MEDITANDO EN LA SINAGOGA
LOS OTROS EFECTOS DE LA PANDEMIA

Rabino Manuel Hernández G.


Cuando Yeshua profetizó acerca de las señales previas a su glorioso retorno; retorno que sucederá de acuerdo con los planes divinos para reinar en Jerusalén como está escrito, como Rey de reyes y Señor de señores; predijo entre otras cosas que habría «plagas o pestes». La pandemia o plaga de coronavirus que azota al mundo entero es parte de esas señales. Una calamidad que tiene aterrorizada a gran parte de la humanidad.

    Al momento de escribir este artículo, los contagios de los que se tiene registro ya sumaban en el mundo36 millones y los muertos superaban al millón. Entendidos que en muchos países el número de muertos es al doble o al triple de los contabilizados por los gobiernos, que, ante su ineficacia e indolencia,han ocultado y manipulado las cifras tanto de contagios como de decesos para evitar los reclamos sociales.

Se esperaba sin embargo que esta calamidad moviera a los hombres a la búsqueda de D-os, a entender su sentido existencial.No ha sido así. En siglos pasados cuando las plagas o pestes azotaban al mundo, la mayoría de las personas buscaba de D-os, se acercaban a sus creencias para renovar o iniciar la fe heredada de sus padres. Hoy las respuestas son otras.

En el siglo de la posmodernidad, del ‘posteismo’ como lo califica el sociólogo Giles Lipovetsky, la impiedad y rebelión espiritual de las masas ha sido la constante. Un deterioro gradual y veloz ha alejado a las personas de la fe, distanciándosede su Creador. De hecho y de manera paradójica, en la era en la que se tiene el mayor acceso a la información,la fe judeocristiana es en realidad desconocida por la mayoría; puede asegurarse que las nuevas generaciones son de las peor informadas de todos los tiempos. La ignorancia de las Sagradas Escrituras, de las doctrinas fundamentales, así como del mensaje central es casi absoluto. Genios de la cibernética y las cuestiones tecnológicas, de D-os no saben prácticamente nada. Y no se puede creer en un D-os que no se conoce, que les resulta ajeno.

Durante la epidemia hemos visto en la televisión entrevistas en hospitales, tanto a enfermos de coronavirus como a sus parientes, y la inmensa mayoría ni siquiera menciona a D-os. Muchos de ellos aprovechan las cámaras para criticar las deficiencias y desatención del gobierno en los hospitales —lo cual es cierto, al menos en México—, así como para agredir a los médicos y personal de salud. Pero de D-os no dicen nada, guardan absoluto silencio.

   Muerte, luto, pérdidas y desacomodos en la vida, ha sido la suerte de millones de personas en el mundo. La cuestión que hay otras pérdidas que no se han cuantificado ni considerado y amenazan que serán graves y prolongadas.

En primer orden la pobreza—que ya inició su flagelo, incluso en países como Estados Unidos—;es un hecho que se convertirá en un azote para muchos países y pueblos.México y otros de América Latina en primer orden. Ciertamente D-os no tiene nada que ver en esta calamidad. Cuando el Señor enjuicia hace saber su decisión al respecto. En el caso de las epidemias de los últimos tiempos (SIDA, CORONAVIRUS, por citar algunas), en la primera ha sido el propio ser humano quien ha provocado su aparición, y en la segunda, la Biblia se limita a narrar su aparición como una de las muchas señales previas al retorno de YESHUA. Un retorno que los integrantes de la “aldea global’ no cree, pero que acontecerá puntualmente.

   Y es que, así como algunos tontos y soberbios niegan la existencia del coronavirus asegurando ‘no creer en eso’ (como si se necesitara de creer en la existencia del cáncer, la diabetes, etc.), pasan por alto que el virus no requiere de su aprobación. De igual manera YESHUA retornará glorioso para someter la maldad y el descreimiento y reinar en Jerusalén por siempre como está escrito.

   Debido a la propia pandemia, al cierre de las empresas y fuentes de trabajo en general;el colapso económico que se ha iniciado advierte ser grave y de prolongadas consecuencias. Un abultado número de grandes compañías en Estados Unidos se ha acogido a la ley de quiebras, sin embargo, el número de las medianas y pequeñas empresas es mucho mayor, que si por el momento no han cerrado sus puertas es debido a las ayudas del gobierno para cubrir las nóminas. En una palabra, el problema solo se ha mandado para más adelante. Y si esta es la situación del gigante económico ¿cuál será la suerte de América Latina y muchos países de Europa del este, Asia y Africa?

