CARTA A UN HERMANO

Claude A. Bellon


Amado hermano,

¡Hoy es un día extraordinario! ¿Por qué? te preguntaras, pues, porque Dios nuestro Señor nos da la oportunidad de ver un nuevo día, de conocer su misericordia y admirar su Majestad.

Si tú estás leyendo este mensaje, es porque nuestro Señor así lo quiso y está hablando a nuestros corazones. Tu y yo, formamos parte de este gran milagro, somos producto de Su amor al darnos vida, para que con su dirección podamos llegar a Él y glorificar su Santo Nombre.

En nuestro nacimiento físico, que es el mismo que compartimos tu y yo, es el proceso natural que Dios estableció para que podamos iniciar este camino, pero luego viene el camino en el que Él nos ha llamado para ser uno en El, y ese sólo lo caminamos al recibir a nuestro Señor Jesucristo como el único camino para llegar al Padre.

Este año, 2020, será el año en el que yo cumpla 63 años de caminar por esta vida y te cuento que ha sido un LARGO camino, lleno de todo tipo de eventos, sabores y sinsabores, alegrías y tristezas, en fin, repleto de hechos que hacen que hoy sea quien soy.  Pero hubo un acontecimiento que transformó mi vida, uno que justifica la razón de mí existir, que le da el sentido y propósito que tanto busqué a lo largo de mi vida. Ese momento fue cuando rendí mi vida a Jesús como mi salvador, mi guía, mi redentor y Señor. Llevo apenas cinco años en este nuevo andar, aprendiendo a caminar como un crio que empieza con sus primeros pasos. Puedo decirte que este nuevo andar, no solo te muestra las grandes verdades de la vida, pero te da las herramientas para salir bien librado de tantos obstáculos que encontramos al andar.

     Algo muy importante que aprendí, es que, en la vida de sociedad, la vida común que tenemos en este mundo, se pide que aprendamos un oficio, que vayamos a la escuela para tener conocimiento de cómo conducirnos por esta vida y sacar el mejor partido de nuestras capacidades y virtudes ante los demás y con los demás. Por lo tanto, entramos a la escuela y procuramos aprender lo más que podemos para salir adelante, unos más que otros (yo fui de los otros). Pero luego, dejamos que nuestra inteligencia, se haga cargo de tomar las decisiones por nosotros. Desafortunadamente, siempre es ella, nuestra inteligencia, la que pone obstáculos para nuestro desarrollo mental y espiritual. Concluimos que somos suficientes para llegar a nuestros destinos y que podemos sobrellevar cualquier situación que se presente. Un ejemplo: para nosotros que “sabemos” conducir un auto, generalmente llegamos al destino final sin contratiempos, pero dejamos mucho al azar. No conocemos bien a bien el reglamento de tránsito y somos en muchas ocasiones, violadores del reglamento por no conocerlo. Pero bueno, lo peor que puede pasar es que nos multen y ya, y eso en el mejor de los casos.

     Desafortunadamente, no es así con nuestra vida espiritual. Cada vez que violamos uno de los mandamientos que estableció nuestro Señor, es un paso que nos aleja de su gracia. Digo esto porque, aun conociendo lo que tenemos que hacer, no lo hacemos o lo hacemos mal. ¿Que tal con lo que no sabemos…? Si alguien le ha faltado al Señor, he sido yo, una y otra vez, pues dejaba que mi razón justificara mis hechos, además, no era yo el único (justificándome), todos lo hacen, y si eso no fuera poco, si todos se equivocan o todos pecan, ¿porque yo no?

     Y algo que aprendí y que me ha ayudado a entender mejor esto, es que las reglas del conocimiento no fueron escritas solo para un sector de la sociedad, sino para todos, para todo el que conduce un auto, camión, etc., es responsabilidad de cada uno de conocer esto. Lo mismo aplica para nuestra vida espiritual, las reglas no solo son para los sacerdotes, pastores o rabinos, son para cada uno de nosotros que vamos por este camino de la Fe. No podemos hacernos llamar algo y no conocer el porqué es ese llamado, y de quién.

     En fin, te invito a que conozcas al Señor y que es lo que Él quiere de ti, y eso lo vas a encontrar en las escrituras, “La Biblia”. No permitas que tu “razón” o alguien más, te aleje de la verdad y del camino que nuestro Señor ha trazado para que tu camines en él; está hecho a tu medida, ¡solo faltas tú!

22 de agosto de 2020

Claude A Bellon


 

Claude A Bellon

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