Manuel Levinsky
Hombre Ūntegro, amigo fiel

M.T. Rabino Manuel HernŠndez G.


 “Felices los que mueren en el Señor.
Desde ahora, dice el Espíritu, que reposen de
sus fatigas; pues sus obras les acompañan”
Ap. 13:13

      Conocí a mi tocayo a través de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística de la cual somos miembros. El tuvo la gentileza de obsequiarme su libro “100 Personajes”; una interesantísima compilación de biografías de judíos notables y a la vez le compartí un ejemplar de mi libro “Entre la Cruz y la Hoguera, sefarditas, conversos y anusim”. Así, de manera sencilla, iniciamos una sólida y respetuosa amistad hasta su muerte, mejor dicho, hasta su separación física temporal pues para judíos y cristianos la resurrección es la culminación de nuestras creencias, pues como dice la Escritura “…Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven” (Luc 20:37-38). 

       Por varios años mantuvimos una comunicación continua a través del teléfono pues el radicaba en la ciudad de México y yo en Guadalajara. Sobra decir que durante nuestras largas charlas la literatura, así como los temas judaicos y de historia siempre salían a relucir. Como los dos nos llamamos Manuel, coloquialmente nos decíamos “tocayo”, lo cual habla bien de mi amigo, de su sencillez y don de gentes. Era grande, pero caminaba como un hombre sencillo, de palabra cálida y gestos caballerosos. Nunca hacía sentir mal a nadie. En cuanto a su fe en D-os no era de las que se exhiben, sino de las que se viven.

      En los años que lo traté, siempre me impresionó su fortaleza. Varias veces al mes tenía que sujetarse a complicados tratamientos a causa de un padecimiento renal (hemodiálisis) y no obstante su edad (falleció a los 85 años), siempre se le encontraba y escuchaba de buen talante. En todo momento su confianza en D-os era manifiesta.

    En el mes de agosto del año pasado, mi amigo escritor y periodista me llamó de nuevo. Manuel Levinsky, a pesar de los años, la enfermedad y sus problemas cotidianos (todos los tenemos), había concluido un laborioso libro de historia titulado <<Los Criptojudíos en Hispanoamérica>>. Una obra cuyo tema nos apasionaba a ambos y que se puede considerar como parte de su valioso legado. Por eso me llamó, me hablaba para invitarme con mi esposa a la presentación de su libro, le escuché alegre, entusiasmado, tanto que no dudé un instante de decirle que sí.

     El domingo 17 de agosto de 2008, llegué acompañado de mi esposa Celia y nuestra querida amiga Myriam Levy hasta el Salón Mural del Centro Deportivo Israelita. Me impresionaron las instalaciones del club, pero más me impresionó el amor y la calidez de Manuel Levinsky, no solo para nosotros, sino para todas las personas que asistieron ese día al Auditorio. A todas nos trató como es propio de un hombre que traslada su fe en D-os a su trato con las personas, es decir, con su prójimo.

    Sus presentadores fueron inmejorables: la Dra. Silvia Cherem y la Lic. Esther Shabot, y como Maestro de ceremonias su amigo Don Manuel Taifeld. Además de la familia de mi tocayo, que ese día conocí (pasamos un inolvidable día con él y su esposa Guitl), estuvo también el Señor Embajador de Israel en México, Joseph Livne, el presidente de la Comunidad Judía de Puebla, el Ing. Ignacio Castelán, así como otras personalidades.

       Ese día Manuel nos invitó a comer en el CDI, pasamos un excelente tiempo charlando y por la tarde nos invitó a ver un video en el auditorio de la comunidad Beth-El. Siempre guardaré en mi corazón su calidez, su interés genuino por hacernos sentir cómodos, bienvenidos. Si alguien me preguntara como es el amor fraternal le diría que así, como nos trató mi tocayo Manuel Levinsky la última vez que nos vimos.

     Un par de semanas después supe que había sufrido un accidente automovilístico. Traté de hablar con algún familiar en el hospital pero su esposa también se había accidentado con él, por lo que con mi esposa y Myriam, unimos nuestras plegarias al Señor pidiendo por esta querida familia. Hay ocasiones que el desenlace de las cosas no lo entendemos, es superior a nuestra mente finita. Supe que mi buen amigo Manuel Levinsky había fallecido, lo que también sé es que nuestro D-os es infinito en amor, gracia y sabiduría, que sus brazos paternales le recibieron en casa, de manera que aunque por ahora se ha interrumpido la charla con mi amigo: un día y como lo hiciera un notable criptojudío español al ser restituido al rectorado y la cátedra en la Universidad de Salamanca luego de largos cinco años de prisión (Fray Luis de León) diremos <<…Y como decíamos ayer>>.

M.T. Manuel Hernández G.
e-mail: mahergo50@hotmail.com