EL GORA TEOLGICA
Cremacin: Es lcita para judos y cristianos?

M.T.Rabino Manuel Hernndez G.


Parece mentira que apenas hace seis décadas, al enterarse el mundo de manera oficial de la existencia de campos de concentración construidos y utilizados por los nazis, así como de los hornos crematorios (hasta entonces sólo había rumores); todos, sin excepción, se horrorizaron. Nadie podía dar crédito que para aquellos criminales no les resultara suficiente su odio antisemita (que se tradujo en el robo y despojo de todo lo material a sus víctimas, de apresarlos y explotarlos laboralmente), sino que queriéndoles exterminar y no dejar rastro alguno de ellos, todavía implementaron los llamados hornos crematorios que tanto impresionaron a occidente.

Hablar de cremación hace menos de medio siglo, era evocar a las bestias sanguinarias del nacionalsocialismo alemán (y socios del eje en Europa –no olvidemos que la mayoría de las víctimas judías no solo fueron llevadas de Alemania,  sino también de Polonia, Francia, Holanda, Italia, Austria, Hungría, Checoslovaquia, etc.). Cremación era sinónimo de impiedad, de maldad absoluta ¿Qué ha pasado de entonces a la fecha?.

La historia nos relata que la cremación es una práctica pagana, propia de los hombres que nunca oyeron hablar de D-os, de aquellos que no esperan la resurrección (doctrina fundamental para judíos y cristianos). En La Ilíada, Homero describe en la rapsodia séptima la tregua que los ejércitos hacen después de la batalla para quemar a los caídos en combate: “¡Atrida y demás príncipes de los aqueos todos! Ya que han muertos tantos aquivos… cuyas almas descendieron al Hades, conviene que suspendas los combates, y mañana, reunidos todos al comenzar el día, traeremos los cadáveres… y los quemaremos cerca de los bajeles para llevar sus cenizas a los hijos de los difuntos cuando regresemos a la patria”. Hablamos sin embargo de la cultura griega anterior al nacimiento del Mesías, de escrita hace veintinueve siglos, cuando el mundo a excepción del pueblo hebreo no conocía a D-os y vivía en tinieblas espirituales.

Sin embargo, luego que el Mesías Yeshua aparece en Israel, predica su mensaje de salvación y redime a la Humanidad caída mediante su propia sangre (como cordero inocente –a semejanza al primer Seder durante la salida de Egipto, en el que la sangre de un cordero sin mancha libró a las familias hebreas de la muerte): una vez que Yeshua resucita, da una nueva orden a los apóstoles: “Id, y haced discípulos a todas las naciones…  enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mat 28:20).

De manera abreviada hemos de señalar que las tres doctrinas bíblicas fundamentales para judíos y cristianos son: «caída, redención y resurrección». Cabe preguntarnos entonces: Además de desobedecer las advertencias divinas, ¿cómo obtener la resurrección en la que han esperado todos los justos de la historia, cuando en un acto último de soberbia la persona decide qué hacer con un cuerpo que no le pertenece? Judíos y cristianos aceptamos a D-os como Señor y creador y redentor, y si es creador, somos por tanto objeto de su creación ¿podemos entonces disponer de un cuerpo que no creamos, no nos convierte en usurpadores?. Alguien dirá que a muchos los queman sin su consentimiento, qué de ellos. Una de las características del pecado es la voluntad o consentimiento del pecador, y sin consentimiento no hay falta, así que D-os se encargará de levantar durante la resurrección de los justos a aquellos que en los campos de exterminio creyeron y confiaron en Él. Mas a todos los que participaron en una u otra forma en la incineración, se enfrentarán al rigor de un D-os justo en el cual no tiene cabida  el cohecho, la impunidad o el amiguismo político.

En su conocida obra “El Libro del por qué en el duelo judío”, el rabino conservador y doctor en teología Alfred J. Kolach (Jewish Teological Seminary of America), entre sus preguntas formula la siguiente: P. Por qué se considera que la cremación es una violación de la ley judía?, para luego responder él mismo: «Las autoridades rabínicas la consideraron una violación de la ley bíblica… Además, algunas autoridades modernas consideran la cremación una practica pagana que data de la pira funeraria. La imitación de prácticas no judías está prohibida en la tradición judía» (L.B. Publishing Co. Ltda., Colombia 1996, pág. 106).

Por su parte el rabino ortodoxo, Moishé Kaiman de la comunidad judía de Monterrey (México), escribió en uno de sus interesantes libros su opinión al respecto: «La primera persona que Dios creó fue Adam; la palabra Adam viene de Adama que significa tierra. Y como dice la Biblia en Génesis 3:19: ‘De la tierra fuiste tomado, porque polvo eres al polvo volverás’. Entonces, eso quiere decir que nosotros no tenemos derecho a incinerar a los muertos ya que por nuestra ley, si una persona pierde un miembro, nosotros tenemos que enterrarlo en el panteón. También, cuando una persona muere… si deja testamento de que lo incineren, eso no se puede hacer, ya que no está permitido enterrar cenizas, y si sus familiares lo hacen, no está permitido enterrarlo en nuestro panteón… Así que, por todo lo anterior, nuestra tradición prohíbe incinerar a nuestros muertos» (Consejos Bíblicos para la Familia Mexicana, Ediciones Castillo, México 1993, pág. 150).

Para ampliar y valorar esta opinión, debo decir que el rabino Kaiman es sobreviviente de Auschwitz, en su brazo se encuentra el número con el que marcaban aquellas bestias criminales a sus víctimas. En otras palabras: él sabe, por ser testigo de lugar y época, lo que son los hornos crematorios y todo lo que representan en su sentido físico y espiritual.

Pero muy por encima de las opiniones personales y la tradición, las Sagradas Escrituras nos señalan lo que se tiene qué hacer, como también son una advertencia firme y clara para evitar caer en semejante práctica ilícita: 1) Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo. Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela (Gen 25:8-9), -no lo incineraron como lo hacían la mayoría de los paganos con los suyos; como también enterraron a Isaac, Jacob, David, etc.. 2) Así ha dicho Yahwéh: Por tres pecados de Moab, y por el cuarto no revocaré su castigo: porque quemó los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos (Amos 2:1),-------- 3) Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es (1ª Cor 3:17). La Biblia habla de dos resurrecciones: la de los justos de todos los tiempos, y de una segunda, en la que se levantará del polvo a los no creyentes para enfrentarse al llamado juicio final. El Mesías es la primicia de la resurrección de los justos, así como él resucitó con un cuerpo glorioso, así resucitaremos los que hemos creído en el D-os de Israel y en su Ungido (Mashiach). Cuando el Mesías resucitó dejó ver en su cuerpo las señales evidentes de que era Él, por eso es que confrontó al escéptico Tomás a quien llamó para ser testigo milenario de las huellas de la crucifixión:

-“Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino cree. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!. Yeshua le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; dichosos los que sin verme han creído” (Yohanán-Juan 20:27-29).

      ¿Obedecerá el pueblo a D-os respetando y enterrando el cuerpo de la persona, o dominado por la impiedad que nos rodea caerá en el paganismo rebelde que promueve la cremación? No perdamos de vista que judíos y cristianos hemos esperado desde el principio de los tiempos la resurrección de los justos. Qué hermoso que podamos honrar a D-os y hagamos nuestras sus promesas, las cuales anunció –en el caso de la resurrección- por boca del profeta Isaías y con esto concluimos el comentario: “Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará a sus muertos. Anda pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Porque he aquí que Yahwéh sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos” (cap 26:19-21).                                                                                                                                                           

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