Entrevista con
Andrea Platner

Myriam Levy


Andrea Platner Olchanski, nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, aunque radica desde 1976 en la ciudad de Los Angeles, California, donde trabaja como traductora profesional.

      Desde el año 2002, Andrea ha asistido a la convención anual de la AJMM en Puerto Vallarta, sirviendo al Señor entre nosotros a través de la traducción con todos los conferencistas de habla inglesa. Es un trabajo difícil y agotador pero siempre lo hace con alegría y disposición lo cual todos le agradecemos. En otras tareas en las que Andrea ha servido al Señor, realizó la traducción del libro <<Y la Higuera Floreció>>, del rabino Paul Liberman. En el verano del año 2007 fuimos juntas a visitar a los líderes de la Alianza de Judíos Mesiánicos de Argentina, aprovechando nuestro viaje para visitar también a muchas familias judías amigas de Andrea con las que pudimos compartir tanto el libro del rabino Liberman, como nuestro periódico Chalutzim.

      Ya estando en Argentina, aprovechamos el tiempo y viajamos también Uruguay, donde convivimos alegremente y nos edificamos mutuamente con nuestros queridos hermanos de la Alianza de Judíos Mesiánicos de Uruguay, por lo que aprovecho este espacio para mandar un saludo a la querida familia Ortas y a todos los hermanos de las Alianzas de Sudamérica (Argentina, Uruguay, Colombia y Brasil), así como a los judíos mesiánicos de Perú con los que tenemos contacto, en especial a Sarah Gotthelf.

      Retomando nuestro tema, debo señalar que el trabajo ministerial de Andrea pronto se ha extendido, por lo que valoramos mucho su traducción en las juntas de la International Messianic Jewish Alliance (en las que nos traduce lo que oímos y es nuestra voz cuando participamos) ¡Gracias, querida hermana y amiga!. Bien, pasemos a la entrevista.

P.- Andrea, háblanos un poco acerca de tus antecedentes familiares y de cómo fuiste formada en el aspecto religioso.
R.- Mis abuelos paternos llegaron de Polonia a la Argentina y mis abuelos maternos de Rusia. Me crié en Buenos Aires donde asistí a una escuela hebrea en la que aprendí el hebreo desde temprana edad. En pocas palabras: crecí en un entorno judío donde celebrábamos todas las fiestas al lado de mi abuela materna.

P.- La mayoría de las personas que espiritualmente andan inquietas por encontrar la verdad, por lo general recorren un camino largo antes de concluir esa búsqueda, ¿cuál fue tu experiencia, cómo fue para ti ese trayecto?.
R.- Yo recuerdo que desde muy chica me sentía inquieta y me preguntaba siempre ¿quiénes somos?, ¿cuál será el propósito de la vida?. Siempre fui muy analítica y tenía muchas inquietudes con respecto a D-os. Durante mi adolescencia conocí a una señora que impactó mucho mi vida por su forma de ser, por su bondad y compasión por los demás. Ella me compartió una faceta de Yeshua que yo nunca había escuchado, y por primera vez yo pude ver a Yeshua como un rabino judío, de padres judíos y discípulos practicantes también del judaísmo.
      A partir de ahí el nombre de Yeshua me inquietó mucho y yo me preguntaba ¿porqué siendo el, el judío más trascendental de la historia, yo como judía sabía tan poco acerca de él?.
      Sin embargo y a pesar de que la semilla fue sembrada en mi corazón, me aparté de El, y desde mi adolescencia hasta mis veintipico de años busqué en diferentes disciplinas: budismo, zen, nueva era, entre otras, pero nada de eso lograba llenar el vacío existencial que había en mi corazón.

P.- ¿Cómo es que por fin reconoces a Yeshua como tu Mesías y el Salvador de tu vida?.
R.- Ocurrió como una de las cosas que más temía: mi madre enfermó de cáncer. En esos momentos me sentía tan desesperada que oré desde lo más profundo de mi ser y recordé el nombre de Yeshua y clamé a él. Desde ese instante sentí una paz inexplicable como nunca la había experimentado, y a partir de ese momento nació en mi el deseo sincero de conocer en plenitud la vida y obra de Yeshua.
      El Ruach ha Kodesh fue guiándome y me llevó a una congregación judeomesiánica en Los Angeles llamada “Adat Yeshua Ha Adon”. Cuando reconocí a Yeshua como mi Salvador y como el Mesías esperado por mi pueblo Israel, terminó mi búsqueda. A partir de entonces empezó un crecimiento espiritual que ha perdurado por más de ocho años.

P.- ¿Qué has aprendido en todo este tiempo?
R.- Entre otras cosas que el crecimiento espiritual es un proceso continuo. Que toda cosa que nos pasa, D-os la permite con un propósito y yo tengo que confiar plenamente en El. También he aprendido que yo no soy dueña de mi vida y que no hay cosa más hermosa y que me dé más paz, que saber que soy amada incondicionalmente por un D-os que en la persona del Mesías vino a morir por mí, para que a través de su sacrificio expiatorio yo tenga vida eterna. Aprendí en las Escrituras que no se trata de cuán buenos somos ó cuántas obras buenas hemos hecho, sino en quién hemos creído.

P.- ¿Cuáles son tus anhelos y planes?
R.- Mi anhelo más grande es que toda mi familia y mis amigos reconozcan a Yeshua como el Mesías enviado por D-os (lo cual está sostenido en la Biblia). En cuanto a mis planes, D-os es el que dicta mi agenda acomodando mis tiempos, horarios y proyectos, además de que en esos planes está el deseo de compartir mi fe y testimonio con aquellos que me quieran escuchar, así como seguir aprendiendo del Maestro de maestros.

P.- ¿Qué les dirías a aquellos paisanos que están en la búsqueda de la verdad?.
R.- Primero que todo les diría, que si sinceramente están en la búsqueda de la verdad que estudien por sí mismos el Tanaj y el Nuevo Testamento; allí encontrarán las más de 300 profecías mesiánicas cumplidas en Yeshua, y que si realmente quieren saber la verdad, LA VERDAD se revelará a ellos (Yohanán-Juan 14:6).