   En días recientes leí un dossier en el diarioThe Washington Post, en el que se narra el azote de la pobreza en una ciudad otrora símbolo del auge económico, turismo y diversión (como es el caso de Orlando, Florida). Habiendo caído en un estancamiento previo en el que la pérdida de empleos y bajos salarios era cosa de todos los días, la pandemia agudizó la crisis a tal grado que muchas personas perdieron sus casas y departamentos, teniendo que refugiarse en moteles otrora ocupados por turistas, aunque desatendidos ya en muchos sentidos y cortados los servicios elementales.

Las imágenes presentadas por el mencionado diario verdaderamente son deprimentes, propias de un país africano en desgracia y no del país más rico del planeta.  Cortada la luz eléctrica por falta de pagos, fétidos olores a causa de la basura acumulada (hasta de metro y medio de altura) y de las elevadas temperaturas de la península; algunos de estos moteles, abandonados incluso por los propios dueños a causa de que los huéspedes no pagan el alquiler, son imágenes mismas del horror. Propias de escena apocalíptica (Leer reportaje: https://www.washingtonpost.com/graphics/2020/national/kissimmee-star-motel/.)

La pregunta es, y si ésta pobreza ya azota incluso a los países ricos ¿qué tanto va afectar al resto de los pueblos?¿Están los pueblos y sus gobiernos alertados y conscientes? Por lo que se aprecia, se lee en los medios y observa en los noticieros televisivos, no todos están alertados, mucho menos conscientes de lo que sucede. La soberbia, el embriago del poder de los gobernantes, la ignorancia, la falta de sabiduría y previsión, serán causa de que la pobreza azote con mayor fuerza a muchos pueblos, incluso hasta ahora considerados ricos.

Por desgracia y como consecuencia de lo anterior, la violencia aumentará de forma gradual y rápida. Si no reina D-os en los corazones ¿qué detendrá a los violentos con hambre y frustraciones?

   ¿La policía? No es de considerar que esto suceda. Los videos en los que se ha visto a policías de Estados Unidos asesinar por nada a personas (sobre todo negros o latinos), incluso en días recientes a un niño de 13 años (con síndrome de asperger): la madre había pedido ayuda durante una crisis para llevarle al hospital, y el policía que acudió le metió seis balazos. Prejuicios, incapacidad y formación deficientes, pero sobre todo, la ausencia de D-os en la sociedad como lo vaticina la Escritura, nos advierten día malos. Muy malos.

   En la medida que los empleos se pierdan, las fuentes de trabajo cierren o reduzcan personal, la producción de alimentos y mercancías bajen sustancialmente, los viajes aéreos y el turismo se limiten a casi nada, el cine y el negocio del entretenimiento entren en crisis, por señalar algunas cosas, todo esto provocará en millones de seres humanos conductas negativas y agresivas, incluso delincuenciales; aunque en otros depresión y desánimo, temor al futuro. ¿Y cómo no tener miedo al futuro si D-os ha estado fuera de sus vidas y planes?

 

Creyentes regalando comida a los moradores en los moteles

 

Estos son por supuesto algunos de los otros efectos de la pandemia, hay sin embargo buenas nuevas, D-os no cambia, él es el mismo ayer, hoy, y por siempre, no hay manera de que sus hijos quedemos en desamparo. En los Tehiliím lo dice de una forma hermosa que nos hace sentir seguros de su amor y protección: “aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Yahweh me recogerá” (Sal 27:10). Si entre los lectores hay alguno que no le ha entregado su vida al Mesías, que ha vivido alejado de D-os y su Palabra le es desconocida, haz un alto, tu Padre y Creador está llamando a tu corazón para salvarte, para cobijarte con su amor. Así que, aunque el coronavirus y tantos males azoten al mundo, refúgiate en los brazos seguros de D-os, en su Hijo amado el Mesías Yeshua, y pídele que su Ruach Ha Kodesh (E.S.) oriente y guíe tu vida y te provea el sustento, cerrando mi artículo con la promesa del Señor: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat 28:20). Todos, incluso en los de pandemia y demás calamidades y azotes.

 

¡Que el D-os de Abraham, Isaac y Jacob, te bendiga! SHALOM.

 

 


 

El rabino Manuel Hernández G. es consejero espiritual de la AJMM

Email:  mahergo1950@gmail.com