pueden ser estas palabras: “a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará”. Aplicándolas a nuestra vida queridas hermanas y amigos que leen mi comentario, no basta oír físicamente, es necesario oír las palabras desde el espíritu, escuchar la voz de Dios y obedecer sus palabras, pues no todas las barreras que nos afectan son externas. Algunas son internas y pueden ser muchas, desde la incredulidad hasta la pereza y la rebelión.

Nuestros oídos pueden perder sensibilidad a causa de nuestro egoísmo y vida sensual que nuestro prójimo deja de existir. Sordos a la voz de Dios ya no escuchamos los gemidos de los que sufren, de los necesitados, de las familias o mujeres afligidas, contaminadas o dañadas por un mundo de impiedad y egoísmo que nos rodea. A causa de la opresión de los económicamente poderosos, de los abusos de los políticos o de liderazgos religiosos que con engaños ciegan los ojos de los sabios y les impiden caminar por la senda angosta de la verdad.

Y es que algunos fuimos enseñados en una corriente religiosa donde la verdad dice estar “patentada” por una iglesia sincretista y apóstata en muchos sentidos. Pero no es algo nuevo, de hecho Yeshua se entristecía cuando las multitudes cerraban sus oídos al mensaje de vida a causa de estar acostumbrados al engaño religioso, contaminado con las palabras de los hombres. A sus discípulos les dijo en una ocasión “¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís?” (Mar 8:18).

Cuando pronunció la parábola del sembrador y las diferentes clases de terreno, les recordó una advertencia del profeta Isaías: “Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane”(Mat 13.15). No oír nada, no ver nada y no entender con el corazón y convertirse para sanidad espiritual, ¡por favor, reflexionemos sobre estas palabras, Dios quiere decir algo! El reproche divino contra nosotros salta a la vista. Mi esposo repite con mucha frecuencia que “¡Dios no nos dice dame hijo mío tu mente, sino dame tu corazón!”.

EL ENGAÑO RELIGIOSO PRODUCE SORDERA ESPIRITUAL

Sanar, ¿sanar de qué?, del pecado que nos asedia, que nos abruma. Lo peor es que la mayoría ni siquiera está consciente de su condición espiritual delante de Dios. No en balde el profeta Isaías también dice: “Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite” (Isa 1:5-6).

¿Te fijas que es en la cabeza donde se encuentran los ojos físicos y es el corazón el que está doliente? ¿Qué por qué te comparto este texto?, pues porque cuando pasamos por tiempos de dolor y grandes pérdidas, aun siendo hijos de Dios, no permitimos que nuestro Padre celestial sane y vende nuestras heridas ni las suavice con el aceite de su Espíritu. En nuestro dolor solo vemos nuestra circunstancia, nuestra pena, escuchamos nuestra propia voz pero no la de Dios. Así que no permitimos que su Espíritu obre en nosotros y traiga su anhelada paz (shalom).

NO ESCUCHAMOS EN EL DOLOR

En un libro escrito por C.S. Lewis, este famoso autor concuerda con lo que hemos estado hablando. El asegura que Dios nos habla en todo tiempo pero que no le escuchamos. Al referirse al dolor, dice que es uno de los medios que el Señor aprovecha para hablarnos: “El dolor insiste en ser atendido. Dios nos susurra en nuestros placeres, habla a nuestra conciencia, pero nos grita en el dolor: es el altavoz que utiliza para despertar a un mundo sordo” (El problema del dolor, pág. 103).

http://www.entrelectores.com/wp-content/uploads/2011/12/121014-borde-sombra.gif Perdí a mi nieto Isaí en un accidente automovilístico en marzo del presente año, y era tanto mi dolor que solo me veía a mí misma, no oía la voz del Señor ni su consolación a través de los hermanos en la fe. Más cuando despertó mi oído espiritual entonces fue distinto. Cuando en mi dolor decidí escucharle, entonces el Señor vendó y sanó mi corazón dolido.

Se habla en el mundo de un síndrome, el del «coctel party». Se afirma que aun cuando nos encontremos en una habitación en donde resuenan centenares de voces, podemos entender las palabras de varias o una persona en particular, entre ellas, con las que queremos conversar o con la única que queremos charlar. Las palabras de esta persona nos llegan claras, mientras que las múltiples voces de los otros se mezclan y se anulan en un ruido sordo. Nuestra capacidad para oír una conversación es en realidad no un asunto de proximidad o el volumen de una voz determinada, sino nuestro interés y el que dirijamos nuestra atención a la persona. En otras palabras. Podemos oír lo que queremos o a quien deseamos oír.

HAY REMEDIO PARA LA SORDERA ESPIRITUAL

Esto que fue dicho en el libro de Job hace miles de años corrobora lo que acabamos de señalar en el párrafo anterior «ciertamente el oído distingue las palabras, y el paladar gusta las viandas» (12:11). Dios nos ha concedido esa capacidad de distinguir las voces ¿qué es entonces lo que nos ha dañado el oído espiritual? El pecado.

Como hemos visto queridas hermanas, la vida de la mayoría de las personas es así, pasamos nuestra existencia oyendo gritos, susurros, campanas, discursos, risas, llantos, amenazas, verdades que no son verdad; pero sordos a la única voz que nos puede guiar con certeza y seguridad, todo por vivir bajo el dominio simple de nuestros sentidos. Pero si nos arrepentimos de nuestras faltas y dejamos que nuestro Padre celestial sane nuestra cabeza y nuestro corazón dañados por el pecado, que nos unja con el oleo de su Espíritu, nos cure, vende y suavice nuestras heridas con Su aceite, entonces, y solo entonces, podremos escuchar su voz y caminar por fe en este mundo en crisis. Un mundo lleno de pecado, pero no menos de dolor y sordez. ¿Tienes problemas para distinguir la voz de Dios y quieres escucharle? Hay remedio para tu mal, dale y abre tu corazón a Yeshua, dile aquí está mi vida, te necesito, concédele permiso de que tome todo tu ser y te diga ¡vive, vive, vive!.

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La rebbetzin Celia C. de Hernández, es consejera espiritual de la AJMM