LIBERTAD O CÁRCEL, ¿QUÉ PREFIERES?

EDITH ATICK


Hace un tiempo escuché de una historia que sucedió entre dos judíos que al ser liberados del campo de concentración de Auschwitz, después de festejar con abrazos, lágrimas, risas y hasta con baile, daban gracias al Eterno y a las tropas Norteamericanas por la bendita suerte de encontrarse vivos para festejar la tan anhelada liberación.

Después de pasados los momentos de euforia camino al hospital que atendería la salud de ellos,Moisés, por poner un nombre, le preguntó a Eli, ‘¿quéharásahora que puedas continuar con tu vida?’ y Eli contestó, ‘quiero viajar a Tierra Santa,  quizás emprender un negocio que mi padre me enseñó, ¿sabes? es comercializar las telas, voy a buscar a mi tío Samuel, vive en Nueva York, también quiero encontrar al resto de la familia allá en Jerusalén’.

Uno podía mirar el brillo en los ojos sumidos y ojerosos de Eli, también una débil sonrisa pintada sobre un rostro marchito y muy delgado, pero en medio de este cuadro, uno podía mirar paz y felicidad en él.  Cuando Eli volvióa la realidad del momento, con una gran sonrisa miró a Moisés quien también sonreía y le dirigió la misma pregunta;  ‘¿y tú que harásMoisés?, ¿qué hay de ti?’Para sorpresa de Eli, el semblante de Moisés se puso muy serio, sus ojos se acentuaron más, el brillo de ellosse convirtió como en un frío de invierno, sus cienes palpitaban aceleradamente, Moisés apretó sus puños y sus labios,después de emitir una exhalación más bien de enfado contestó;‘¿yo?Yo me voy a dedicar a buscar a cada nazique hay en este mundo,los voy a torturar y los voy a matar hasta que mis fuerzas lo permitan y después enmudeció’.

Eli se quedó muy quieto y pudo ver como Moisés entraba a una celda nuevamente y a otro campo de concentración diferente.Moisés, Moisés, qué pena me da escucharte, qué pena me da mirarte, por que aunque hoy estas en plena libertad, lo que realmente me estas manifestando es que sigues y seguirás por tu rencor y por tu pasado en una cárcel de la que si tú no quieres jamás podrás salir.

Aunque esta historia es real y se refirió en un momento a los sobrevivientes del Holocausto, no sólo se atribuye a ellos, esto sucede en cualquier sociedad, en cualquier circunstancia, sin embargo, no debe extrañarnos que así sea, lo que me ocupa, es ver que los carceleros también se mueven entre el pueblo libre del Señor, olvidando la libertad gloriosa a que nos llamó Nuestro D-s, que nos rescató de Egipto y de nuestra propia cárcel. Porqué no solo pago nuestra deuda de esclavitud y muerte, sino que además nos ayuda día a día para que en nuestro peregrinaje, caminemos a la madurez y a la estatura de varón perfecto.

Realmente es triste mirar cómo la gente por resentimientos, por juicios, enemistades, habladurías, mentiras, por envidias etc., no solo rompen las relaciones entre hermanos y les estorban en la fe, sino que además también edifican sus propias nuevas cárceles. Parece serqueaún necesitamos conocer del amor y el carácter de nuestro Señor mucho más íntimamente, valorar cada día un poco más del amor derramado en el madero, aprender a amarnos de verdad nosotros mismos, para poder así mismo amar a nuestro prójimo, para no permitirnos entrar voluntariamente a la cárcel de la que fuimos rescatados.

Ya que en lugar de edificar el cuerpo del Señor podremos ser los destructores del mismo, esto va más allá de la osadíay el orgullo, de la frialdad y de la indiferencia. ¿Acaso no hemos entendido que nos constituimos enemigos del mismo Señor?

¿Cómo no dar gracias a nuestro Señor que nos habla a tiempo y fuera de tiempo para que mantengamos nuestra mirada puesta en El congratitud, alabanza en fe, respeto y temor delante de Él?

Oremos para que nuestra vida sea de olor grato delante de El y no nos dejemos robar, o destruir por satán, si no más bien, ser defensores de la fe y esta salvación tan grande y defensores también de nosotros mismos. Solamente siendo verdaderamente libres podremos sacar a otros más de su propia cárcel y también enseñarles quienes son los carceleros en turno.

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Yeshua nos hizo libres, y no estéis  otra vez al yugo de esclavitud”(Gal 5:1)

 


 

Edith Atick, es esposa de George Atick, ambos son miembros de la AJMM y viven en la ciudad de México.
Email: georgeatic@yahoo.com.mx